Soy todos y nadie

Don Fulgencio Gutiérrez pasa las horas solo, sentado en su silla, sin saber exactamente quién es, sin recordar nada.

– Señora Gutiérrez, cuánto gusto, hace mucho que no la veíamos por aquí.

– Sí, no saben lo liada que he estado… Ustedes dirán.

– No recuerdo si he desayunado ya… ¿lo he hecho, hija?

– Sí papá… Espera, no interrumpas al doctor.

– Ah, ¿este señor es un doctor? ¿es mi doctor?

– No sabemos muy bien cómo salió del centro. Debió unirse sin darse cuenta a un grupo de visitantes cuando se dirigían a la calle. Le encontramos ayer en una avenida cercana tratando de entrar en un portal. Estaba empeñado en que ahí estaba su casa.

– Me hago cargo.

– ¿Qué está diciendo este señor, hija?

– Verá, había algo más de lo que quería hablarle. Ha surgido un nuevo tratamiento experimental y quería comentárselo.

– ¿Tratamiento experimental?

– Es difícil de explicar, lo llamamos reconexión cuántica. ¡Es algo muy avanzado!

– Cuénteme.

– Verá… Como sabe, la enfermedad de su padre hace que algunos grupos de neuronas pierdan la capacidad de trasmitir el impulso eléctrico que es la base del pensamiento y los recuerdos, ¿verdad? Pues bien, esta nueva técnica consistiría en dotar a las neuronas de una cierta capacidad para comunicarse con otras neuronas con las que no están unidas directamente. Digamos que unas neuronas podrían comunicarse con otras a distancia, es lo que llamamos conexión cuántica. Así, los grupos de neuronas sanos podrían comunicarse entre ellos y recuperar la capacidad de formar recuerdos.

– No sé qué decir, esto es muy sorprendente. Cuénteme más.

– ¿De qué habla este señor, hija?

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– Los progresos de su padre durante las últimas semanas son realmente significativos. Realmente ha creado recuerdos nuevos. Le hemos explicado que tiene una enfermedad y lo recuerda. Recuerda que está aquí y por qué. Incluso recuerda lo que cenó ayer. Es fascinante.

– Esto es magnífico.

– Si podemos confirmar su progresión, podríamos darle el alta en menos de un mes. Podría volver a su propia casa y llevar una vida normal.

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– Parece que esa cosa que me han hecho me está permitiendo incluso recuperar algunos recuerdos antiguos. Algunos de los… “caminos” que se habían roto en mi cerebro se han rehecho al reconectarse las zonas sanas. Recuerdo cuando naciste e incluso cuando te graduaste.

– Es genial, papá. Tenemos tanto tiempo que recuperar.

– Incluso recuerdo cuando fui a verte a Suiza durante esas semanas en que trabajaste allí.

– Ummm… me temo que ahí estás confundido, finalmente no viniste.

– Pero recuerdo ese lugar perfectamente. Incluso tu casa… La cocina estaba a la izquierda, el salón pintado de morado a la derecha. Los vecinos tenían un dálmata y una barbacoa verde en su jardín.

– Pe… pero… no es posible… ¿cómo es posible? ¡si nunca estuviste allí!

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– ¿Cómo puede esto estar ocurriéndome, doctor?

– Es un efecto inesperado de…

– ¿Efecto inesperado? Durante días he creído que tenía un hijo de ocho años y una casa con jardín plantado con lirios… que ese hijo iba mal en matemáticas… Cuando he recordado los trayectos en coche desde esa casa hasta esta clínica, me he dado cuenta de que recordaba entrar siempre en este despacho. Y así he podido darme cuenta de que esos recuerdos no son los míos, ¡sino los de usted!

– Sí, esto es realmente incómodo… déjeme explicarme… parece que la capacidad de sus neuronas para conectarse a otras neuronas a distancia no se ha limitado a su cerebro. Sus neuronas se están comunicando con las neuronas de las personas que tiene a su alrededor. Creíamos que una serie de impulsos neuronales de otra persona nunca podrían tener significado en su cerebro, pues pensamos que la forma en que… mi cerebro almacena el concepto de lirios o matemáticas… sería incomprensible en otro cerebro. Pero parece que, al acceder a mis pensamientos o a los de los demás, usted consigue también acceder a los demás pensamientos de esas personas que permiten comprenderlos. Y los integra como suyos…

– ¡Yo no quiero esto! ¡Ayúdeme, por favor! No sé cuál es mi verdadero pasado… Confundo mis recuerdos con los de las de mi familia, los enfermeros, otros pacientes del centro… ¡quiero tener mi propia mente!

– Estamos estudiando su caso, estamos viendo qué puede hacerse…

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– Me… me ha llevado bastante tiempo lograr darme cuenta de que estos recuerdos era tuyos… ¿por qué no dejaste a ese cabrón cuando te hizo eso, hija? ¿por qué no me lo contaste? ¡tendrías que dejarle ahora, inmediatamente!

– ¡Papá, no tienes ningún derecho a meterte en mi cabeza para decirme lo que tengo que hacer y lo que no!

– ¡Soy tu padre! Y lo de meterme en tu cabeza y en todas las demás, no puedo evitarlo… No… no te enfades así… ¡no te vayas! También quería hablarte de… he pensado en vender la casa de la playa.

– ¿Casa en la playa? ¿Qué casa en la playa? ¡Nunca has tenido una!

– ¿No? Si la recuerdo perfectamente… Espera… ¿entonces quién la tiene? ¿será la enfermera? No, volvamos al tema… ¡Abandona a ese cabrón!

– ¡Te repito que no tienes derecho a meterme en mi cabeza y decirme lo que tengo que hacer! ¡Déjame en paz! ¡Me voy a casa! ¡Adiós!

– ¡No puedo evitarlo! ¡Tienes que divorciarte de ese hijo de puta! No… ¡No te vayas!

– Señores, la cena está servida.

– ¡Hija! ¡Hi..! Bueno… se ha ido… vaya… ¿otra vez macarrones con tomate? ¿o no fui yo quien los comió? joder, todavía recuerdo el gusto del tomate… ¿quién comió macarrones ayer?

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– He sido doctor, enfermero, albañil, pianista, vividor de las rentas, ladrón, vagabundo y varias cosas más. Desde el día que me escapé de la clínica y me di un paseo por el aeropuerto, esa lista ha crecido muchísimo más, y ahora sólo hay una docena de países reconocidos por la ONU en los que no recuerdo haber estado. Recuerdo haber dado a luz varios cientos de veces. Decenas de recuerdos traumáticos me han provocado fobia a los insectos, las serpientes, las billeteras, los estampados a lunares, los himnos, las roturas de cadera, Ronald McDonald, Elmo y la letra P, entre otras muchas cosas. Estos recuerdos van diluyendo la persona que fui. Dentro de poco, quizás días, la posibilidad que de que sea un enfermo sometido a un novedoso tratamiento para la memoria será solo una entre otras muchas, después será una entre miles, y finalmente no daré más plausibilidad a ese pasado que a mi pasado como domador de circo o como tanatopractor. Entonces, dado que no tendré motivo para creer que soy la falsa suma de muchos recuerdos ajenos, creeré que todos esos recuerdos son realmente míos. ¿En qué me convertirá eso, doctor? Por favor, ¡ayúdeme!

– Eso intentamos, estamos buscando una manera, pero no es fácil. No es nada fácil…

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– Señora Gutiérrez, cuánto gusto, hace mucho que no la veíamos por aquí.

– Sí, no saben lo liada que he estado… Ustedes dirán.

– No sé si he desayunado ya… ¿lo he hecho?

– Sí papá… Espera, no interrumpas al doctor.

– Ah, ¿es mi doctor? ¿no es mi jefe? no, espera… ¿no es mi amante? ¿dices que mi doctor? Bueno, también puede ser…

– Le encontramos en la calle tratando de entrar en un portal cercano. Tenía a su lado un carro repleto de compra y afirmaba que su mujer, con la que supuestamente vivía allí, le había pedido una hora antes que fuera a comprar. Le descubrió en el portal el empleado de mantenimiento de nuestro centro, que curiosamente vivía en ese bloque, cuando él mismo volvía de hacer la compra.

– Me hago cargo.

Don Fulgencio Gutiérrez pasa las horas solo, sentado en su silla, sin saber exactamente quién es, recordándolo todo.

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4 respuestas a Soy todos y nadie

  1. Yohana dijo:

    Este es también uno de mis cuentos favoritos. Una estupenda combinación entre ciencia ficción, drama personal e ironía.
    Enhorabuena

    • Isma dijo:

      La ciencia ficción ya ha abordado antes el tema de que una persona es tratada de una cierta enfermedad y el tratamiento funciona inicialmente, pero finalmente su efecto se desvenece y el sujeto vuelve a su estado anterior. En el cuento “Flores para Algernon”, un retrasado mental recibe inteligencia y luego la pierde, y en la película “Despertartes”, una persona en estado catatónico logra “despertar” pero luego vuelve al estado vegetal. Son ejemplos del esquema más general tipo “los hombres juegan a ser dioses sanando por medio de la tecnología, pero luego los dioses les castigan”, tratado varias veces en la literatura.

      Lo que me pareció interesante para esta historia es que la degeneración se debiera a que el tratamiento funcionase cada vez mejor, no a que su efecto se desvaneciera en el tiempo porque e.g. envejeciera el cerebro o cada vez hicieran falta dosis más grandes para lograr el mismo efecto. Un individuo que no recuerde nada de su pasado, y otro que recuerde el pasado de todos los que le rodean, se encontrarán paradójicamente en la misma situación: en ambos casos habrán perdido su identidad. Por eso pensé que utilizar una enfermedad de pérdida de la memoria, tipo alzheimer, daría mucho juego.

      Si quieres leer una historia donde el proceso “tratamiento funciona ==> tratamiento degenera” se desarrolla con maestría dramática, lee el cuento “Flores para Algernon” que he mencionado antes. Contaba Isaac Asimov que, cuando Daniel Keyes ganó el premio Hugo por el cuento, se preguntaba una y otra vez “¿cómo lo hizo? ¿cómo lo hizo?”. Yo me lo pregunto tambíen, y de hecho creo que es una de las mejores historias que he leído nunca. Parece que, si simplemente escribes el título del cuento en Google, encuentras el texto.

      Es más: aunque la idea de narrar historias dramáticas en forma de diario es clásica (e.g. El diario de Ana Frank), es probable que yo decidiera narrar “El cumpleaños de Nacho” en forma de diario por influencia de “Flores para Algernon”. Lo pongo en mi top 10 de cuentos que más me han impactado nunca, junto a “Por sus propios medios”, “Todos vosotros zombis”, “Dios microscópico”, “Universo” y “La última pregunta” (todavía tengo que decidir cuáles son los otros cuatro, hay muchas buenas opciones).

  2. Yohana dijo:

    Ya me he leído el cuento de “Flores para Algernon”, y es realmente bonito. No me extraña que le dieran varios premios (recuerda que soy una chica).Viene a apoyar mi teoría de que uno es más féliz en la ignorancia.(Lo ví en Don Orione).

    • Isma dijo:

      Es una historia preciosa, a mí también me emocionó. Muestra la esencia de lo que para mí debería ser una buena historia de ciencia ficción: partimos de un punto de partida fantástico pero plausible, después la historia se desarrolla consistentemente con ese punto de partida, y finalmente se muestra que la fantasía era, en realidad, una excusa para mostrarnos con gracia y alegoría algo sobre nuestra propia naturaleza humana. Lo fantástico se usa para llevar al humano a una situación extrema inimaginada y hacernos reflexionar sobre nosotros mismos (reír, llorar, temer, querer, etc).

      Viendo historias como ésas, recuerdo a qué quiero aspirar. En fin, sigamos practicando. 🙂

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