Las normas de la colonia

La colonia es un lugar abyecto donde solo pueden vivir 243 adultos.

Hace unos cien años que la compañía construyó esta colonia minera en este planeta recóndito. Los primeros tiempos fueron buenos. Los cargueros de la compañía llegaban una vez al mes con sus bienes de consumo de la Tierra y partían cargados con el oro que recogían los mineros. Gracias a la pequeña planta de generación de alimento sintético, nuestra colonia se autoabastecía de alimentos básicos. Pero teníamos que importar todo lo demás: ropa, medicamentos, e incluso las barras de combustible que ponían todo en funcionamiento. Pero no importaba, porque los cargueros seguían viniendo. Dada la rentabilidad de la colonia, había planes para expandirla con nuevos barracones e incluso un cine holográfico. ¡Un cine holográfico! Definitivamente, teníamos futuro.

Pero un día los cargueros dejaron de llegar.

No sabemos si la colonia dejó de ser rentable al bajar el precio del oro, o si nuestra compañía desapareció, o si simplemente toda la Tierra despareció. El caso es que, desde entonces, estamos solos.

Llevamos más de setenta años viviendo en un estado de grave carencia de bienes básicos. No hay medicamentos, nuestra ropa está hecha a base de remiendos de otra ropa, y el mobiliario de nuestras casas no ha cambiado en cien años. No tenemos industria, ni pesada ni ligera, y tampoco materias primas con las que construir nada, salvo los restos de los objetos de la propia colonia. Este planeta contiene algunas pequeñas bolsas de hidrocarburos localizadas a poca profundidad, así que nuestro día a día consiste en buscar dichos combustibles para alimentar nuestra pequeña planta de generación de alimento sintético. El resto del planeta es, casi en toda su superficie, polvo de oro. Maldita sea, estamos rodeados de inservible e inútil oro.

Nadie se atreve a abrir el generador de alimentos para aprender cómo funciona y tratar de hacer uno igual, pues cabe la posibilidad de que lo estropeemos y entonces perezcamos sin más. En cualquier caso, probablemente no tendríamos los materiales ni las herramientas para construir otro, así que da igual. Todos los días rogamos que nuestras infraestructuras fundamentales (el generador de alimentos, la cúpula que nos protege de la radiación, el filtro de agua, y algunas cosas más) no fallen, pues simplemente no podríamos repararlas. Los terrestres pensaban que un meteorito o una guerra nuclear acabarían con ellos allí, en el planeta madre. Nosotros creemos que lo que acabará con nosotros será una simple avería.

El generador era capaz de alimentar abundantemente a la población inicial de doscientas personas, pero la población aumentó con los nuevos nacimientos. Cuando fuimos trescientos, descubrimos que las raciones eran tan exiguas que padeceríamos una malnutrición severa si fuéramos más. De hecho, con nuestra nueva población, nuestra alimentación ya era muy deficiente, así que los habitantes que nacieron y crecieron aquí se quedaron en una altura más baja de lo normal. Después de todo, eso tampoco es tan malo. Aquí no hay grandes depredadores o grandes presas con los que debamos enfrentarnos con nuestra corpulencia (bueno, ni grandes ni pequeños, simplemente no hay animales), y los individuos más grandes necesitan comer más, así que nuestra falta de altura supone un ahorro de alimentos.

En cualquier caso, sobrepasar el límite de trescientas personas sería extremadamente peligroso, así que se impuso un estricto control de natalidad. Contabilizamos todos los nacimientos y, si alguna mujer se pasaba del cupo establecido, era obligada a abortar.

Parecía que esto solucionaba el problema de nuestro tamaño poblacional, pero descubrimos que dicha solución no funcionaría. Las radiaciones de nuestra estrella verde no son parapetadas por atmósfera alguna, así que dichas radiaciones cambiaron nuestros genes a capricho y produjeron todo tipo de crueles mutaciones genéticas. Algunas eran visibles nada más nacer, pero otras no se manifestaban hasta algunos años después. Nuestra salud genética estaba empeorando peligrosamente. Las nuevas generaciones eran más débiles y menos aptas para llevar a cabo nuestra principal tarea necesaria para subsistir, que consiste en localizar y extraer hidrocarburos que mantengan nuestra producción de alimentos. Así que las mutaciones nos estaban llevando lentamente hacia la extinción.

Entonces se decidió que las familias tendrían más hijos de los que harían estrictamente falta para mantener intacta nuestra cantidad de población. A medida que los niños crecieran, podríamos seleccionar a los más aptos y descartar a los demás. Los alimentos extra invertidos en alimentar a los niños que fueran descartados en el proceso no serían un desperdicio, pues establecer dicho mecanismo de selección sería la única manera de lograr que la raza no degenerase y que las nuevas generaciones fueran fuertes y pudieran sustituir a las anteriores en el trabajo diario de la colonia.

Como dije al principio, nuestra colonia es un lugar abyecto. Esta es la historia de Nugana, Touk, Rafnikán y Kup, los cuatro niños de diez años que se someterían aquel año a examen de aptitud.

Todos los años se llevaba a cabo un examen de aptitud a los niños de todas las edades desde los cinco hasta los diez años. En cada uno de ellos, una parte de los niños eran descartados. Para los cuatro niños de esta historia, este sería su último examen. Dos de ellos se convertirían en habitantes de pleno derecho de la colonia.

Nugana y Touk eran dos hermanos mellizos. Nugana era una niña con notas algo superiores a las de los otros tres niños, pero ninguna habilidad en particular, y era bastante fea. Touk, su hermano mellizo, sufría una mutación por la cual había nacido sin piernas. Viendo aquel inconveniente, los padres de Nugana y Touk se habían esforzado drásticamente en proporcionar a Touk una habilidad especial que pudiera esgrimir en dichos exámenes. Le educaron de manera muy intensamente en la música, y con diez años tocaba tres instrumentos musicales que literalmente eran los tres desvencijados instrumentos musicales que existían en la colonia. Touk ya había superado a su madre en habilidad, así que era el mejor músico de la colonia. Los otros dos niños eran Rafnikán y Kup. Rafnikán era una niña obesa que tenía unos padres atractivos y populares, y Kup era un niño habilidoso que había sido acusado por sus maestros de indisciplina: en tres ocasiones no había hecho lo que se le había mandado. Puede sonar exagerado pero, dada la total carencia de recursos de nuestra colonia, ser indisciplinado es un pecado superlativo en nuestra comunidad, un pecado que no se puede permitir.

Al día siguiente, toda la colonia debería votar para decir quiénes serían los niños que pasarían el último corte.

Toda la colonia debatía en la calle la situación:

– Yo creo que la deformidad de Touk lo hace inviable.

– Sí, pero es un músico brillante, el único que tendremos cuando muera su madre.

– ¿Y para qué necesitamos un músico aquí? Además, ya ha grabado más de cien interpretaciones que podremos volver a oír siempre que queramos. Si sigue vivo podría hacer muchas más, pero, ¿realmente necesitamos muchas más interpretaciones musicales? Con un poco de cada cosa nos basta. Ya tenemos suficiente música.

– ¿Y qué decís de Rafnikán? ¿Cómo se han atrevido sus padres a restarse de sus propias raciones para alimentar de más a su niña? ¿Están locos?

– Bueno, si esa niña adelgaza, que adelgazará, probablemente será un bellezón.

– ¡Pero ya tiene el hábito de la gula! Los que tienen más hambre de lo normal crean tensiones, esa niña será un problema.

– No, cambiará cuando desarrolle. Entonces adelgazará.

– ¿Y qué pensáis de Kup? Ese niño necesita unos buenos azotes.

– ¡Cómo se atreve a no hacer lo que le dicen! ¡Con gente así de indisciplinada nos habríamos extinguido hace ya mucho tiempo!

– Pero es muy habilidoso. Podría ser un buen mecánico o un buen prospector.

– ¿Y qué pensáis de Nugana, la hermana de Touk?

– Bueno, esa chica es… bueno…

– Muy fea.

– Sí, eso.

– Y no destaca por nada en especial.

– Es la que tiene mejores notas de los cuatro.

– Bueno, sí.

La votación sería al día siguiente. Todos los miembros de la colonia deberían votar a un niño al que quisieran salvar. Los dos niños con menos votos serían descartados.

Nugana, la hermana de Touk, trató de abstraerse de su miedo y pensar en lo que podría ocurrir al día siguiente.

Por lo que había escuchado a sus padres, a sus amigos, y en las conversaciones en la calle, estimaba que los resultados de los cuatro estarían próximos, pero que Rafnikán superaría en votos a los demás. Las expectativas de su cambio físico y la popularidad de sus padres le permitirían obtener ese resultado. Pensaba que después iría Kup. Muchos verían en él un potencial buen mecánico, y el miedo a las averías era un factor importante en la colonia. Y después irían su hermano Touk y ella. Nugana estimó que el afecto de la colonia hacia sus padres, que era normal, ni muy alto ni muy bajo, no serviría para salvarles. Pensaba que Touk, a pesar de su deformidad, obtendría más votos que ella, pues sería votado por aquellos a los que les gustaba su música. Por su parte, ella misma sentía que no tenía nada especial que ofrecer, salvo sus mejores notas. Era consciente de que su propia cara la perjudicaría sensiblemente. Si hubiera sido un chico, su fealdad hubiera pesado un poco menos. Pero no sería así siendo chica. A su corta edad, Nugana era capaz de percibir que las mujeres eran más juzgadas que los hombres por su aparente viabilidad reproductiva, que era extrapolada a partir de la apariencia física.

Nugana se lamentó de que el sistema de votación consistiera en votar al niño preferido, en lugar de votar al menos preferido. Muchas familias veían un gran pecado en la gula y en la desobediencia. Rafnikán y Kup probablemente quedarían primeros no sólo en una votación de los más preferidos, como de hecho se votaría al día siguiente, sino también en una votación de los más rechazados. Si la votación fuera así, entonces su hermano y él se salvarían al acumular menos votos de rechazo que los otros dos. Nugana razonó que había otras formas de votación que quizás también les hubieran permitido salvarse. Por ejemplo, que la votación hubiera sido a dos vueltas o por eliminaciones sucesivas. Pero la votación iba a ser la que iba a ser.

Al día siguiente, los niños se presentaron en la plaza de la colonia para ser observados por los electores por última vez antes de votar. Los cuatro estaban temblando. Tal y como se recomendaba en estos casos, habían orinado justo antes de ir a la presentación para evitar accidentes.

Entonces Nugana comenzó a vomitar. Nugana nunca había sido débil de estómago, pero aquel gesto sirvió para que los presentes recordaran al tío de Nugana, que también padecía del estómago con frecuencia y vomitaba. Vomitar era malo para la colonia. La comida no podía desaprovecharse. Varios presentes fruncieron el ceño mientras miraban a Nugana.

Como era costumbre, encerraron a los padres de los cuatro niños en los sótanos del ayuntamiento de la colonia. Sólo así podrían contenerse sus arrebatos de desesperación cuando se conociera quiénes serían los niños perdedores.

Finalmente, se conocieron los resultados. El orden, de más votos a menos, había sido el siguiente: Rafnikán, Touk, Kup y Nugana.

Kup fue a despedirse de sus padres, y Nugana de sus padres y de su hermano Touk. Como era habitual, más de veinte personas hicieron falta para separar a los padres de sus hijos.

Entonces Kup y Nugana fueron embutidos en trajes espaciales y los subieron a un camión.

El camión salió al exterior de la colonia y recorrió varias decenas de kilómetros a lo largo del vastísimo desierto de polvo de oro. El sol verde se estaba poniendo. Los tres satélites naturales del planeta estaban ya visibles en el cielo.

Cuando alcanzaron una distancia que haría imposible que los niños volvieran, los del camión sacaron a los niños y los dejaron en la planicie que se extendía infinita en todas direcciones. Entonces les colocaron los localizadores en sus trajes. La colonia no podía permitirse perder dos trajes espaciales, así que en unos días tendrían que regresar para localizarles y recoger los trajes.

Los tipos se montaron en el camión y, tratando de no mirar a los niños, se fueron.

A Nugana ya no le dolía el estómago. La noche anterior a la votación decidió que tenía que comer comida en mal estado. Sólo así vomitaría al día siguiente en su presentación, y así los votos de los amigos de su familia que iban a ser para ella se desviarían a su hermano Touk. Con dicho apoyo adicional, los votos de su hermano superaron a los de Kup y, tal y como Nugana había planeado, Touk había quedado segundo en lugar de tercero, salvándose.

Nugana y Kup, dos niños de diez años a los que les tocó vivir en tiempos abyectos, se abrazaron cuando se puso el sol verde. Comenzaba a hacer frío.

Nugana lloraba de culpabilidad. Por su culpa, y solo por su culpa, aquel niño que le abrazaba ahora, Kup, estaba con ella en aquel momento.

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10 respuestas a Las normas de la colonia

  1. Yohana dijo:

    Vaya, si que es una historia dura. No sé ni que comentar.
    La elección de Nugana es respetable. Y con respecto a la colonia, la elección entre la belleza y el talento, y la diferencia y la posibilidad, estaba también clara. Quizá también pesaran otros matices.
    En fin, es un cuento muy bonito también

    • Isma dijo:

      En esta historia quería tratar varios temas. Por un lado, se muestra que la ética puede retorcerse hasta crear situaciones límite en las que aceptemos lo que repudiaríamos totalmente en cualquier situación. Nuestra mente, acostumbrada a principios morales invariables e inmutables, no está preparada ante ese relativismo extremo. El narrador explica que la colonia moriría si no se descartasen niños y el lector se ve obligado a aceptarlo ante los argumentos extremos que se presentsan, lo que le deja en situación de desasosiego. Una vez que se asimila la necesidad del descarte, los colonos discuten sobre qué niño debe sobrevivir y cuál no con total frialdad y pragmatismo, fruto de su situación extrema, lo que contrasta enormemente con la incomodidad del lector ante la situación. Después, los criterios por los que la colonia acaba votando a unos niños o a otros son igual de primitivos y animales (popularidad, miedo, o incluso expectativa de atracción futura) que los que llevan a los niños de un colegio a decidir quién será su líder y a quién apartarán (solo que, en este caso, las consecuencias de tal selección son mucho más terribles, claro). Finalmente, el proceso de descarte se muestra más cruel si cabe porque, dependiendo de que las normas para votar fueran unas u otras, sobrevivirían unos niños u otros con los mismos electores. Cualquier forma de elegir será igual de parcial, pues otros métodos de votación igual de razonables (e.g., votar al que más rechazas, hacer dos vueltas, etc) harían que vivieran y murieran otros niños diferentes. Pero la colonia necesita una manera de escoger, y la propia elección de la forma concreta de votar es implícitamente cruel.

      Finalmente, Nugana se muestra igual de fría y pragmática que el resto de habitantes de la colonia cuando secretamente diseña una estrategia para salvar a su hermano. Es también hija de las condiciones extremas de la colonia.

      En su momento se me ocurrió que, al final, se descubriera que el narrador es, precisamente, el tipo que lleva a los niños a la planicie en el camión y luego los deja abandonados sin mirar atrás. Luego pensé que, paradojicamente, el final sería más impactante si el abandono fuera impersonal (es decir, si quien deja a los niños allí es uno cualquiera conforme a las normas) que si fuera el narrador. Si fuera el narrador, el lector estaría involucrado emocionalmente con quien hace el abandono. En ese caso, al lector se le podría ocurrir que el tipo que abandona a los niños podría decidir salvarlos en el último momento. Por tanto, si no lo hace, la culpa es suya. Pero no quería que al final la culpa recayera en el tipo que los deja en la planicie. La culpa es de las normas aceptadas por todos. La culpa es de todos. Eso es lo más cruel.

  2. Yohana dijo:

    Si ya lo decía yo, que al final la vida son matices. Y sí, también azar.
    Supongo que es fácil pensar esto es éticamente correcto o no cuando no está en juego tu supervivencia. Pero dejando a un lado las situaciones extremas, la ética existe por algo. Si no nos respetaramos, viviríamos en una anarquía aún más cruel, porque siempre existirá gente que se doblegue a sus propios deseos por encima del bien común.
    La culpa es de todos, cierto. Pero la decisión de todos siempre será mejor que la de una sola persona.
    Nugana no fue nada pragmatica, bajo mi punto de vista. Se buscaba el bien común, y ella elegió lo que “creía” que era lo mejor. No tuvo en cuenta consideraciones prácticas, solo sentimentales. Yo no hubiera elegido el talento y la belleza precisamente en una sociedad que necesita solucionar problemas.
    ¿que hubieras elegido tú?

  3. javirl dijo:

    El debate moral es interesante, desde luego. Y supongo que esto es lo que hace a la buena ciencia ficción especial: poner a los personajes en situaciones inusuales, y explorar sus (nuestras) reacciones.

    Recuerdo la anécdota que se cuenta del Che Guevara. Se dice que, cuando estaban en Sierra Maestra, preguntó a uno de sus guerrilleros: “Imagina que tienes comida para tres personas, y sois diez. ¿Qué haces?” El guerrillero replica: “Elegir a los dos más aptos y seguir la lucha.” El Che menea la cabeza y dice: “No. Repartes la comida de tres para diez, y que Dios elija”.

    Sé que el instinto de supervivencia es fuerte, pero es posible que yo eligiera no elegir. Hay situaciones en las que, simplemente, no merece la pena vivir.

  4. Yohana dijo:

    Ummm, pero tampoco hay que limitarse a verlas venir.
    Ya me imagino al guerrillero en cuestión transmitiendo las ideas de su caudillo: “Camaradas, cuando la comida sea escasa, tendremos que matarnos entre nosotros. Pero no os preocupeis que los pocos supervivientes serán lo suficientemente fuertes como para hacer frente a los cerdos capitalistas. ¡Nuestra revolución será un éxito!¡Y los que sigan nuestras ideas aprenderán a pasar hambre!”
    Je,je..pero es una buena forma de cambiar el sistema electoral de la colonia. Digo, si vale abstenerse. Eso no se detalla en el cuento.

  5. Isma dijo:

    Yohana: efectivamente, Nugana es sentimental en sus objetivos… Aunque fría en sus métodos.

    Yohana y javirl: El cuento va sobre las situaciones donde cualquier elección es injusta y dolorosa, así que evidentemente también me dolería escoger a mí. Ojo, no elegir es también una forma de elegir. En los botes salvavidas del Titanic no cabían todos. Podemos discutir por qué, pero no cabían todos. Así que, si hubieran subido todos, hubieran muerto todos.

    Uno de los dilemas morales más interesantes que he visto en la ciencia ficción fue en un cuento llamado Los que se van de Omelas. Omelas es una ciudad donde todos sus habitantes son felices pero, para mantener dicha felicidad, es necesario que la ciudad tenga encerrado en un oscuro calabozo a un niño, que es tratado como un perro.

    Yendo a historias más recientes, los dilemas morales que plantea El Caballero Oscuro, una de las últimas pelis de Batman, son curiosamente muy interesantes, incluida una versión bastante retorcida del dilema del prisionero. Me sorprendió muy gratamente, pues las pelis de superhéroes suelen ser el paradigma de las decisiones morales absolutamente triviales (el bien sin matices contra el mal sin matices).

    Tanto en Los que se van de Omelas como en El Cabellero Oscuro, los dilemas morales se acaban resolviendo de una cierta manera: finalmente se presenta una opción que sin duda es la moralmente correcta. Por contra, en este cuento yo quería plantear una situación en la que ninguna opción es correcta. No sé si una situación de grave falta de alimentos y de peligrosas mutaciones genéticas es lo suficientemente extrema en ese sentido, pero es lo que pretendía…

  6. Yohana dijo:

    Esta bien. Soy consciente de que no soy poseedora de la verdad absoluta (que no existe), aunque a veces se me olvide. Acepto el reproche como merecido.

  7. Yohana dijo:

    Quizás la palabra “reproche” sea demasiado exagerada. Debí utilizar otra palabra tipo “puntualización”

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