La extraña semana del borracho

Queridos lectores, antes de comenzar con mi historia me presentaré. Me llamo Rud y soy alcohólico. Como a cualquier otra persona, ser alcohólico me supone bastantes problemas. No obstante, es probable que a mí me haya supuesto un problema adicional especialmente inusual. Me gustaría contarles mi historia tal y como la recuerdo a día de hoy, detalle por detalle, y pedirles que juzguen ustedes mismos. Por favor, imaginen esta narración como una película en la que el narrador irrumpe de vez en cuando en la escena en forma de voz en off con esta bonita letra cursiva, mientras que lo que usted estaría contemplando en la pantalla en cada escena se muestra en letra no cursiva. ¡Disfruten de la historia!

 

1er día

Aquel día me desperté sobresaltado en una habitación de una cochambrosa pensión del pequeño pueblo de San Elías. Todavía aturdido, salí a la calle a buscar faena. 

Me dedico a todo tipo de reparaciones domésticas. Mi rutina habitual consiste en llegar a un pueblo, ofrecer mis servicios durante unos días a los lugareños mientras haya faena, y después irme a otro pueblo. Así me gano la vida. Por lo demás, bebo, no soporto que me quiten la bebida y no soporto que no soporten que beba.

Entré en la panadería y pregunté al dueño si tenía algún trabajo para mí. Hacía algunos días que había pedido a aquel tipo que anunciase mis servicios a los lugareños.

– No necesito ayuda aquí, chaval – me respondió secamente.

– Y… ¿otros paisanos? ¿Tienen algo para mí? – pregunté.

– No lo sé, chico, pregunta tú mismo – respondió.

Resultaba obvio que no había anunciado mis servicios a nadie. Bueno, a veces tengo que lidiar con gente así. Salí a la calle y me dirigí puerta por puerta a presentarme como un manitas con experiencia. Me encargaron una reparación de un retrete, una gotera en un tejado, y un problema en una instalación eléctrica. Es curioso, pues recuerdo que hacía unos días pregunté en esas mismas casas y no tenían nada para mí. Normalmente no conseguía tanto trabajo cuando ya llevaba varios días en el mismo pueblo, pues si tenían algo para mí entonces me lo habrían dicho antes. Bueno, quizás esta vez les llevó tiempo a los lugareños confiar en un desconocido.

Me fui al bar para celebrar mi buen día laboral. Siempre me pregunto cómo me recibirán en un bar del que han tenido que echarme completamente borracho durante varios días seguidos. El camarero me recibió cordialmente. Sin duda era un profesional, es decir, mientras pagase no habría problema. Pedí un whisky de mi marca favorita, ‘The olde Clock Tower’, y luego unos cuantos más.

– ¿Sabe? – dije al camarero, tratando de ocultar sin éxito la embriaguez de mi tono de voz -. Esta mañana me desperté recordando haber tenido un sueño muy raro. Aparecía una chica, y había personas que gritaban a botellas, muebles que se peleaban con tiovivos, cosas así. También me perseguía un rastro de sangre. Creo que mi mente jugaba perversamente con algunos dolorosos recuerdos que están muy presentes en mi cabeza. En realidad, siempre que bebo la noche anterior, mis sueños son raros, más raros de lo normal.

El camarero siguió limpiando vasos. Entonces unos agentes de policía entraron en el bar y comenzaron a hacer preguntas a los presentes. Finalmente se dirigieron a mí. Me mostraron una foto de un tipo rubio, gordo y con perilla. Me preguntaron si le había visto en los últimos días y negué con la cabeza. Aquello me inquietó. Probablemente aquel tipo sería peligroso.

Un rato después acabé entablando amistad con unos camioneros que también estaban bebiendo. Bueno, después ya no recuerdo nada más.

 

2º día

Desperté en una habitación de pensión. Un momento, ¡aquella no era la pensión de San Elías! ¿Dónde estaba? Salí a la calle y vi un letrero que decía “Mercado central de Piedra Alta”. Así que estaba en Piedra Alta, a unos kilómetros de San Elías. Vaya, parece que, después de todo, debí irme con aquellos camioneros la noche anterior.

Me senté en un banco del parque. Enfrente, en otro banco, estaba sentada una chica. Era ella. ¡Sí, era ella! Aquella era la chica que había aparecido en mi extraño sueño del día anterior, creo que podría asegurarlo… No obstante, era la primera vez que la veía realmente. Tendría más o menos mi edad. Reconozco que me pareció atractiva.

Ella empezó a mirarme de reojo sin ocultar cierto disgusto. No lo entiendo, no estaba bebiendo en ese mismo momento. Quizás, de alguna manera, aquella desconocida notaba que acostumbro beber, que bebo mucho, muchísimo. Pienso que hay gente que lo nota por mi aspecto, por lo que sea, y no lo soporta. O quizás el día anterior soñé con ella porque, en realidad, ya la había visto antes pero no era capaz de recordarlo conscientemente, mientras que ella sí me recordaba a mí, probablemente bebiendo desaforadamente en algún pueblo cercano mientras vomitaba e insultaba a los transeúntes. Así, tal y como ella me miraba en ese momento, era como me miraban los que me habían visto hacer algo así.

Me sentí ofendido por aquellas elocuentes muestras de incomodidad.

Ella se levantó del banco con una mueca de desprecio. Eso me cabreó bastante, empezaba mal el día.

Bueno, tenía que olvidar aquel incidente, tenía trabajo que hacer.

Me levanté de mi banco y salí del parque. Comencé a recorrer una casa tras otra para ofrecerme a los lugareños. En ninguna casa quisieron abrirme la puerta. Una y otra vez, oía a la gente cuchicheando al otro lado de la puerta. Yo gritaba desde fuera que era un manitas con experiencia, pero no recibía respuesta. Ocurrió lo mismo una y otra vez. No recuerdo ningún pueblo en el que la gente fuera tan desconfiada. Decepcionado, tomé la decisión de regresar a San Elías. Al fin y al cabo, el día anterior en San Elías había sido bueno para el trabajo. Me dirigí a la estación de autobuses y cogí el autobús a San Elías.

Nada más bajar del autobús, vi que unos agentes de policía mostraban una foto a las personas que pasaban por la calle. Así que seguían buscando a aquel tipo. Si ponían tanto empeño en encontrarle, definitivamente no sería bueno encontrarme con él. Me dirigí a la pensión.

No tenía las llaves de la pensión entre mis pertenencias, así que deduje que la noche anterior, en plena borrachera, aquellos camioneros me acercaron a la pensión para que pudiera decir que me iba. Pedí alojamiento y me dieron gustosos una cochambrosa habitación. Vaya, era la misma que antes, qué detalle. Bueno, parece que la noche anterior no solo avisé de que me iba y entregué las llaves, sino que además pagué. Si no, ahora estaría de patitas en la calle.

El día había sido raro, así que decidí dirigirme a la licorería más cercana. Compré una botella de whisky y comencé a bebérmela en una plaza cercana, que resultó ser el lugar donde la juventud de San Elías iba de botellón. Me acerqué a un grupo de chavales que resultaron ser de Piedra Alta. Después ya no recuerdo nada más.

 

3er día

Desperté en una habitación de una pensión. Pero… ¡aquella no era la pensión de San Elías! Miré por la ventana de la habitación y observé los edificios de Piedra Alta. Joder, otra vez estaba allí. Aquellos chavales me debieron liar para irme con ellos.

Salí a la calle y me dirigí al parque de Piedra Alta, donde resultó estar aquella chica. Vaya, otra vez ella. Justo en el mismo banco que ayer. Al verme, se levantó y se dirigió hacia mí.

Antes de que me alcanzara, fui yo el que hablé.

– Tía, ¿tú de qué vas? ¿Quién te crees que eres para despreciarme? – pregunté.

– ¿Qué? Tío, ¿De qué de qué vas tú? Ayer no te hice ningún desprecio – me preguntó haciéndose la sorprendida.

– ¿Ningún desprecio? ¡Déjame en paz tía loca! ¡No soporto que me desprecien!

– ¡Serás gilipollas! ¡Me voy!

– ¡Eso, vete! ¡Largo!

Y se fue. Gesticulé con rabia. Aquel incidente absurdo me cabreó bastante. Estaba furioso. Quería irme de aquel pueblo de impresentables, pero estaba demasiado nervioso. Me fui a comprar whisky y empecé a bebérmelo en el mismo parque.

Cuando la borrachera era ya ostensible pero todavía no era completa, una señora salió de su casa y se dirigió a mí con cierto recelo.

– ¿Es esto suficiente por el desatranco de la fosa aséptica de mi casa? – me dijo mientras me ofrecía unos billetes.

– Sí, sí. De acuerdo, señora – traté de pronunciar lo mejor que pude mientras los cogía.

Era raro que la gente confiara en mí hasta el punto de pagarme por adelantado. Imagino que, dado mi estado en aquel momento, lo que sentía aquella señora era pena, así que me estaba dando una especie de limosna. Sospecho que me estaba ofreciendo aquel trabajo para hacer su buena obra del día.

– Comprenderá que justo ahora no es muy buen momento para… – logré balbucear.

– Sí, claro, claro – respondió mientras se alejaba rápidamente.

Pensé que, ya que había cobrado por adelantado, tendría que quedarme en Piedra Alta para hacer aquel trabajo. Tengo mis defectos, pero soy un tipo honrado. No obstante, dado mi estado, era obvio que tendría que hacer esa tarea al día siguiente.

Seguí bebiendo mientras la gente del pueblo que cruzaba el parque me miraba de reojo. Podía sentir las miradas de desaprobación a mi alrededor. Yo, por mi parte, decidí corresponder a mi público meándome en la fuente del parque. Comencé a insultar a los que pasaban a mi lado y me puse algo agresivo. Acabé metiéndome en una pelea. No recuerdo bien los detalles.

Aquella fue una gran cogorza.

 

4º día

Desperté en la pensión de Piedra Alta. Vaya, por fin lograba despertar en el lugar donde esperaba hacerlo. Poco después de levantarme, observé que mi camiseta estaba llena de jirones y me estremecí. Me llevé las manos a mis brazos doloridos. Al recordar la noche anterior, la angustia y la culpa me desbordaron. En la soledad de mi habitación, grité y maldije varias veces. Nunca había logrado librarme del todo de la culpa por mis actos en momentos de embriaguez. Una hora más tarde, recuperé la calma y el autocontrol. Salí a la calle.

Me dirigí a una casa cercana al parque de Piedra Alta y llamé a la puerta. Aquella era la casa de la señora que me había pagado el día anterior. Me presenté como el manitas experto.

– Ah, muy bien. Pase, pase – me dijo la señora.

Me explicó el problema y comencé a trabajar en la fosa aséptica de la casa. Una hora más tarde, la señora me dijo que tenía que salir un momento a hacer un recado y que luego querría mandarme otra tarea adicional.

Dos horas más tarde ya había terminado, pero la señora todavía no había vuelto. Esperé media hora más. No sabía cuál era la segunda tarea que quería encargarme, así que no podía empezar con ese otro trabajo. Finalmente me fui.

La confianza de aquella señora, que no me había despreciado por ser un borracho y que se había atrevido a pagarme por adelantado, me hizo recuperar un poco mi fe en el género humano.

Mi recorrido por las calles del pueblo me llevó a encontrarme en los límites del pueblo, donde comienza el gran bosque que lo rodea. Me estremecí al contemplar su frondosidad y tomé las calles que conducían de nuevo al centro del pueblo.

Entonces me encontré de nuevo con aquella chica. Me sentí algo culpable por la conversación que había tenido el día anterior con ella. Me acerqué a su lado.

– Oye, perdona, quería… pedirte disculpas por lo de ayer, ya sabes – le dije.

– No te preocupes, a veces uno pierde el control… – me respondió.

Y entonces ella me sorprendió por completo. Me ofreció la mano para hacer las paces. Le estreché la mano.

– ¿Quieres tomar algo? – me preguntó.

Esa es una propuesta que nunca podría rechazar. Acepté y nos fuimos a un bar cercano.

Comenzamos a charlar con gran naturalidad. Me preguntó por mis chapuzas, hablamos del pueblo, de mis aspiraciones y de las suyas. Entonces me invitó a su casa.

Allí seguimos hablando un rato, y entonces se me lanzó a la boca.

No me podía creer lo rápido con que estaba ocurriendo todo. Quizás aquel desprecio inicial ocultaba en realidad una atracción. Quizás le gustaba mi aire de chico malo y antisocial. Media hora después estábamos en su casa, haciendo el amor en su habitación.

Al terminar, saqué una botella de whisky de mi mochila. Ella mostró cierta sorpresa al ver que llevaba aquello con mis bártulos. Le ofrecí beber, pero no quiso.

Empecé a beber de la botella a morro. Me miró con cierta desaprobación y le correspondí imitando su mismo gesto. Seguí bebiendo durante mucho rato. Vaya, creo que me emborraché.

 

5º día

Me desperté en la pensión de Piedra Alta.

Salí a la calle a buscar faena. Esperaba que, dado lo desconfiada que era la gente de aquel pueblo y dado el espectáculo etílico que ofrecí dos días antes en el parque, sería difícil que alguien me abriera las puertas de su casa. No obstante, nada más lejos de la realidad. Tuve dos trabajos por la mañana y tres por la tarde. La gente me recibió muy amablemente en todas las casas. Pienso que aquella señora del trabajo del día anterior debió propagar la noticia de que trabajaba bien y de que era de fiar.

Por la tarde decidí acercarme a casa de ella, pero ni siquiera me hizo falta empezar a andar. Me encontré con ella en la misma calle en que estaba yo, cargando a duras penas un pesado y aparatoso paquete en dirección hacia su casa. El paquete era uno de esos muebles que uno compra desmontado por piezas. Me acerqué a ella y me ofrecí para cargarlo a su casa.

– Pues me haces un gran favor, la verdad – me dijo sonriendo.

Entablamos conversación por el camino. Ella era cordial, pero mantenía mucho las distancias. Sus respuestas me parecieron algo frías. Era como si quisiera negar lo que había ocurrido el día anterior. Pienso que estaba teniendo muy presente mi borrachera del día anterior en su casa.

Una vez que llegamos a su casa, me ofrecí para montar el mueble y aceptó gustosa. Seguimos hablando, y poco a poco se fue abriendo un poco más. Finalmente, el tema surgió.

– Oye, lo de ayer estuvo muy bien – me dijo.

Yo asentí. Entonces me acerqué y quise besarla. Ella se rió nerviosamente un poco y se retiró, creo que la pillé desprevenida. Volví a acercarme y esta vez accedió. Poco después hicimos el amor en su sofá. En plena pasión, tiré al suelo un jarrón que había en una mesita contigua, pero continuamos sin prestarle ninguna atención.

Una hora más tarde, me despedí de ella.

– Perdona por lo del jarrón – le dije.

– No es nada, estas cosas pasan – me respondió riéndose.

– No, en serio, no me gusta ir por ahí rompiendo cosas.

– Bueno, veremos a ver si mañana te lo perdono. Tendrás que esforzarte para que hagamos las paces – dijo sonriendo.

Salí a la calle. Qué demonios, esto había que celebrarlo. Me dirigí a una calle a las afueras del pueblo. Me senté en el suelo y comencé a beber whisky. Estaba exultante, aquel día las cosas me estaban yendo realmente bien. Ahí estaba yo, triunfador, junto a mi botella. De todos los momentos del día, aquél era sin duda el mejor.  

Una media hora después, cuando mi embriaguez era manifiesta, apareció un tipo rubio, gordo y con perilla, y se quedó mirándome.

– ¡Maldito hijo de puta! – me dijo furioso aquel tipo mientras me señalaba.

Me sobresalté. Yo no conocía a aquel tipo. ¿Por qué se estaba dirigiendo a mí?

– ¡Hijo de puta! – repitió mientras comenzaba a dirigirse hacia a mí.

Entonces me di cuenta. Joder, aquel tipo era el de la foto que me enseñó la policía, el tipo peligroso. ¡Sí, era él! ¡Y era un chalado! ¿Por qué la estaba tomando conmigo de esa manera? ¿Era algún tipo de psicópata que odiaba a los bebedores? ¿O quizás a todo el mundo? ¡Tenía que huir de allí!

Comencé a correr, tratando de alejarme del pueblo a través de la frondosa arboleda que lo rodeaba. Pronto pude comprobar que aquel tipo me estaba persiguiendo. Maldita sea, temía por mi vida. Me adentré rápidamente en la espesura del bosque. ¡Tenía que despistarle como fuera!

Tras unos minutos de huída desesperada, me topé con la orilla de una laguna pantanosa que me bloqueaba el camino. Desesperado, corrí siguiendo el curso de la orilla, con la esperanza de bordear la laguna. Mi incipiente borrachera hacía que mis pasos fueran torpes. Tropecé con una rama y me caí de bruces al suelo. Mi botella de whisky cayó al suelo, rompiéndose por la mitad. Mientras yacía en el suelo, aquel tipo se acercaba hacia mí, furioso.

Justo cuando el tipo se estaba abalanzando sobre mí para golpearme con su puño, agarré el cuello roto de la botella y extendí el brazo para interponerlo entre su cuerpo y el mío. El resultado fue que aquel tipo corpulento se clavó el cristal roto de la botella en su pecho con toda la fuerza de su propio impulso.

Comenzó a sangrar profusamente a la altura de su corazón y a gritar. Me quedé paralizado. Maldita sea, ¿qué podía hacer? La cabeza me daba vueltas. Al cabo unos segundos, el tipo se desplomó. Me eché las manos a la cabeza y permanecí paralizado durante un rato. No tenía el valor suficiente para mirarlo. Finalmente logré acercarme a él, toqué su cuello y no encontré pulso. ¡Lo había matado!

Estaba histérico, no podía pensar con claridad. Con todas las fuerzas que me quedaban, empujé el pesado cuerpo los pocos metros que lo separaban de la laguna y lo introduje en el agua. Me adentré en el agua con él y seguí empujándolo algunos metros hacia el interior. Observé con alivio que el cuerpo se hundía en las pantanosas aguas. Al salir del agua, removí con un palo el barro sobre el que habían quedado restos de su sangre. Entonces me alejé de aquel lugar sin mirar atrás.

Esperé oculto entre la arboleda a que mis pantalones se secasen lo suficiente. Entonces regresé al pueblo.

Compré otra botella y volví a beber.

 

6º día

Desperté en la pensión de Piedra Alta. Permanecí un rato tumbado en la cama, pensando. Decididamente, la vida me había sometido a una terrible prueba durante la noche anterior. Pero todo aquello no fue culpa mía. Fue en legítima defensa. Pero nadie me creería, nadie creería a un borracho. Así que no debía decir nada. Pero mi conciencia debía estar tranquila. ¡No fue culpa mía! Tendría que permanecer frío e ignorar todo lo que había ocurrido. Debería ocultarlo en lo más profundo de mi mente y olvidarlo. Tenía que seguir adelante. Salí a la calle.

El pueblo estaba engalanado, parecía haber algún tipo de fiesta local. Pregunté a la gente que pasaba por la calle y me dijeron que había una feria en las afueras. Me acerqué a verla. Quizás pudiera encontrar allí alguna faena.

Al llegar comprobé que había un gran ambiente festivo.

Oí unos gritos y me acerqué a ver qué pasaba. Un tipo con una cazadora roja estaba discutiendo con una chica acaloradamente. Joder, era ella. ¿Qué hacía ella discutiendo con aquel tipo? La gente pasaba de largo mientras miraba de reojo. Ella le reprochaba a él algún tipo de infidelidad. Deduje que debían haber sido pareja en el pasado. Ella decía que no quería saber nada de él. Entonces él le agarró del brazo. Ella intentó zafarse. “Déjame en paz, gilipollas” gritó airada. La gente seguía mirando.

Me acerqué a la escena. El tipo levantó la mano y cerró el puño. Ella cerró los ojos aterrada. Entonces me abalancé a él por detrás, le agarré la mano y le pregunté si tenía algún problema.

El tipo se dio la vuelta y me miró furioso. Entonces se zafó de mi brazo, me señaló con el dedo y yo le di un puñetazo. Retrocedió unos metros, se tocó con una mano la mejilla dolorida y comenzó a alejarse de allí. Vi miradas de aprobación entre la gente que observaba la escena.

No obstante, entre la muchedumbre había un tipo gordo, rubio y con perilla que me miraba con odio.

Se me heló la sangre. ¡Aquel tipo estaba muerto! Lo había matado yo mismo el día anterior. Le destrocé el corazón. No tenía pulso. Y después sumergí su cuerpo. Sé que estuvo allí dentro hasta que me fui, al menos una media hora después. ¡Estaba muerto! ¡No podía estar ahí!

El tipo se pasó lentamente una mano extendida por el cuello, mientras me señalaba con la otra. Entonces se dio la vuelta en la dirección en que había seguido el tipo de la chaqueta roja.

Tenía que calmarme. No era la primera vez que veía cosas. También antes de beber. Llevaba demasiados años bebiendo. No, no era mi primer delirium tremens. Mi conciencia me estaba jugando, otra vez, una mala pasada. Y esta vez había creado para mí un fantasma. Reuní el valor necesario para ignorar aquella imagen y regresé a la realidad.

Entonces quise acercarme a ella, pero me di cuenta de que había salido corriendo en dirección contraria para alejarse del tipo de la chaqueta roja. Corrí tras ella y le pedí que se parara, pero no me hizo caso. Corrí más allá de la feria, pero finalmente la perdí.

Volví a la feria resignado. Bueno, tenía que aceptar que en aquel momento quería estar sola. La gente me recibió muy amablemente. Me explicaron que aquel tipo de la chaqueta, que era de un pueblo cercano, caía muy mal tanto en su pueblo como en Piedra Alta. Por otro lado, yo había empezado a caer muy bien. Me invitaron a una copa.

Las fiestas de Piedra Alta habían congregado a gentes de toda la comarca. Acabé hablando con gente de otros pueblos. Me uní al ambiente festivo y me emborraché como todos los demás paisanos.

 

7º día

Me desperté en una habitación de una pensión. Oh, oh… aquella pensión no era la de Piedra Alta. Salí a la calle y comprobé que me encontraba en Campo Seco. Aquel pueblo estaba a pocos kilómetros de Piedra Alta. Me pregunto cómo aquellos tipos de la feria me convencieron para irme con ellos a su pueblo.

Quería volver a Piedra Alta para volver a encontrarme con ella. No obstante, tenía que aprovechar el tiempo hasta el mediodía, hora a la que salían los autobuses hacia Piedra Alta. Recorrí durante un rato algunas casas, pero en todas me dijeron que no tenían nada para mí. Finalmente, a las doce partí en el autobús hacia Piedra Alta.

Al poco de llegar, salí de la estación de autobuses y crucé el parque del pueblo que estaba contiguo a la estación. Tenía que pasar por aquel parque para ir a casa de ella. Pero no esperaba encontrarme con aquello. Vi que el tipo de la cazadora roja estaba besándose con una chica. ¡Joder, aquella chica era ella!

Se me cayó el alma a los pies. Habían vuelto a estar juntos.

Sentía unas ganas terribles de irrumpir entre los dos y armar un lío. Me acerqué a ellos, pero después vacilé. En un repentino ataque de cordura, me di cuenta de que no sería apropiado. Debía aceptar que había perdido. Estuve a punto de ganar, pero volví a perder. ¿Qué otra cosa podía esperar un borracho como yo? Me di la vuelta y volví sobre mis pasos.

Estaba tremendamente frustrado. Me senté en un banco oscuro al otro lado del parque y comencé a beber.

Decidí que al día siguiente tendría que estar en otro sitio, tenía que huir. Continué bebiendo.

Un rato más tarde miré el banco donde estaban los dos, pero ya no había nadie. Noté que alguno de ellos se había dejado su móvil olvidado en el banco. Me acerqué y lo cogí.

No pude soportar la tentación de conocer lo que escondía aquel móvil. Lo abrí y repasé sus contenidos. A juzgar por los mensajes enviados y recibidos almacenados en el móvil, aquel era necesariamente el móvil de él. Había guardados numerosos mensajes amorosos del pasado. Sentí una punzada en el corazón al ver los mensajes antiguos de ella. En realidad, en la bandeja de mensajes guardados se intercalaban en el tiempo mensajes de amor intercambiados con dos chicas diferentes.

Pensé por un momento en cómo me había jodido aquel hijo de puta. Pegué un trago a mi botella y acto seguido me puse a reenviar los mensajes que él había intercambiado con cada una de las dos chicas a la otra, tanto enviados como recibidos, y también incluí algunas fotos guardadas. Aunque ella hubiera decidido perdonarle por aquella historia, decidí que, si ahondaba en la herida, le esperarían unos días complicados. Que se joda. Que se jodan.

Volví a poner el móvil en el banco donde lo encontré y me fui de allí.

Seguí bebiendo.

No recuerdo nada más.

 

8º día

Me desperté en la pensión de Campo Seco. Vaya, parece que, de alguna forma, el día anterior había conseguido salir de Piedra Alta, tal y como pretendía. Quizás hice autostop o quizás vine de alguna otra manera. No recuerdo nada.

Recorrí las casas del vecindario para ofrecer mis servicios. Varias horas después, terminé una intensa jornada llena de encargos.

Decidí celebrar aquel buen día con mi botella de whisky. Comencé a beber mientras andaba por la calle.

Cuando estaba dando la vuelta a una esquina, me di un topetazo con otro tipo que en ese momento estaba dando la vuelta a la misma esquina en dirección contraria. El otro tipo cayó al suelo. Yo mantuve milagrosamente el equilibrio, pero mi botella de whisky cayó al suelo y se rompió. Mirando la botella hecha añicos, pronuncié una maldición.

Aquel tipo llevaba puesta una chaqueta roja. ¡Joder, otra vez él! ¡No me libraba de él ni yéndome a otro pueblo! El tipo se puso a gritarme como un energúmeno y a llamarme borracho subnormal. No pude ocultar mi ira y me dispuse a golpearle. El tipo se levantó rápidamente y continuó su camino corriendo. Comencé a perseguirle pero me detuve tras unos pocos metros, viendo que sería incapaz de alcanzarle.

Volví sobre mis pasos para ver los restos de mi botella. Mirando aquel estropicio, grité y agité los brazos frenéticamente. Estaba realmente enfadado, ahora tendría que seguir gastándome la recaudación del día para seguir bebiendo. El olor del whisky se mezclaba con el olor a colonia que había dejado aquel tipo. Ese olor me impedía notar bien el delicioso olor de mi whisky, desparramado entre cristales por la acera.

Así que el tío olía a colonia. Quizás hubiera quedado con ella. Bueno, le esperaría un día intenso repasando la correspondencia.

Entré en un bar cercano y pedí un whisky. Cuando ya llevaba bebidos varios de ellos, alguien tocó mi hombro. Me di la vuelta y vi un tipo gordo, rubio y con perilla.

Maldita sea, otra vez aquella visión. No me libraría fácilmente de ella. Mi conciencia no dejaría que olvidase mi pasado tan fácilmente. Probablemente aquel fantasma rondaría mi cabeza durante semanas, para terrible escarmiento de mi conciencia mancillada.

– Parece que hace un rato has tenido un encontronazo con mi primo, maldito borracho – me dijo aquel tipo gordo. Entonces miró de reojo al resto de los presentes y añadió susurrando – volveremos a encontrarnos.

Así que mi mente había decidido relacionar mi motivo de mayor miedo, tensión y culpa con mi motivo de mayor frustración. Nada menos que haciéndolos primos. Decididamente, mi cerebro estaba en las últimas.

Vi como el tipo se daba la vuelta y salía del bar.

Seguí bebiendo.

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Así es como recuerdo los sucesos de aquellos días.

Aquí viene lo realmente extraño: Los dos días que cogí el autobús, el día 2º y el 7º de esta historia, miré en los tickets del bus la fecha de aquellos días. Resulta que, en realidad, el 2º día fue un 21 de septiembre y el 7º día fue un 16 de septiembre. Lo recuerdo perfectamente. Sí, ha oído bien, el 7º día fue anterior al 2º día. Hay efectivamente cinco días de diferencia entre ambos, pero en la dirección opuesta a la que me dice mi mente. Consecuentemente, el 8º día tuvo que ser un 15 de septiembre, el 7º día fue un 16 de septiembre, y así sucesivamente hasta el 1er día, que fue un 22 de septiembre.

Por algún extraño motivo, recuerdo los acontecimientos de aquellos días en el sentido inverso al normal. Y resulta que, por mucho que mi mente recuerde todos esos sucesos en orden opuesto, admito que es realmente plausible que mi mente me haya engañado. Si no me cree, lea la historia anterior hacia atrás, desde el día 8º hasta el día 1º, aceptando únicamente los sucesos y hechos que se describen, e ignorando los pensamientos, motivaciones y explicaciones que añado a lo largo de dicha descripción, que sospecho que son un oscuro producto de mi mente para dar justificación, a posteriori, a mis recuerdos en un orden invertido. Para ignorar dichos añadidos subjetivos, simplemente tiene que ignorar la voz en cursiva del narrador. Lea la historia desde el día 8º hasta el día 1º saltándose los textos en cursiva y conocerá la verdadera historia de aquellos ocho días.

Conocer la verdadera historia de aquellos días me ha permitido saber hasta qué punto soy un verdadero alcohólico, hasta qué punto odio a los que me impiden beber o a los que creo que podrían impedírmelo, y hasta qué punto dicha actitud es el origen de mis problemas.

Tengo que dejar de beber.

A mi lado tengo la botella de la marca de whisky que siempre bebo, ‘The olde Clock Tower’. En la etiqueta se muestra, justo debajo del nombre de la marca, el eslogan del fabricante. Dice ‘El whisky destilado de la manera tradicional que te hará retroceder en el tiempo’.

Tiene que ser una casualidad.

Tengo que dejar de beber.

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14 respuestas a La extraña semana del borracho

  1. Yohana dijo:

    Se nota que le has dado un repaso, esta mejor. Aunque no entiendo porque metes a la figura del primo, pudiendo finiquitar directamente al tio de la cazadora roja.

    • Isma dijo:

      Sí, la versión anterior necesitaba un repaso (para los demás, Yohana revisó una versión anterior de este cuento y de muchos más que todavía no he colgado aquí; ¡mil gracias otra vez!). En dicha versión anterior, no había primo y no había ninguna muerte. Todo lo demás era prácticamente igual.

      Para introducir el homicidio en la historia, mi primera idea fue que el protagonista asesinara al tipo de la chaqueta roja, como dices. Por ejemplo, la pelea del día de la feria podría haber tenido lugar en algún oscuro callejón donde le matase. Pero necesitaba que, en la primera lectura del cuento, el asesinado se apareciera “después” de morir como un “fantasma”. Es fácil mantener dicha farsa si dicho fantasma se le aparece sólo al protagonista. La aparición del tipo de la chaqueta roja en el día 8 encaja con eso, pero la del día 7 sería surrealista si el tipo fuera un fantasma: ¿la chica dándose el lote con un fantasma? Bueno, no sería la primera vez que se ve algo así… Ahora en serio, no quería cambiar esa escena del día 7 pues, al suceder entre personas reales en vez de imaginarias, se logra expresar que el protagonista es un perdedor. Luego, en la segunda lectura, la correcta, descubres que él es un perdedor, pero no por una especie de mala suerte como en la primera lectura, sino por odiar y atacar a los que odian que beba o le impiden beber, motivo por el que ataca de varias maneras al tipo de la chaqueta roja por romperle una botella, acaba perdiendo después a la chica, e incluso es el motivo por el que el primo se la tenga jurada.

      Algún día haré, desde cero, otro cuento basado en la misma idea donde haya un asesinato premeditado. En las escenas en las que el muerto aparezca como un fantasma, el protagonista estaría en realidad interactuando con la víctima antes del asesinato. En la primera lectura, el diálogo del protagonista con el fantasma mostraría su supuesta caída hacia la locura, mientras que la segunda lectura mostraría cómo, en realidad, preparaba a su víctima para poder cometer el asesinato unos días después. Encajarlo todo bien será complicado, pero no mucho más que lo que lo fue en este cuento. Puede hacerse 🙂

  2. javirl dijo:

    La idea de un cuento que tenga dos lecturas, una hacia delante y otra hacia atrás, es muy original… En este caso al final queda claro cuál es la “versión auténtica”… pero bien podría no ser así… Esto no viola el segundo principio de la termodinámica??? 🙂

    • Isma dijo:

      ¡Hola, javirl! Bueno, lo cierto es que en ambas direcciones se puede interpretar que aumenta la entropía, dependiendo de cómo “rellenes” en cada caso todo lo que el cuento no dice… Así que ‘puede’ cumplirse dicho principio en las dos direcciones. Eso sí, si rellenas todo lo que el cuento no especifica, entonces sólo tendría sentido una de las direcciones. Por supuesto, es la indefinición la que la permite que sea bidireccional. 🙂

  3. Yohana dijo:

    Lo siento Isma; espero no haber destripado nada; pero suponía que al llegar a este punto, era porque la gente ya se ha leído el relato.
    Y lo siento también, pero sigo sin entender tus motivaciones; El hecho en sí mismo de introducir más personajes, es una acierto la verdad. Pero que el prota sea un perdedor, queda claro desde el primer momento, en que no es capaz de renunciar a los estímulos negativos (la bebida) que le conducen a la autodestrucción.
    Con respecto a la entropía, pues jamás se me hubiera ocurrido ver el relato desde ese punto de vista. Pero la segunda ley de la termodinámica es muy acertada: A medida que va pasando el tiempo, las cosas se complican.
    Desde luego que se le puede dar muchos enfoques, y todos son muy discutibles. (¿no sería menos enrevesado hablar de quién ganará la liga este año, que para mí es igual de incomprensible?). Desde mis humildes conocimientos, si el tiempo disminuye, como ocurre en este universo (ya es difícil de aceptar este cambio de reglas, como para aceptar también la bidireccionalidad) la entropía debería disminuir también, sensación que no tengo a medida que se lee el relato, en ninguna dirección.

    • Isma dijo:

      No te preocupes, Yohana, en los comentarios puedes destripar lo que quieras sobre el relato. ¡Para eso están! Como dices, asumo que para llegar a los comentarios hay que haberse leído antes el cuento, así que no se desvela nada nuevo.

      Dándole vueltas, creo que añadir un personaje no era estrictamente necesario para introducir un homicidio… Pero me parecía interesante que, en la primera lectura, al protagonista le “robase” la chica alguien que no estuviera “muerto”.

      Respecto a la entropía, creo que cambiar el relato para que aparentemente se respete el segundo principio de la termodinámica en las dos direcciones sería un pelín demasiado friki (en una historia que ya es muy friki como está). Además, sería un esfuerzo que sólo valoraría el 1% de los lectores. Así que creo que, en ese aspecto, puedo dejarlo como está. 😉

  4. Yohana dijo:

    Si lo que estabas sugiriendo es que el colega sería menos perdedor, si consiguiera “robarle” la chica a uno que no estuviera muerto, te tengo que plantear varios matices:
    1) Efectivamente, no hay necesidad de meter a un finado. Aunque a mí si me gusta el requiebro argumental.
    2) Entiendo que entiendes que la chica tiene algo que decir al respecto (espero que por eso hayas puesto “robado ” entre comillas)
    3) Tal y como has planteado la historia, el hombre no podía hacer nada, porque ya estaba hecho desde el principio. Luego entonces, no puede ser un perdedor, porque la elección de sus actos, no influye sobre el resultado final.

    • Isma dijo:

      Efectivamente, lo de “robado” va entre comillas por eso… 🙂

      Respecto a (3), digamos que el protagonista era dueño de su destino mientras le ocurrían las cosas en el orden verdadero (o sea, desde el día 8 al 1). Luego, cuando posteriormente recuerda esos mismos sucesos para contárselos al lector, sucede que dichos sucesos ya están marcados porque pertenecen al pasado, como cualquier otro recuerdo (independientemente del orden en que los recuerde).

  5. Yohana dijo:

    Sigue sin poder ser un perdedor, porque aunque sea responsable de sus actos, no puede ser responsable del resultado final, al ser la información que percibe la que le empuja a hacer las acciones que al final le llevan al desenlace. Además, si lo que quiere es a la chica, solo tiene que volver por ella.

  6. javirl dijo:

    En realidad, a pesar de las implicaciones metafísicas, lo divertido del cuento no está en la indefinición del tiempo, sino la de la lectura. Quiero decir: ninguna historia real es genuinamente reversible, pero es divertido inventar y leer historias para las cuales la lectura con tiempo invertido tenga sentido. En este caso uno de los dos sentidos tiene (valga la redundancia) mucho más sentido que el otro. ¿Se podría escribir alguno en el que al lector le quedara la duda?

  7. javirl dijo:

    @Yohana: NP-completo necesita, definitivamente, un refuerzo con el punto de vista femenino en las historias 😉 😉 😉

  8. Isma dijo:

    Yohana: Creo que estás dando una interpretación a la historia que es aún más sofisticada de la que yo quería darle. 😉 Creo entender que insinúas que el tipo “recuerda el futuro” a medida que va transcurriendo la historia. Lo que yo pretendía es más simple: El protagonista no “recuerda el futuro” a medida que va viviendo, sino que su vida y su memoria transcurren de manera completamente normal desde el día “llamado 8” (15 de septiembre) hasta el día “llamado 1” (22 de septiembre). Al finalizar el transcurso de esos ocho días, el whisky hace mella en su mente de una manera fantástica y radical, y su memoria pasa a recordar esos ocho días en orden inverso a como realmente ocurrieron. Como dicha historia invertida chirría en su mente, su cerebro corrige las inconsistencias rellenando sus agujeros con la voz del narrador (en cursiva), que justifica dicho orden erróneo a posteriori.

    Lo de estar determinado por recordar el futuro es curioso, pero no pretendía llegar tan lejos en esta historia. Hace tiempo tuve una idea similar, aunque más retorcida si cabe, para otra historia, pero no encontré la forma de cuadrarla. Por si algún día saco valor para intentarlo, todavía no puedo explicarla aquí…

    javirl y Yohana: Efectivamente, en lo relativo al papel de los personajes femeninos en mis historias, realmente necesito un punto de vista femenino. Bienvenido es. 🙂

  9. Yohana dijo:

    Isma: ¿has utilizado el “creador de articulos” para responderme?.

    • Isma dijo:

      ¿Tan robóticas parecen mis respuestas? ¿Tan robóticas parecen mis respuestas? ¿Tan robóticas parecen mis respuestas? ¿Tn r0bótics prcn ms resp5stas? ¿T4 r483s p63 7 r4325s? ¿01 11001 11 10010? ¿1? 😉

      Me has pillado, en realidad hago mis cuentos con un generador automático de cuentos que me he programado, similar al famoso generador automático de papers de computación, SCIgen.

      Por cierto, probad el SCIgen, es bastante curioso. En dicha página, bajad a donde pone “Generate a random paper”, introducid vuestro nombre en “Author 1”, pulsad en el botón “Generate” y luego, en el primer renglón de la nueva página, pulsad donde pone “PDF” para ver la versión que impresiona más…

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