El contador

Vamos bien, es el momento. “¿Te apetecería…?” digo. Me interrumpe. “Me gustas… pero…”. Oh, oh. “Es… el contador” dice señalando sobre mi cabeza. ¡Otra vez el contador!

“No lo entiendo…” logro articular. Pero ya me conozco esto. “No tendríamos futuro” dice. “No me gustaría colgarme y… bueno…”. Siento rabia, la interrumpo. “Pero nadie piensa a tan largo plazo, ¿no? ¡Por Dios! No te estoy pidiendo que… nos casemos y tengamos hijos… Solo… salir”. Ella replica. “Sí, pero… para empezar algo, me gusta creer que es posible tener futuro… aunque no piense en el futuro, ya sabes”. Estoy confuso. “Hay muchas chicas a las que no les importará” añade. Sé que hay muchas a las que sí.

Bebe de su bebida. “Si empezásemos algo, entonces, con esa fecha…” dice señalando sobre mi cabeza. La interrumpo bruscamente. “¡No! ¡No me la digas! ¡No la sé!”. Ella se sorprende. “¿Cómo? ¿Eres de esos que se empeña en no saberlo? ¿Cómo lo consigues? ¿Cómo…?”. Entonces entiendo que realmente no tenemos futuro. Charlamos un rato más, pago las bebidas, me despido amablemente y me voy.

Teniendo en cuenta la fecha que ella tenía flotando sobre su cabeza, que ella conocía, la fecha de mi contador se acota bastante. ¡No quiero saberlo!

Por la calle, como siempre, evito mirar los cristales de los escaparates, evito los reflejos. Observo la gente que me rodea y las fechas que flotan sobre sus cabezas.

Llego a mi casa, en la que no hay espejos. Un día más, sigo desconociendo la fecha de mi muerte.

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2 respuestas a El contador

  1. Yohana dijo:

    Pobre muchacho, pero ella tenía razón. Debería buscar a una de esas chicas a las que no les importe el contador, que por lo visto las hay. Pero para el resto, quizás el asunto se reduce a términos reproductivos: las chicas no tienen tiempo que perder.

    • Isma dijo:

      Claro. El enorme gasto energético y vital que supone embarazarse hace que, normalmente, las mujeres necesiten imaginar un futuro para emparejarse o tener sexo… independientemente de que dicho futuro imaginado tenga sentido, o bien sean conscientes de que tal futuro imaginado sea en el fondo una locura. Y, como ya comenté alguna vez, los hombres dejarían de desear despreocupadamente tener sexo puntual con mujeres atractivas pero tontas si existiera una cierta probabilidad de que se quedasen embarazados de ellas.

      Ciertamente, las relaciones sociales cambiarían si todos tuviéramos sobre la cabeza un letrero con la fecha en la que moriremos. Dentro de las muchas que cambiarían, quizás la más obvia sería cuando fuéramos a hacernos un seguro de vida. 😉

      Por cierto, como puse en mi último comentario en “Marichoni…”, leí “Pensar como un dinosaurio” y me gustó mucho, gracias por recomendármelo. 🙂

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