Conspiración en tiempos de crisis

(Faltan 300 días para la catástrofe)

Un día, cuando el mundo todavía no se había recuperado de la grave crisis inmobiliaria, bancaria, financiera y laboral iniciada al final de la década de los 00, un giro del destino hizo que todos estos problemas parecieran secundarios. Los informativos de todo el mundo abrieron sus cabeceras con la noticia de que un inmenso meteorito se dirigía hacia la Tierra y que, en unos diez meses, impactaría sobre su superficie con una probabilidad del 95%, en cuyo caso desaparecería toda la vida conocida sobre el planeta. Los gobiernos habían intentado contener la noticia durante algunas semanas, pero finalmente resultó imposible ocultarla dado su calibre. La NASA y las agencias espaciales europea y rusa lo confirmaron: el fin estaba cerca.

La bolsa se desplomó y mucha gente decidió despedirse de su trabajo. En algunas ciudades hubo graves disturbios. Cundió la desesperación. La sociedad se descontrolaba por momentos.

Cinco días después de la noticia, en un lugar perdido del desierto comenzó a oírse un intenso zumbido procedente de debajo de la tierra. Cuando los vecinos cercanos llegaron al lugar, cavaron en dirección al zumbido y encontraron una extraña estructura.

Una semana más tarde, los noticieros informaron del hallazgo de una gran máquina de aspecto extraño y “tecnología desconocida”. Dada la acuciante necesidad de encontrar nuevas esperanzas, el mundo entero se volcó en el hallazgo. Día después se informó de que aquello “parecía ser un artilugio alienígena que quizás pudiera ser un medio de transporte hacia otro lugar del espacio”. La noticia fue recibida con inmensa alegría en todos los rincones de la Tierra. Poco después, cuando los científicos comunicaron al mundo que habían llevado a cabo con éxito la primera prueba de transporte, en todas las ciudades salió la gente a las calles a celebrar la nueva esperanza que se abría ante la Humanidad.

Inicialmente se creyó que otros seres habrían enterrado hacía mucho tiempo aquella máquina por si algún día la Humanidad estaba en apuros, y ese día había llegado. Sin embargo, las pruebas químicas de datación revelaron que la factura del artilugio era moderna, y se observó que la tierra en la que había permanecido enterrado había sido removida hacía poco tiempo. Por tanto, aquellos que querían ayudar a la Humanidad debieron colocar el artilugio recientemente allí como forma de salvarla ante ese meteorito en particular. Las declaraciones de algunos lugareños, que afirmaron haber visto unas extrañas luces en el cielo recientemente, corroboraron esta hipótesis. Quizás aquellos benefactores estuvieran en ese momento observando a la Humanidad recibir su regalo.

No obstante, de la esperanza se pasó pronto al recelo. Según los expertos (¿alguien puede ser experto en esto?), dadas las limitaciones de tamaño de aquel aparato, parecía que aquel artilugio “podría transportar alrededor de un millón de personas desde el momento actual hasta el momento del impacto del meteorito”. Si sólo podía viajar un millón de personas, ¿quién podría usarlo? ¿quién se libraría del fin del mundo y quién no? Aquí estaba el problema.

Tras unas intensos debates internacionales, se llegó al acuerdo de que los billetes para el artilugio se subastarían al mejor postor. Todo aquel que quisiera podría pujar una cantidad en una página web creada al efecto y, acabada la subasta, las pujas se revelarían. Entonces, el millón de pujadores que hubieran hecho las pujas más altas recibirían un billete y comenzarían a ser transportados.

¿Y qué se haría con el dinero recaudado en esa subasta? Con dicha suma se financiaría el desarrollo y construcción de una nave espacial que pudiera salir de la Tierra en diez meses, una inmensa nave en la que pudieran caber unos cinco millones de personas. ¿Y quién viajaría en esta nave? Viajarían los cinco millones de personas que hubieran quedado en la subasta por detrás del primer millón de pujadores, los cuales tendrían que pagar lo que hubieran pujado.

¿Y para qué serviría el dinero recaudado por la venta de esos cinco millones de billetes? Para construir otra nave, y así sucesivamente. Bajo esta idea de supuesta construcción de naves, estaciones en órbita y refugios de toda índole, construidos unos con lo recaudado por los otros, resultaba que toda la población mundial podría salvarse eventualmente… en teoría.

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El partido maoísta-leninista-zapatista se escindió en el partido ecologista-solidario y en el partido antiglobalista-internacionalista, el cual se escindió después en el partido revolucionario-antifascista y el libertario-sindicalista, el cual se escindió a su vez en otros partidos. Muchas escisiones después, el partido marxista-autogestionario engendró al partido de la acción-anticapitalista, formado por los antiguos miembros del partido marxista-autogestionario que eran partidarios de “pasar a la acción en la lucha”, si hiciera falta, “por medios respetuosos con la clase trabajadora, aunque no sean legales”.

Este partido con “vocación de gobierno” estaba formado por cuatro miembros: Miguel, creador compulsivo de software libre y autodidacta en varios temas; Ramón, que trabajaba para una empresa de I+D suministradora de Defensa para, según él, “destruir al sistema desde dentro”, hasta que fue despedido por el fracaso total del proyecto que dirigía; Juan, albañil, fontanero o lo que surgiera; y Gonzalo, secretario del partido, nadie sabía muy bien de qué vivía. El partido había tenido un quinto miembro, Roberto, que resultó ser un policía infiltrado de la brigada antiterrorista alertado por la agresiva simbología del grupo (sobre una estrella y una hoz se cruzaban una metralleta y una bomba, lo que no resultaba muy sutil). Cuando Roberto pudo comprobar in situ la nula capacidad operativa de aquel grupo y su irrisoria preparación para llevar a cabo cualquier tipo de atentado, en un gesto inusual él mismo se delató diciendo que “esto, más que miedo, da pena”. Aunque este incidente resultó ser humillante para el partido en un principio, el grupo no se desanimó y continuó su vocación de ser un grupo “armado”.

– La reciente y gravísima situación mundial actual hace necesario que pasemos a la acción ya. ¡Esto es una injusticia! – dijo Gonzalo mientras miraba el televisor con gesto grave.

– Vale, ¿qué hacemos? ¿lanzamos cócteles molotov a un banco? ¿y qué impacto social va a tener eso? – preguntó Juan.

– Tiene que haber algo que podamos hacer. Quizás podríamos usar nuestro conocimiento para hacer algo distinto. A ver, Ramón, ¿seguro que el cachivache ese que hiciste para el gobierno no sirve para nada? La palabra “desintegrador” parece indicar lo contrario…

– Te lo vuelvo a repetir, no es un rayo desintegrador, no se puede lanzar ni proyectar a distancia. Es un campo que se crea entre unos generadores que deben permanecer inmóviles. Queríamos venderlo como escudo antiproyectiles, pero descubrimos que, si un objeto lo cruza a más de 20 o 25 kilómetros por hora, entonces no se desintegra completamente. A más de 70 kilómetros por hora, el objeto que lo atraviesa llega al otro lado casi completo, así que no parece muy eficiente para parar una bala. Después de todo, parece que hicimos un carísimo destructor de papel. Dado su consumo energético, ni siquiera valdría en la práctica para eso. Cuando mi jefe vio en qué se había gastado nuestro departamento 10 millones de euros, y comprendió que no podría enseñar nada a los militares, empezó a tirar las cosas de mi despacho por la ventana. Casi me tira a mí también. Me echaron a patadas y ahí terminó todo.

– Pues estamos apañados…

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(Faltan 250 días para la catástrofe)

El método piramidal de subastas anidadas resultó ser un poderoso ingenio para mantener la paz social. Dado que cada nave, satélite, refugio, o lo que fuera era más grande a medida que se bajaba en la escala de puja, resultaba que casi toda la población mundial estaba a 5 ó 6 artilugios del primero, el transporte alienígena. Todo el mundo tenía algo por lo que luchar. Nadie pensaba, o nadie quería pensar, que era un disparate diseñar y construir una nave espacial para 5 millones de personas en diez meses. También era absurdo que se pudiera construir a tiempo un refugio preparado para mantener a 25 millones de personas a salvo del impacto, y así sucesivamente. Sólo el transporte alienígena existía en ese momento y, probablemente, en diez meses no habría nada más que eso. Así que, previsiblemente, solo se salvaría el millón de personas más ricas del planeta.

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– Pasa el tiempo, nos reunimos una y otra vez, y no hacemos nada. ¡Necesitamos pasar a la acción! ¿Y tú, el informático? ¿No podrías crear un virus que lo pusiera todo patas arriba?

– No es tan fácil, no soy un hacker. Eso sí, es cierto que el software gratuito que desarrollo es bastante popular. En tiempos de crisis todos quieren tener cosas gratis, así que suelo recibir muchas peticiones de empresas e instituciones… Mi librería de cálculo físico es quizás mi programa más popular.

– Vale, lo usamos para calcular cómo lanzar un pepinazo desde gran distancia y volar la sede del FMI o el Banco Mundial… pero seguimos sin tener pepinazo. ¿De dónde sacamos una bomba?

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(Faltan 200 días para la catástrofe)

Los medios de información cuyos propietarios tenían un billete para el transporte alienígena se empeñaron en mantener la paz social transmitiendo el mensaje de que la construcción de naves y los refugios avanzaba con rapidez. Sólo así podían evitar que las masas se lanzasen sobre la base en el desierto en la que se ubicaba el artilugio alienígena. Aunque aquel lugar fuera custodiado por decenas de miles de soldados (a los que se les regaló un billete para la nave que se estaba construyendo, la primera de todas las que estaban en construcción), todos esos soldados no podrían hacer nada contra millones de personas si prendía la llama de la desesperación. La construcción de naves y refugios debía ir bien para evitar la rebelión.

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– Joder, estoy seguro de que no hacen más que mentirnos – dijo Gonzalo mientras miraba el televisor -. Todos esos cabrones mintiéndonos sobre la situación y nosotros aquí sin hacer nada.

– Mirad, hoy os he traído un pequeño prototipo del  desintegrador para que lo veáis – dijo Ramón -. Para hacerlo más chulo, he puesto algunos cristales coloreados en los generadores. Así, el campo toma un aspecto curioso.

El artilugio era un aro circular metálico de cincuenta centímetros de diámetro. Al pulsar un botón, el espacio que circunscribía el aro se volvió rojizo. Suaves ondas de tonos azulados y verdosos cruzaban en el círculo en varias direcciones.

– Un día un ratón atravesó uno de estos mientras estaba encendido. Es curioso, no gritó ni retrocedió. Supongo que nuestro sentido del dolor está preparado para sentir cortes, quemaduras, aplastamiento, pero no para simplemente… desintegrarnos. Así que el ratón cruzó sin más… y no llegó nada de él al otro lado.

– Bonita metáfora de la explotación patronal… ¡Así nos joden todos los días a la clase trabajadora, sin que nos demos cuenta! – gritó Gonzalo.

– Vale, genial, pero esto no nos sirve para nada. Necesitamos una bomba, no un… caro destructor de papel.

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(Faltan 150 días para la catástrofe)

Ahora que ya habían montado en el transporte alienígena muchos de los que tenían un billete, el control de los medios de comunicación comenzó a relajarse y empezó a filtrarse información de que la construcción de las naves y refugios no iba tan avanzada como se decía. Los que tenían billete para la primera nave sabían que los refugios no iban bien, pero callaban para que una revuelta no impidiera que se construyera su nave. Pero empezaron a oírse rumores de que ni siquiera sus naves habían empezado a montarse, y empezaron a investigar.

La presión iba en aumento. En un mes aproximadamente, el meteorito debería empezar a ser visible con un telescopio de aficionado que tuviera gran calidad, y entonces el pánico cundiría.

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– Es curioso. Hoy he recibido un e-mail de un tipo de la NASA. ¡Hasta la NASA usa mi librería de cálculo de movimiento físico! Si es que los recortes de presupuesto han hecho que ya nada sea lo mismo, no tienen un duro. Ese tipo me ha contado que la agencia espacial europea también usa software libre de otro tío, un noruego con el que a veces intercambio e-mails, un buen tío… Parece que, conforme a los protocolos internos de las agencias espaciales, ellos mismos deberían hacer esos programas, pero me ha dicho que tienen que recurrir a software gratuito porque, desde que empezó la crisis y los gobiernos cerraron el grifo, el dinero no les da para más.

– ¿Y qué te pedía aquel tipo de la NASA?

– Que por favor actualizase algunas funciones de cálculo de trayectorias, las que toman datos de paralaje e introducen los efectos relativistas en el cálculo.

– Vale, no entiendo nada.

Juan miraba absorto el desintegrador que había dejado Ramón unas semanas antes en la mesa.

– Espera, se me está ocurriendo algo – dijo de repente.

– ¿Sí?

– ¿Y si la próxima versión de tu programa fuera incorrecta? ¿podría hacerse de una manera sutil?

– Bueno, hay muchas formas… podría calcularse mal la corrección por el efecto Doppler, por ejemplo… ¿para qué?

– Y ese tipo, el noruego, ¿podríamos confiar en él?

– Bueno, por lo que sé, creo que está cercano a nuestras ideas, él también está muy quemado con la crisis, podríamos sondearle.

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(Faltan 100 días para la catástrofe)

El señor Gutiérrez, presidente del ‘Rho Banco Misión LTD’, sonrió al ver el transporte alienígena.

El científico jefe se presentó ante la familiar Gutiérrez.

– Aquí lo tienen, una maravilla – dijo el científico jefe -. Al principio recelamos un poco, pero la prueba que hicimos aquel primer día, hace ahora ya más de tres meses, con aquel perro, fue extraordinaria.

– Sí, lo recuerdo en las noticias – respondió Gutiérrez -. Volvió sano y salvo, ¿no?

– Bueno, creo que los medios de comunicación tergiversaron nuestras palabras, quizás por la necesidad que había en aquellos primeros oscuros días de dar esperanza y frenar los disturbios a nivel mundial, ¿recuerdan? Lo cierto es que, hasta donde sabemos, esta máquina solo permite hacer viajes de ida. Pero la máquina traslada las cosas a otro lugar muy lejano, de eso no hay duda. Ninguno de los robots de grabación que hemos introducido ha regresado. Desde luego, en la Tierra no están, pues recibiríamos su señal donde quiera que estuvieran. Creemos que esto es la entrada a un agujero de gusano.

Acto seguido, el científico jefe pulsó un botón. El interior del aro metálico de cuatro metros que se levantaba ante ellos comenzó fulgurar con un brillo rojizo, solo perturbado por suaves ondas azuladas y verdosas que cruzaban el círculo en todas direcciones.

– ¡Mira papá! – dijo uno de los hijos de Gutiérrez – ¡Es un teletransportador, como los de las pelis!

El señor Gutiérrez sonrió.

– Adelante – dijo el científico jefe.

Gutiérrez cogió a uno de sus hijos en brazos y dio la mano a su mujer. Juntos se adentraron con paso decidido en el teletransportador. A su rastro dejaron una onda en el círculo, que se propagó suavemente hacia fuera. Ya no quedaba rastro de ellos.

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– Yo este plan lo veo un poco endeble… – dijo Miguel mientras se frotaba las manos para mitigar frío – ¿hasta cuándo usarán unos programas que irán dando datos cada vez más incorrectos? ¿qué pasará cuando vean con sus propios ojos que aquella roca no se acerca directamente, que los programas mienten clamorosamente?

– Mientras todas las agencias espaciales digan lo mismo, lo que digan irá a misa – respondió Gonzalo mientras apuntaba su linterna hacia el agujero.

– Pero es no durará siempre. En cinco o seis meses, los errores de cálculo de mi programa y los del noruego serán evidentes.

– Bueno, si para cuando se den cuenta ya han entrado en el teletransportador cien o doscientas mil sanguijuelas, entonces cien o doscientas mil sanguijuelas menos habrá – dijo Juan mientras controlaba diestramente los mandos de las excavadora.

– Teníamos que reaccionar ante la profunda crisis económica mundial creada por los capitalistas, ante las mentiras que nos dicen constantemente sobre ella, y esta es nuestra respuesta.

A los mandos de la excavadora, Juan seguía enterrando aquel agujero. Todavía podía verse parte del gran aro metálico, semienterrado, en cuya superficie Gonzalo había tallado relieves con estrellitas y un montón de palitos que representaban el número pi en numeración binaria.

– Dios, van a tardar veinte minutos en darse cuenta de que ese cacharro no es alienígena. Todo esto es muy cutre.

– Todo depende de lo desesperados que estén. Todo depende de las ganas que tengan de que eso sea un teletransportador alienígena – dijo Ramón mientras dirigía unos inmensos proyectores de luz hacia el cielo. Las luces creaban un efecto extraño al reflejarse sobre las nubes nocturnas. Aquello debía verse a kilómetros.

– Mucho confías tú en el poder de la sugestión.

– En cualquier caso, cuando lo enciendan van a flipar – sentenció Ramón -. El proyecto de desarrollo de este cacharro era secreto de máximo nivel, así que menos de diez personas en el mundo han visto un cacharro similar funcionando. Y no se me ocurre ningún criterio bajo el cual ninguna de ellas vaya a ser seleccionada por la clase dirigente para viajar a las estrellas. Ninguno de ellos llegará a tener esto ante sus ojos. De hecho, nadie salvo nosotros lo ha visto funcionando con las ondas de colorines que provocan los cristales que coloqué. Joder, es igual que los de las pelis. Van a flipar.

– ¿Y si hacen un sorteo para decidir quién entrará? ¿y si matamos a cientos de miles de trabajadores inocentes?

– No, no lo harán. No sé cómo lo harán, pero se las apañarán para salvarse los de siempre.

– Ya casi está enterrado. Unos minutitos y listo – dijo Juan satisfecho mientras echaba tierra sobre el artilugio.

– Date prisa, anda, que en este desierto hace un frío que pela.

(Faltan 350 días para la catástrofe)

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13 respuestas a Conspiración en tiempos de crisis

  1. Yohana dijo:

    Este cuento es muy bueno. Hasta se podría haber escrito una novela de él.
    Bueno, en realidad no creo que la mentira hubiera durado mucho tiempo en la vida real. También hay cientificos que habrían podido fácilmente dudar. Pero la historia es muy buena.

    • Isma dijo:

      De hecho, mi idea original no fue que el plan fuera llevado a cabo por un grupo de cuatro mindundis que no tienen ni idea de terrorismo, sino que lo hubiera llevado a cabo el espionaje de un país para descabezar a la élite económica del país rival. Me parecía más plausible que el espionaje de una superpotencia fuera capaz de hackear los sistemas de control de telescopios y satélites, sobornar o asesinar a todos los que pudieran descubrir el pastel, etc.

      Pero en el último momento pensé que la cosa podría tener mucha más gracia si el mayor timo de la Historia era llevado a cabo por una panda de cuatro colgaos, que acaban urdiendo un plan que funciona precisamente porque sus enemigos están podridos de dinero, los cuales, en un último acto injusto, usan todo su dinero para ser ellos los que se “salven”, condenándose en realidad.

      Ya sé que así la cosa resultaba bastante más increíble, y que difícilmente podrían haber engañado a tanta gente hasta apenas 100 días antes de la supuesta catástrofe… Pero precisamente la precariedad del plan es una parte de su interés, pues da más peso a la sugestión social. Si alguien nos hubiera contado hace veinte años el 11-S, no nos lo hubiéramos creído por cutre e increíble. Pero ahí lo tienes.

      Tomo nota para escribir algún día la otra versión más realista, basada en espías y tal…

  2. Yohana dijo:

    Bueno, pienso que te pega escribir novelas de conspiraciones y espías.
    Seguro que si te pusieras a ello te quedarían bien.

    • Isma dijo:

      Sí, tampoco necesito encasillarme con la ciencia-ficción. El género me gusta mucho, pero también me gustaría probar otros. 🙂

      Siempre me han llamado la atención los típicos best-sellers y cómo muchos de ellos suelen estar cortados por el mismo patrón. Alguna vez me gustaría intentar escribir algo conforme a dicho patrón universal, pero intentando darle una vuelta de tuerca a algo… Fíjate que la mayoría de los best-sellers cumplen al menos tres de las siguientes cuatro condiciones (algunos pocos, sólo dos):

      1.- Se presenta una saga familiar (puede ser una familia o varias) donde vas viendo a lo largo de muchos años la evolución vital de sus miembros: sus amores, nacimientos, muertes, etc.

      2.- Los personajes, cada uno con un caracter muy definido, se entretejen con su entorno como en las telenovelas, dando lugar a amores, envidias, odios, traiciones, venganzas, etc. La verosimilitud de estas tramas es irrelevante siempre y cuando ocurran muchas cosas variadas. No es necesario que ninguna de las cosas puntuales que ocurra (los amores, los odios, las traiciones, las venganzas, etc) sea original por sí sola, pues la “originalidad” procederá de cómo esas subhistorias se entremezclan de manera caótica. Dado que tales subhistorias se pueden mezclar, en realidad, al azar, no es difícil alcanzar dicho tipo de “originalidad”.

      3.- Todo se ambienta en alguna época pasada en la que hubo guerras o grandes cambios sociales. Lo de la época pasada sirve para ambientar exóticamente y para que, si el autor se documenta un poco, pueda meter todo tipo de detalles extraños, algunos documentados y otros no, sin que nadie pueda criticarle la exactitud de los segundos, pues ya no queda nadie que estuviera allí. Además, la ambientación histórica también sirve para tomar los mitos de una época y pervertirlos de alguna manera.

      4.- Los buenos son muy buenos y los malos son muy malos.

      A priori, escribir algo que cumpla 1, 2, 3 y 4 no parece requerir mucha originalidad, sino más bien paciencia… Y sin embargo, la inmensa mayoría de novelas no llegan a best-seller, es obvio… ¿Por qué? 😦 ¿Olvido algún punto 5?

  3. Yohana dijo:

    Bueno, es lógico que los escritores profesionales, es decir estos que viven de lo que escriben, tengan que adaptar sus escritos a lo que el público busca en sus lecturas. Y lo que dices en el punto 1,2 y 4, suele ser una versión más sofisticada de “salvame”, lo que parece atraer a mucho público.
    Con respecto a 3, bueno, lo de pensar que el tiempo pasado siempre fue mejor, es un tópico muy humano. Pero reconozco que tiene que ser dificil escribir una buena obra ambientada en el pasado, porque para que sea realmente buena, (o esa es al menos mi opinión) tienes que estar muy bien documentado.
    Con respecto al punto 5, pues creo que yo tampoco tengo la respuesta. Opino que hay un montón de libros buenos olvidados, y otros que están sobrevalorados. El porqué no lo sé.Quizás tenga que ver más con la fama que adquieren (marketing), ó con un estudiado boca a boca.

    En cualquier caso, si algún día te decidieras a escribir una novela de este tipo, casi te recomiendo que busques asesores mejores que yo. A mí me gustan los libros que se salen un poco de la norma, aunque contradictoriamente a mis palabras, en el top 2 de mis favoritos se encuentran dos libros muuuyyyy populares.

    • Isma dijo:

      Jejeje… Claro, los best-sellers enganchan. He leído varios de ellos con gran gusto y de tirón. Uno disfruta mucho mientras los lee, pues la manera en que el autor mantiene el ritmo suele ser magnífica. Pero al menos a mi me pasa que, muchas veces, me dejan poco poso tras terminarlos. Si no me sorprendieron mucho ni me hicieron pensar, entonces en una semana olvido los nombres de muchos personajes, en un mes olvido muchas de las tramas… y en un año olvido la existencia del propio libro. Son el equivalente a las películas de Hollywood con gran presupuesto y grandes efectos especiales: ciertamente están muy bien hechas y jamás te aburres viéndolas, pero es difícil recordarlas a largo plazo. Supongo que sólo lo raro resiste el paso del tiempo en nuestra memoria. De hecho, casi todos los libros y películas que recuerdo con intensidad tienen algo raro. No obstante, curiosamente, casi ningún best-seller cuenta nada que sea radicalmente original o rompedor, nada que en el fondo no se haya contado antes una y mil veces de otra manera, en otro lugar y en otro tiempo… ¿Por qué?

      Quizás ésa sea la primera condición para ser best-seller. Decía Tolstoy que sólo hay dos tipos de buenas historias: (1) Un hombre emprende un viaje; y (2) Un extraño llega a la ciudad. 🙂 Es una simplificación, pero las historias de los best-sellers suelen encajar en alguno de cierto número pequeño de patrones básicos, los cuales llevan repitiéndose en la literatura universal desde la antigüedad.

  4. Yohana dijo:

    Es cierto que algunos best-sellers solo sirven para entretenimiento personal durante un tiempo, y luego los olvidas, y a veces a mí me ha pasado, que había olvidado hasta que me había leído el libro.
    Recuerdo que el peor libro que me he leído (mira, de ese también me acuerdo), era uno que precisamente su intención era la de ser “raro-original”.La idea consistía en que ni la historia (perdón, no había historia), ni los párrafos, ni las frases tenían sentido. Al final el libro era tan interesante como leerte la guía telefónica.Lo peor del asunto es que me lo terminé.
    Sí que es verdad que los libros que recuerdo con más cariño suelen tener algo peculiar, o me hacen reír mucho. Pero los que más me suelen gustar son aquellos en donde, además de una buena historia, los personajes (cuantos más mejor) suelen estar estudiados y son consistentes.
    Creo que lo que me gusta es sentirme identificada. Al fin y al cabo, en eso consisten los libros (películas, series, etc..) en plantearte que tú responderias igual o distinto en las mismas circunstancias que el prota, en sentir empatía, vamos, en salir por un rato de tu rutinario mundo.

    • Isma dijo:

      Ummmm… Creo que has dado exactamente con la clave de lo que estaba buscando y no estaba viendo. Tanto cuando leo como cuando escribo, tiendo a sobrevalorar la importancia de la sorpresa y de la novedad. Pero olvido que una parte importantísima del placer de leer, en realidad la más buscada por los lectores, es identificarte con uno o varios personajes y, a través de ellos, “vivir” algo diferente a nuestra vida normal. Si el escritor logra que el lector se identifique, entonces se le contagiarán las emociones de los personajes… Y si la historia puede contagiarte el miedo, la pasión, la ira, etc, entonces la originalidad no es imprescindible.

      Por ejemplo, por eso las historias de buenos muy buenos y malos muy malos suelen triunfar. Mucha gente se considera a sí misma como buena por definición y, por su actitud defensiva, tiende a ver a los demás como sospechosos. Así que, si les presentas una historia de buenos y malos, entonces se identificarán inmediatamente con el bueno. Identificación garantizada desde el principio. (Por cierto, yo no suelo sentir empatía ante esas historias, lo que supongo que dice algo de mí mismo)

      Es como dicen en publicidad: empieza el spot con una frase con la que el comprador se sienta identificado (“eres un triunfador”, “las manchas de barro son un rollo”, “los hombres no ayudan en las tareas domésticas”). Así el comprador potencial se posicionará contigo. Justo después dile que tu producto es bueno, y te creerá. Todo va sobre empatía.

      Cuando leo y escribo, suelo ser más analítico que empático. Solía pensar que lo que le faltan a mis historias son descripciones fastuosas, metáforas coloristas, etc. Pero no. Lo que necesito imprimirles es más empatía.

  5. Yohana dijo:

    Pues me alegro de haberte ayudado en algo, de verdad. Aunque yo creo a tus personajes sí que les imprimes personalidad, y puedes tener empatía hacia ellos. Se nota mucho la progresión. El problema es que a veces, les fuerzas a hacer cosas muy radicales, con las que la mayoría de la gente ni se siente identificada, ni cree que llegaría a hacer nunca (aunque puede que se equivoquen). A mí me gustan, porque no pierdo de vista el hecho que solo son historias, y son originales, inteligentes y llenas de ironías (je,je, me río mucho). Aunque creo que estoy perdiendo objetividad.

    Con respecto al tema de volverse suspicaz, puede ser verdad. Es naturaleza humana.

    Veo que el tema del marketing también te interesa; no lo hubiera dicho. Pero es una buena forma de obtener ingresos extra. Ahora solo tenemos que conseguir una difusión mundial del blog, y te lloveran las ofertas de publicidad. (¡qué bien pensado!)
    je, je..muy currado, me gusta.

    • Isma dijo:

      ¡Gracias! 🙂 Lo cierto es que aprendo mucho de todos los que leéis y me decís vuestra opinión. Muchas veces tiendo a presentar las historias de manera minimalista, es decir, con sólo lo necesario para que se cierre el círculo que tengo en mente. Es decir, sólo pongo el mínimo número de frases necesarias para que al final salga lo que quiero, todo es “para el final”. Pero si consigo cierta empatía del lector, entonces el “durante” será más placentero, lo cual es más importante cuanto más larga sea la historia, pues hay más “durante”. Bueno, estoy tratando de aprender. Voy pasito a pasito. 🙂

      Para lograr publicidad del blog, hace tiempo me planteé crear una religión con un cuento. Pero fomentar la llegada de fanáticos deseosos de verdades absolutas y no discutibles no llenaría el blog de mentes abiertas, sino de lo contrario. Sería el público opuesto del que necesito en un blog de ciencia ficción. Por eso (y por cierta conciencia cívica) “Nuevo testamento solipsista” acaba mal y contiene burlas al protagonista. Quería evitar que alguien muy sugestionable lo tomara demasiado en serio, más allá del simple juego intelectual.

      No, lo que necesito para llenar el blog de la gente a la que podrían gustarle mis historias es otra cosa bien distinta… Quizás funcione cierta historia bastante especial que tengo pensada, que trascendería a sí misma de cierta menera llamativa. La escribiré en cuanto pueda. Veremos qué tal.

  6. Yohana dijo:

    Ahora me estoy leyendo a Lovecraft, y me recuerda más a np-completo que Cortázar.(bueno, si le quitas la parte gótica, claro). Pero fue un escritor más de cuentos cortos y ha creado, por cierto, toda una legión de incondicionales seguidores.
    Yo que tú no me esforzaria tanto en amoldar tus creaciones al gusto general. Aparte de que no lo vas a conseguir (hay gustos para todo), si te dedicaras a hacerlos más lógicos, consistentes etc..perderían parte de su encanto. El escritor eres tú, y si decidieras aceptar consejos de alguien, yo los aceptaría solo de otro escritor.

    Vale, las verdades absolutas no existen. Pero sabes a lo que me refiero.
    Y creo que por definición, nadie que tuviera una mente cerrada podría seguir de forma habitual este blog.

    • Isma dijo:

      Hace mucho que no leo a Lovecraft. Recuerdo particularmente lo bien que ambientaba.

      Vale, intentaré mantenerme relativamente independiente. No puedo ocultar que uno de los objetivos del blog es aprender de los que me leéis, viendo qué os gusta más y qué os gusta menos. Pero también debo ser fiel a mi estilo: sin él, sin especialización, no se puede gustar mucho a nadie. Es como si comparamos “Médico de familia” con “South park”. “Médico de familia” tenía como objetivo tener a toda la familia delante de la tele, así que incluía tramas de niños, tramas de adolescentes, tramas de adultos y tramas de ancianos. Posiblemente no entusiasmaba a ninguno de los cuatro colectivos, pero no disgustaba demasiado a nadie. “South park” disgusta a casi todo el mundo, pero entusiasma a un público muy determinado. Los libros y cuentos no son como ver la tele: para leer un libro no tienes que convencer a toda la familia de que lo lea a la vez que tú. Así que la gente busca sus “South park” particulares, más que “Médicos de familia”. Es difícil entusiasmar a muchos sin especializarse.

      En un par de días colgaré una nueva tanda. Ya voy perfilando cuáles serán…

  7. Yohana dijo:

    je,je, vaya ejemplos: “South Park” con “Médico de familia”.Son dos puntos extremófilos.
    Pero entiendo la comparación.

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