La sacerdotisa del oráculo de Itkar

El remoto planeta Tiaktu tiene un tamaño similar a la Tierra y, salvo algunas pequeñas y esporádicas islas, formadas casi siempre por volcanes inactivos de varias decenas de kilómetros de altura, la inmensa mayor parte de su superficie está sumergida bajo el océano. Dicho océano rara vez está en calma, pues alrededor de Tiaktu orbita el inhabitable satélite natural Piangó, el doble de grande que la Luna y el doble de cercano, que con su terrible atracción gravitatoria enloquece las aguas del océano de Tiaktu con poderosas mareas.

Los niopó, única especie inteligente de Tiaktu, habitan algunas de dichas pequeñas islas. Con sus nuevos navíos construidos con madera de diotán y equipados con extensas velas hiladas con fina piel de tukió, los niopó del archipiélago central se han lanzado recientemente a la aventura de recorrer aquellas indómitas aguas en busca de nuevas tierras que puedan absorber su crecimiento poblacional y aportar nuevos recursos. Dado que los niopó no tienen artilugios voladores, aquellos viajes consisten en recorrer al azar el océano. Huelga decir que la mayoría de esas expediciones sin rumbo naufraga en el cruel océano. Y, sin embargo, el beneficio que supone encontrar nuevas tierras es tan grande que los reinos sufragan los viajes y muchos desheredados, capitaneados por comandantes inconscientes, encuentran en los endebles buques la única manera de salir de la pobreza.

En los primeros años de exploración, el reino de Itkar asombró y desató las envidias de los demás por su asombrosa capacidad para protagonizar expediciones que tenían éxito. Aunque las expediciones itkarias también naufragaban en gran número, la proporción de expediciones que volvían a casa con las manos vacías, sin haber hallado nuevas tierras, era sorprendentemente baja. Los demás reinos observaban con ira cómo las posesiones del rey de Itkar crecían y los itkarios prosperaban, mientras sus propios marinos volvían una y otra vez derrotados.

El motivo del éxito de los itkarios eran las asombrosas predicciones de Niania, sacerdotisa del oráculo de Itkar. Maga conocedora de las artes oscuras, la astrología, la alquimia, la música, la retórica, la óptica, y muchas otras artes desconocidas e innombrables, sus sagrados ritos de predicción, en los que sacrificaba un kiongu e interpretaba la disposición de sus entrañas, colmaban los éxitos de los itkarios. En dichos ritos, Niania averiguaba la dirección exacta en la que los navíos itkarios debían partir para hallar nuevas tierras. Más de la mitad de los navíos que no naufragaban encontraban de hecho islas vírgenes, lo que suponía una tasa de éxito diez veces mayor que la lograda por los demás reinos.

Los reyes vecinos, incapaces de aceptar que Niania tuviera el favor del dios Gu pero que no lo tuviera ninguno de sus propios sacerdotes y magos, desarrollaron todo tipo de explicaciones que pudieran justificar los increíbles aciertos de Niania. Dijeron que era bruja y que volaba montada en un tukió para encontrar las islas vírgenes; que hacía viajes astrales en los que su alma se separaba de su cuerpo y después se elevaba varios cientos de kilómetros sobre Itkar para verlo todo; que había construido un catalejo mágico que captaba unos rayos de luz místicos que no viajaban rectos, sino siguiendo la curvatura del planeta, por lo que, desde la torre de Itkar, podía ver más allá del horizonte, pues no había horizonte; que había encontrado antiguos mapas elaborados en los tiempos legendarios, antes de que Gu lanzara el Diluvio Universal con el que castigó los pecados de los niopó, formando un océano infinito que les arrebató la mayoría de las tierras emergidas; y otras muchas explicaciones inverosímiles más.

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Llegó el día en que Niania escogió por fin a su aprendiz, la cual, en adelante, estaría llamada a ser su sucesora cuando Niania tuviera que atender a la llamada de Gu.

En el primer encuentro entre ambas, Virionú, que así se llamaba la joven, mostró un inmenso respeto por la legendaria Niania, la tocada por Gu.

Niania observó que Virionú, como gran devota, conocía a la perfección todos los pasos de los rituales Niania, por lo que estaba de sobra preparada para llevar a cabo la parte mecánica de los mismos. No obtante, Virionú manifestó su temor de que su espíritu no estuviera lo suficientemente preparado para recibir a Gu en su seno, por lo que sus rituales de llamada podrían no ser atendidos por el Magnánimo.

Durante los meses siguientes, Niania enseñó a Virionú artes oscuras, astrología, alquimia, música, retórica, óptica, y muchas otras artes desconocidas e innombrables. Explicó a la joven que, cuando ella fuese la sacerdotisa, dichos conocimientos le permitirían rodear sus profecías de unos rituales adaptados a los gustos y modas de las épocas que le tocase vivir. Al convertirse en sacerdotisa, Virionú tendría que inventarse sus propios rituales.

Estas palabras sorprendieron mucho a Virionú, que siempre había visto aquellos rituales como recetas ancestrales y mágicas que debían ser repetidas al pie de la letra para poder entrar en contacto con Gu.

– No, hija mía – dijo Niania -. En realidad, solo debes aprender dos cosas para ser una buena sacerdotisa del oráculo de Itkar. La primera de ellas, la cual es imprescindible para que tus predicciones sean correctas, consiste en saber interpretar los eclipses parciales en los que nuestro planeta Tiaktu se interpone entre su luna Piangó y nuestro sol. La segunda, la cual es imprescindible para que sólo puedas hacer esas predicciones, es inventar unos rituales adecuados que te permitan conectar con el pueblo.

Virionú se mostró muy sorprendida por estas palabras. Niania dijo a su aprendiz que en tres días tendrían uno de aquellos eclipses y que entonces lo entendería.

En la noche del tercer día, Niania y Virionú subieron a la torre de Itkar cargadas con el gran catalejo que había construido y mejorado la propia Niania a lo largo de las últimas décadas. Ella misma había pulido pacientemente su lente hasta el punto de convertir aquel aparato en el mejor telescopio de su tiempo.

Poco después de que la enorme luna Piangó apareciera en el cielo estrellado, la sombra esférica del propio planeta Tiaktu, en el que ellas dos y todos los demás niopó habitaban, se proyectó con claridad sobre la superficie de Piangó. Efectivamente, ese día su propio planeta, Tiaktu, se había interpuesto parcialmente entre su sol y su satélite.

– Mira con el catalejo la sombra que proyecta nuestro planeta sobre la superficie de Piangó – dijo Niania -. Concretamente, fíjate en la silueta de dicha sombra, es decir, en la línea donde la iluminada y blanquecina superficie de Piangó se convierte en negro porque ahí comienza la sombra que proyecta nuestro propio planeta sobre ella.

Virionú hizo lo que le ordenaba su maestra.

– ¿Qué forma tiene esa silueta, esa frontera entre el blanco y el negro en la superficie de Piangó? – preguntó Niania.

– Una curva. Desde esa curva hacia fuera, la superficie de Piangó se ve blanca. Y desde esa curva para dentro, se ve negra – respondió Virionú.

– ¿Por qué es una curva?

– Porque nuestro planeta Tiaktu es una esfera, así que proyecta una sombra circular sobre lo que haya detrás de él, que en este momento es su satélite Piangó.

– Pero, ¿nuestro planeta es exactamente una esfera?

– Bueno, exactamente no… está algo achatada.

– No sólo eso.

– ¿Qué quieres decir?

– También están las islas, con sus gigantescos volcanes.

– Bueno, claro… Digamos que nuestro planeta es un esferoide con unos pequeños bultos, unos pequeños picos.

– Por favor, fíjate bien en la silueta de la sombra que nuestro planeta proyecta sobre Piangó.

Virionú miró detenidamente a través del gran catalejo.

– Ummm… Un momento… ¡Sí! La silueta no dibuja una curva perfecta. Veo un par de pequeñas protuberancias en la silueta.

– Esas protuberancias en la silueta son las sombras de volcanes que están en nuestro planeta. Es decir, ¡son las islas que los itkarios buscamos!

– ¡Islas! – exclamó sorprendida Virionú -. ¿Las conocemos? ¿Cómo podemos saber dónde están, en la superficie de nuestro propio planeta, esos bultos que vemos proyectados en el satélite?

– Bueno, sabemos qué hora es, así que sabemos de qué dirección proceden exactamente los rayos solares que ahora vemos reflejados en Piangó. También conocemos el tamaño de nuestro planeta. Así que podemos calcular qué franja de nuestro planeta está creando ahora mismo la silueta de esa sombra que vemos en Piangó.

– Esa silueta es exactamente el lateral de nuestro planeta según se vería ahora mismo desde nuestro sol… ¡Es decir, es la franja de nuestro planeta en la que ahora mismo está amaneciendo! Bueno, o anocheciendo…

– En ese lado de la sombra, anocheciendo – puntualizó Niania.

– Eso, anocheciendo.

– Pues nada, ¡a echar cuentas!

Las dos se pusieron a hacer cálculos en la pizarra, hasta que finalmente hallaron la longitud y la latitud en la que se hallaban, en su propio planeta, aquellas dos pequeñas protuberancias que habían visto reflejadas en la superficie de su satélite.

Una de las dos era una isla ya conocida, pero la otra no aparecía en los mapas de Itkar.

– ¡Tenemos una isla nueva! – exclamó feliz Virionú. Luego arqueó una ceja – ¿Es… así de fácil? ¿Todo consiste en mirar cómo se refleja nuestra sombra en el satélite y en echar unas cuentas?

– Así de fácil. Si ahora quisiéramos encontrar otras islas, simplemente tendríamos que esperar a que fuera otra hora de la noche. Nuestro planeta gira, así que la franja de nuestro planeta que está justo en el lateral, según se ve desde nuestro sol, va cambiando a lo largo de la noche. Y esa es la franja de nuestro planeta que se ve en la silueta de la sombra sobre Piangó. Si en esa franja hay volcanes, a esa hora aparecerán protuberancias en la silueta de la sombra.

– Vale… Entonces, a cualquier hora a la que miremos, la silueta de la sombra mostrará la franja de nuestro planeta en la que esté amaneciendo y la franja en la que esté anocheciendo.

– Exacto.

Las dos, muy excitadas por su nuevo hallazgo, se pusieron a calcular la dirección exacta que tendrían que seguir los barcos para que, partiendo del puerto de Itkar, pudieran alcanzar la nueva isla que habían encontrado.

– Tengo una pregunta, maestra.

– Dime, Virionú.

– Entonces, el ritual del sacrificio del kiongu y la interpretación de sus entrañas, ¿para qué sirve?

– Si algún día nuestros compatriotas se enterasen de cómo encontramos las islas, ¿cuánto más tiempo duraríamos siendo las sacerdotisas del oráculo de Itkar? Si descubrieran que esto puede hacerlo cualquiera, ¿cuántos más privilegios, presentes y mancebos mandarían a nuestros aposentos?

Virionú sonrió. Tendría que diseñar una bonita coreografía para su propio ritual de predicción.

Decidió que lo de las vísceras le daba mucho asco. Y seguro que también daba asco a muchos jóvenes de su edad. Había que hacerlo con otra cosa, por ejemplo con flores.

O mucho mejor, con diamantes.

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13 respuestas a La sacerdotisa del oráculo de Itkar

  1. Yohana dijo:

    Pues la Virionú esta no aprendió mucho, la verdad. La gente no es tan tonta: flores y diamantes… Si se ha perdido la tradicción ancestral de la magia es porque nuestros magos actuales han cambiado las entrañas por el vil metal. Ya no les basta el reconocimiento ni la alabanza. Hay que recuperar las tradiciones, o adaptarlas con inteligencia: lo de leer en las hortalizas era una buena opción.(es menos asqueroso).
    Y ahora vienes tú a desmontar el chiringuito.Que malo eres.
    En fin, voy a ver que dice mi horoscopo.
    Por cierto, el cuento esta muy bien.

    • Isma dijo:

      Me acordé de que querías que escribiera más historias donde los protas fueran mujeres, pero no para hablar de la maternidad o del amor, sino para presentar personajes independientes y fuertes. ¿Has visto cómo sí que te hago caso en lo nuevo que escribo? 🙂

      Respecto al horóscopo, ¡me lo has quitado de la boca! ¡Quería escribir un cuento sobre el horóscopo! Algún día lo colgaré aquí.

      Sobre las críticas que hago a veces a la superstición y la magia religiosa, quizás penséis que soy bastante hipócrita: propongo cuentos donde el tiempo puede ir hacia atrás o las hijas pueden nacer con todo el conocimiento de sus madres pero, a su vez, cuando lo fantástico consiste en algo “tradicional” (reencarnación, milagros, ritos ancestrales), muchas veces se acaba descubriendo que la explicación es otra. Así que fomento cierta fantasía pero critico otra.

      Supongo que lo que me cansa es que lo fantástico no se renueve. ¡Señores de las sectas, por favor, un poco de originalidad! ¡Lo del ovni que te lleva a nosequé planeta maravilloso está muy visto! Desde aquí ofrezco mis historias para que todos los líderes de sectas renueven un poco su mitología, que ya toca. Por ejemplo, monten lo que propongo en “La república de los inmortales”. Y páganme mi parte.

  2. Yohana dijo:

    Je, je, sí, ya me había dado cuenta de que me has hecho caso. Muchas gracias (no estoy acostumbrada a eso). Tampoco te quería decir que ahora todas tus historias fueran protagonizadas por mujeres, solo que simplemente incluyeras alguna mujer como persona, no como madre o amante “esposa”. Pero en ese sentido has mejorado, y ya sabía que simplemente no habías caído antes en ese detalle.
    Yo no había pensado que fueras hipócrita; tus cuentos son solo historias, un producto de la imaginación. Y unas veces tienen un caracter divulgativo, otras un matiz de critica y otras son educativas. Lo que quiero decir es que una cosa son los cuentos, y otra la realidad.
    Oye, ahora las sectas se están renovando : las hay que construyen ciudades subterráneas, las que apuntan los sucesivos días del fin del mundo, etc..etc, pero la mayoría tiene un fin economico, o sexual (como todo). Bien pensado, podríamos montar nuestra propia secta basandonos en ese cuento, por una “humilde” donación economica.Piensalo.

    • Isma dijo:

      ¡El sumun de cualquiera que escriba ciencia-ficción es crear su propia religión! Es cuestión de atreverse a dar el siguiente paso… Por ejemplo, Orson Welles se atrevió a intentar convertir “La guerra de los mundos” en realidad con su programa de radio, y de hecho lo logró. Después, la distorsión de la información en el boca a boca ayuda mucho a la mitificación: “andar sobre un charco” se convierte en “andar sobre las aguas”; “aguar el vino” se convierte en “convertir el agua en vino”; “no acaparar el papeo y repartirlo para que haya para todos” se acaba convirtiendo en “multiplicar panes y peces”; e incluso “recordar a alguien tras su muerte” se convierte en “ver un resucitado”, nada menos.

      Escribí hace no mucho un cuento que quizás se podría convertir en religión, pero hice que terminara mal para evitar que algún chalado se lo acabase tomando demasiado en serio. Me pudo cierto sentido de la responsabilidad, no me atreví a dar el paso siguiente. 😉 Algún día lo colgaré aquí.

  3. Yohana dijo:

    Que curiosidad ¿cuál era el paso siguiente?¿tenías pensado fundar tu propia religión?
    No te imagino como un Charles Mason.
    La gente te sorprende con lo tarados que están, no necesitan documentarse ni extraer ideas de otro, para sacar sus propias conclusiones erróneas. Lo hacen ellos solos. No debería preocuparte eso. Que utilicen la documentación para argumentar sus ideas distorsionadas, es otro tema.Pero eso no se puede evitar: buscaran datos que apoyen sus ideas, sea lo que sea.
    Y la gracieta de Orson Welles se le fue de las manos.

    • Isma dijo:

      Joé… Ya me quitaron hace años la idea de hacer una ouija on-line que conectase al cliente con los espectros atrapados en las ondas electromagnéticas a través de la red… El espectro sería en realidad un programa de IA que se “comunicaría” con el cliente a través de la ouija… Finalmente, el espectro pediría al cliente su número de tarjeta de crédito para sus “gastos del más allá”… Pero ya hay algo parecido por ahí. 😦

      Bueno, sigo teniendo suficientes ideas disparatadas similares: (1) hacer que la gente pague para que su cerebro se “copie” completamente en un disco duro (y así, supuestamente algún día su mente pueda ser “resucitada” tras su muerte e implantada en otro cuerpo); (2) hacer un teléfono erótico donde el cliente en realidad hable con un programa de IA (sí, puede hacerse mucho mejor que simplemente diciendo “mmmmm… si quieres que te haga X, pulsa Y…”); (3) hacer un programa que genere escenas porno 3D a petición del cliente, que pagaría por cada escena que solicitase. Un programa de generación de imágenes 3D generaría la escena automáticamente conforme a lo solicitado. ¡Una vez que el programa estuviera hecho, el beneficio sería neto: por cada petición, el gasto sería casi 0!

      Bueno… Si al final la crisis acaba arrastrándonos a todos, habrá que buscar alternativas 😉

  4. Yohana dijo:

    je,je,
    con respecto a (1) creo que hay una película con un argumento similar por ahí. No me acuerdo de como se llamaba, y ni siquiera la he visto, pero creo que el prota era Robin Williams.
    Con respecto a (2) y (3), me convence más el punto (2), por que eso de que tener enfrente la situacion, y cuando te animas, pues resulta que no se puede hacer nada, tiene que ser muy frustrante.
    Pero me gusta la idea del punto (2). Jo, quiero que me avises cuando te pongas a diseñar las posibles opciones de respuesta de la máquina..a ver que se te ocurre.
    ¿Que responde la máquina cuando la gente te dice: “quiero que me hagas…X”? .
    Ya me imagino: una voz ladina diciendo”¿mmm, quieres que haga eso, corazón?” y otra tipo sutabacogracias diciendo “inserte crédito si quiere que le haga X” ,”inserte más crédito si quiere que se le haga X+Y”,”inserte aún más crédito si quiere que le haga –¡el qué!”–“petición no procesable”
    En cualquier caso, yo quiero participar en este generoso asunto: ya sí eso, avisame también para quedar para abrir la cuenta conjunta de beneficios.

    • Isma dijo:

      Quizás la peli que dices sea “El hombre bicentenario” (basado en un cuento de Asimov), aunque ahí el recorrido era más bien en dirección contraria (de robot a humano)…

      Respecto al teléfono erótico, si hiciéramos que la voz fuera demasiado robótica, del tipo “sutabacogracias”, entonces perderíamos muchos clientes. También ganaríamos otros (¡lo que no deja de ser preocupante!), pero probablemente perderíamos más… Nuestro objetivo debería ser que el programa pasara una especie de “Test de Turing erótico”. Debería ser más fácil de pasar que el test de Turing normal, pues la excitación de los clientes les nublaría la mente y los haría más fácilmente manipulables. Además, si el programa se sintiera acorralado, siempre podría iniciar una secuencia aleatoria de gemidos. Eso funcionaría casi siempre. 😉

  5. Yohana dijo:

    La peli a la que me referia se llama “La memoria de los muertos” de Omar Naim., y el prota es Robin Williams.
    http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2446.html
    El telefono erótico tendría dos tipos de voces: una ladina y sensual, que sería la erótica, y otra robótica de “se le esta acabando el saldo” que salta a mitad del asunto.(para recaudar más, hombre)
    Pero lo de la secuencia aleatoria de gemidos, mola para peticiones no procesables.Lo importante es reducir las pérdidas.

  6. Isma dijo:

    Ah! El caso es que sí que he visto esa peli… Aunque el objetivo era recordar la vida del muerto, no “reconstruirlo” y “resucitarlo” en algún momento futuro a partir de esa copia cerebral (como con los que pagan para que congelen su cabeza). Genial: si no está hecho, el mercado de potenciales pardillos sigue intacto. Algún día haré aquí una entrada titulada “Montemos una secta” para que entre todos recopilemos ideas disparatadas similares y llevemos a cabo la mejor 😉

  7. Yohana dijo:

    Si no hace falta que la montemos, (a no ser que quieras ser el lider para cepillarte a las adeptas). Con que nos unamos a alguna, y digamos que tenemos sueños donde Ra,Dios, el demonio,Iacutipo etc, se nos aparece en sueños dicendo cuál es el verdadero camino, nos vale.

    • Isma dijo:

      Para organizar una secta, tenemos mucho que aprender de gente como el papa copto de Egipto. Tras morir hace unos días, ayer miles de fieles fanáticos se apretujaron unos con otros para ver su cadáver sentado en una silla, e incluso tres de ellos murieron asfixiados. Imagino que murieron extasiados sabiendo que, al haber muerto haciendo eso, sin duda irán al cielo. Quizás al llegar a dicho cielo vuelvan a estar apretujados contra otros fieles “celestiales” y vuelvan a morir asfixiados en otro éxtasis de fe, y de esta forma lleguen a un segundo cielo de apretujamiento similar, y así sucesivamente sin fin. Si eso les hace felices, ¿no debería consistir su felicidad celestial eterna precisamente en eso?

      Justin Bieber tiene mucho que aprender del papa copto en lo que respecta al fenómeno fan. Todavía no ha logrado que sus fans mueran por él así. Justin, tú también puedes: muere y exhibe tu cuerpo sentado en una silla con ropas papales y barba de varios años. Quizás consigas lo mismo.

  8. Yohana dijo:

    Bueno, morir tenemos quee morir todos. Y si encima lo haces pensando que lo haces por un buen motivo, pues mejor para ellos.

    Mi opinión con respecto a Justin Bieber es que él es más humilde con sus expectativas respecto a sus fans. Seguro que lo él espera de sus fans, es otra cosa más ….terrenal.

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