En busca del desinterés total

Mi tesis doctoral, versada sobre la identificación y clasificación de los estímulos sensoriales con mayor capacidad de llamar la atención, estaba evidentemente atascada. Digamos que somos muchos los publicistas que estamos interesados en ese tema, por no hablar de los psicólogos y de unos cuantos psiquiatras y neurólogos. Por tanto, para que mi investigación aportase algo nuevo, necesitaba hacerlo desde un punto de vista distinto.

Un día propuse a mi director de tesis la posibilidad de abordar el problema desde el punto de vista opuesto. En lugar de buscar los estímulos que llaman la atención, podría tratar de identificar los estímulos que provocan el desinterés.

Sí, ya sé lo que van a decirme: el desinterés se debe precisamente a la ausencia de estímulos. La atracción, la curiosidad, el miedo o el enfado son desencadenados por estímulos positivos, pero el desinterés sería simplemente la consecuencia de la ausencia de cualquier estímulo relevante o de cualquier condición ambiental novedosa. No obstante, la posibilidad de que existan estímulos positivos que provocan el desinterés, más allá del desinterés provocado por la simple ausencia de estímulos, o del parecido que establezca nuestra mente entre la situación actual y otras anteriores que no fueron interesantes, no se había estudiado. Los colores intensos y las texturas uniformes producen un interés instintivo en los bebés. Los animales sienten miedo y huyen instintivamente de otros animales cuya forma recuerda a sus depredadores. ¿Podrían existir estímulos específicos e innatos para el desinterés? Si existieran, la utilidad de conocer dichos estímulos sería enorme para un publicista. La publicidad comercial está obligada por ley a incluir cierta información negativa de los productos anunciados, información que suele aparecer en letra pequeña. ¿No sería bueno saber desviar la atención del espectador cuando aparecen esos mensajes sin necesidad de tener que esconderla bajo una letra minúscula, motivo que precisamente provoca que muchos la lean por simple desconfianza?

Durante toda mi argumentación, mi director de tesis permaneció callado mientras mantenía una cara de póker. Al final, guardó silencio durante unos segundos más y dijo: “Vale, tienes dos meses para indagar si existe eso que dices. Si pasado ese tiempo no has encontrado nada, abandonarás esa vía”. Así que tenía su bendición para intentarlo.

Tras perder algún tiempo estudiando los procesos de contagio de los bostezos (en fin, supongo que todos habrán oído hablar de investigaciones similares), decidí desarrollar mi propio experimento sobre el desinterés. Pedí a unos amigos informáticos que realizaran una pequeña modificación de un programa que ellos mismos habían desarrollado como parte de su propia investigación doctoral (algo sobre interfaces de usuario). El programa, tras ser modificado conforme a mis requisitos, presentaba una combinación de imagen y sonido ante el espectador, y grababa su reacción con una cámara para extraer conclusiones.

Preparé una sala con diez ordenadores que tenían instalado el programa y busqué voluntarios para el experimento. Dichos voluntarios resultaron ser estudiantes en busca de créditos de libre configuración. El día que el experimento comenzó, pedí a los participantes que mantuvieran su atención el máximo tiempo posible sobre la imagen de su monitor. Si la tendencia del espectador a desviar su mirada de la pantalla era alta, el programa identificaba como efectivos los patrones de imagen y sonido que había mostrado, y en experimentos posteriores el programa trataba de crear nuevas imágenes y sonidos similares a los que habían sido efectivos en ocasiones anteriores para crear desinterés. Así, el programa mejoraba iterativamente la capacidad de las imágenes y sonidos creados para desinteresar al espectador.

Yo imaginaba que el programa tendería a crear imágenes aleatorias, aburridas nubes de puntos en tonos grisáceos y cosas así, amenizadas por algún tipo de ruido monótono. No obstante, al cabo de dos semanas de experimentación continuada, la imagen mejorada iterativamente por el programa comenzó a consistir en cierto patrón claro y bien formado, una extraña figura, y el sonido comenzó a parecerse vagamente al de un animal.

Cuando uno escribe un texto, el lector no percibe el tiempo que ha pasado entre que se escribe un párrafo y el siguiente. Resulta que ha pasado una semana desde que escribí el párrafo anterior que acaban de leer. Me he pasado varios días releyendo dicho párrafo para poder continuar este texto, pero invariablemente me ha ocurrido que, al finalizar el párrafo, he abandonado la tarea para dedicarme a otros menesteres, a cualquier otra cosa.

Ha vuelto a ocurrirme, ha pasado una semana más desde que escribí el párrafo justo anterior, y dos semanas desde que escribí el párrafo anterior del anterior. La cuestión es que he encontrado unos patrones que parecen tener un efecto poderoso para provocar desinterés en las personas, pero cuando trato de concentrarme en esos patrones para describirlos en este texto, me ocurre que

No pue

Soy incapaz de

Creo que será mejor que trate de terminar este texto sin describir el

Llevo perdidos dos meses desde que empecé a escribir este sencillo texto. Ni siquiera mencionaré

Creo que, debido a un mecanismo de reflejo condicionado, ahora también me aburre tremendamente todo lo que, conforme a mi experiencia reciente en estos meses, mi mente relaciona con

Debería estar orgulloso de esta investigación, pues está siendo un rotundo éxito. Precisamente por ese orgullo, no debería aburrirme soberanamente, como resulta que en realidad me ocurre. ¡Esa cosa tiene mucho poder! ¡Muchísimo!

Conseguí nuevos estudiantes para continuar con los experimentos y seguir mejorando eso. Ahora una cámara graba la cara de los participantes desde un ángulo en que no se ve la pantalla de ningún ordenador. Otra cámara diferente apunta a todas las pantallas desde otro extremo diferente de la sala. Pedí a los informáticos que, cuando por esta otra cámara se observase esa cosa, sonase un pitido estridente. Así sé cuándo se muestra eso sin que tenga que mirarlo directamente.

Ahora me aburren mucho los pitidos estridentes.

Fui a ver a mi director de tesis. Le mostré los vídeos en los que grabé la cara de los participantes en los experimentos sin apuntar a las pantallas de ordenador ni incluir el sonido. Le pedí por favor que, si no me creía, pidiera a un amigo o alguien de su confianza que viera y oyese esos patrones por sí mismo. Pero, por favor, le pedí que no lo viera y oyera él mismo, pues en tal caso decidiría inevitablemente que la tesis no es interesante, pues la relacionaría en su mente con aquello. Esa cosa es muy poderosa. Perdería todo mi trabajo.

Pidió a un colaborador suyo que lo viera. Poco después me dijo que su colaborador no le dijo que aquello fuera inútil o estúpido. Por el contrario, simplemente le dijo no le interesaba en absoluto hablar del tema. Desde entonces, mi director está muy excitado con esta investigación. Piensa que estamos ante un descubrimiento importantísimo. A su vez, admite que es mejor idea que él no lo vea directamente.

Me ha dicho que comprende perfectamente mi evidente falta de motivación para desarrollar esta investigación. Los experimentos científicos no deberían involucrar la propia mente del experimentador, pero desgraciadamente ya ha sido así. En cualquier caso, me ha dicho que se ocupará de que yo tenga un buen sueldo durante los años extra que necesite para completar mi tesis. Esto ha atraído algo más mi interés hacia la tesis, aunque no demasiado.

Me pregunto qué utilidad puede haber en que toda la humanidad sienta un enorme desinterés ante un determinado patrón de imagen y sonido. Hay motivos evolutivos para que los humanos desarrollemos, con gran facilidad, asco ante el olor a podredumbre o ante los insectos que merodean habitualmente entre la comida podrida. Al fin y al cabo, no es buena idea comer comida podrida, por mucha hambre que tengamos. También es bueno que sintamos miedo ante un posible depredador al que en realidad no habíamos visto nunca antes. Sin embargo, ¿qué utilidad podría haber en desarrollar un desinterés extremo ante un extraño patrón de imagen y sonido? ¿Por qué podría ser útil que nuestra mente desarrolle esa intensísima reacción, bien de manera innata o bien como resultado de nuestra manera innata de aprender?

Hay una novedad. Noto esos pitidos en situaciones extrañas. No me interesan mucho, pero luego me doy cuenta de que es importante. Lo que ocurre es que

Debo esforzarme. Esos pitidos no deberían

No hay nadie delante de

No, tengo que hacerlo de otra forma. He pedido a los informáticos que, cuando suene ese pitido estridente, después suene una nota de violín durante un segundo.

Maldita sea, lo que trataba de decir es que las notas de violín suenan incluso cuando todos los ordenadores están apagados.

Ahora las notas de violín empiezan a aburrirme.

La clave son las grabaciones de la sala. Debo ver las grabaciones.

No puedo, no me interesan.

Debo hacerlo de una manera indirecta. No debo mirar las imágenes ni escuchar el sonido. En lugar de eso, transformo la imagen y el sonido grabados en ondas descompuestas por frecuencias, y miro las gráficas de las ondas. Las ondas no tienen la forma de eso y no suenan, aunque sé que proceden de eso.

Cuando suena el violín, las ondas de la imagen y sonido son distintas. Hay algo ahí. Hay algo que no puedo ver ni oír. Mejor dicho, es algo que podría ver y oír si mirase la imagen original en lugar de mirar la gráfica de ondas, pero eso es algo que no me interesa.

Mi director de tesis, muy ilusionado con nuestra investigación, ha empezado a escribir un artículo de investigación para describir el tema a la comunidad científica. Dice que cosecharemos un enorme éxito. Me pide que persevere. Me cuesta. Este tema de investigación me aburre. Ojalá hubiera terminado ya esta tesis.

He pedido a los informáticos que, cuando suene el violín, suene justo después una bocina. Las personas de las salas contiguas piensan que me estoy volviendo loco.

Cuando suenan las bocinas, los patrones de las ondas de imagen y sonido se deforman de manera similar a como ocurre cuando hay estudiantes en la sala y ven eso.

Deduzco que algunas cosas que tienen esa forma y emiten esos sonidos entrar a veces en la sala. Pero no lo noto. No lo notamos. No nos interesa en absoluto. Los ignoramos completamente, es como si no existieran.

Mi mente sabe que esas ondas que miro son a veces una representación de los patrones de desinterés, así que ahora me aburren las ondas.

Me llevé a la cámara y los cacharros de los pitidos, los violines y las bocinas a otros lugares. A los pasillos. A un jardín cercano. A la calle en la que está mi casa. Esas cosas están en todas partes.

Quizás esas cosas lleven millones de años entre nosotros. Quizás hicieron que nosotros

Posiblemente la culpa de que nos ocurra esto es precisamente de

Si una especie quisiera moverse con seguridad y libertad entre otra especie, sería más útil provocar desinterés que infundir miedo. Así que probablemente esto sea una forma de camuflarse, una manera de

Hoy he sabido que mi director de tesis ha muerto asesinado. Ha sido muy impactante para mí. La policía vino a preguntarnos a muchas personas. Se lo están tomando muy en serio.

Ya ha pasado un mes desde el asesinato. Nadie ha vuelto a ver a la policía por aquí, ni nadie ha sabido nada más sobre la investigación. No hay noticias desde que los policías vinieron a ver los vídeos de las cámaras de seguridad de la facultad. Desde entonces, parece que el tema ya no les interesa.

Al poco tiempo, yo mismo abandoné mi investigación.

Qué más da. Era un rollo.

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6 respuestas a En busca del desinterés total

  1. slv dijo:

    interesante… es que lo has puesto demasiado fácil 😉

    • Isma dijo:

      Con un título como ése, era muy difícil no superar las expectativas. 🙂 Podría haber hecho que el cuento fuera simplemente una secuencia larguísima de 0s y 1s al azar, pero habría habido alguien que pensase que es un mensaje en clave y trataría de descifrarlo. Puede que provocar desinterés unánime no sea tan fácil. Incluso el ruido blanco podría tener entusiastas.

      Pensé que ambientar el cuento en una tesis doctoral sería simbólico: la gente empieza su tesis con pasión y entusiasmo pero, en la época en que estás terminando, normalmente estás saturado del tema, deseando terminar y probar cosas nuevas. El tema de la tesis puede acabar siendo como los pitidos, violines y bocinas del cuento. Quizás esa saturación sea obra de unos seres invisibles que nos impiden seguir escudriñando cuando sabemos demasiado sobre un tema. 🙂

  2. Yohana dijo:

    Ummhh, parece como si me hubieras hecho una entrevista…Cuando parece que vas a acabar, y ya estas poniendo una fecha, surge algo nuevo. La última para mí: no hicieron un back up cuando cambiaron el ordenador del DSC(un equipo). Resultado: 1) Repetir los experimentos ó 2)Obviar estos datos.
    Yo votaría por 2, pero ya veremos.
    ¿no es para desesperar?. Es lógico que te plantees abandonar.
    En fin…

    • Isma dijo:

      Mientras quien te dirije siga creyéndose el tema y le siga gustando, no habrá problema: si sigues currando en serio, al final terminarás. Pero si lo primero no se cumple, entonces sería otro asunto…

      Todo el proceso está muy bien contado en la siguiente historia friki, que probablemente conozcas:

      http://diariocopepodo.bitacoras.com/archivos/2006/02/09/la-tesis-de-frodo

      De todas formas, lo de no hacer mútiples copias de los datos experimentales tiene delito… ¿No te dejaban hacerte una copia por ti misma y llevarte los datos a casa?

  3. Yohana dijo:

    Creo que el problema es ambas trabajamos un poco por inercia. El handicap de una tesis es que tiene que ser relativamente rápida: si no, siempre puede surgir algo nuevo. Y en nuestro caso particular, ambas estamos saturadas de trabajo: yo tengo otro trabajo para mantenerme, y sobre mis directores recae el pesado trabajo de papeleo del departamento (aunque ahora ya no existe el departamento como tal, nos hemos fusionado con enfermería y fisioterapia. Nuestro departamento se llama Farmacia y Tecnología Farmacéutica. Te puedes imaginar lo que tenemos que ver…) y la aspiración de obtener una plaza de titular… No sé como acabaremos. Todo el mundo lo ha hecho tan rápido.

    Con respecto al Link, je, je, es muy bueno. Me he reido un montón. Si es verdad que ya me lo comentaste, pero ahora lo entiendo mejor. Yo tengo mis dudas sobre si el anillo no acabará conmigo. Por cierto, ¿tú no piensas que Sam estaba en el fondo enamorado de Frodo, y que luego se casa para disimular?

    El problema con el DSC, es que está conectado a un ordenador que tiene su software particular (y registrado)para que el aparato funcione. Cuando el ordenador se estropeo (pero no el DSC) hubo que traer uno nuevo, y cambiar, por cierto, el software a uno mas reciente (y registrado). Para salvar el problema de los datos guardados (experimentos) se hizó una copia de seguridad, que supuestamente tendría que haber sido suficiente para que los datos fueran reconocidos por el software nuevo. Ahora nos enteramos que no, que se tendría que haber hecho un back up. Pero no es algo que me ha pasado solo a mí, sino a todos los que teniamos experimentos. Yo tenía tratados algunos datos, pero no todos. También es culpa mía, por supuesto, por no haber hecho ese trabajo antes.
    Ya he llegado a un punto, que ya me da igual.

    • Isma dijo:

      Si tu jefa quiere hacerse titular, entonces le vendría muy bien tener una tesis dirigida más. Importan en el CV.

      La alegoría sobre el Señor de los Anillos es muy buena. 🙂 He visto que fue escrita por un profesor del MIT llamado David E. Pritchard. Me pregunto a qué se refería cuando dice que Frodo, Gandalf y cía se van al oeste al final de la historia. Cuando leemos esa historia en España, pensamos que se refiere a irse a EEUU. Pero si el autor era americano, ¿se refería a irse a Japón? 🙂 O puede que fuera e.g. británico y de hecho se hubiera ido al oeste, a EEUU.

      La relación Sam-Frodo me recuerda a la relación Smithers-Burns, aunque más velada. Entiendo que el anillo es una metáfora sobre el poder y la responsabilidad que conlleva. Tolkien era muy católico, así que probablemente proyectó a Jesucristo (gran poder, gran responsabilidad, es tentado por el demonio, tiene destino de sacrificio, etc) sobre el personaje de Frodo. Siguiendo esa analogía, quizás Sam fuera Juan, el apóstol preferido de Jesús.

      Si conserváis los ficheros de la copia de seguridad, mirad qué extensión tienen (txt, xml, xls, etc). Si es una extensión conocida, abridlo buscando el programa apropiado y podréis recuperar los datos. Si no es una extensión conocida, buscad en internet información sobre esa extensión y qué programa podría abrirlo. Y si no lo encontráis (o el único programa que lo abre es el software específico que lo creó), intentad abrirlo con un simple editor de textos. A veces los ficheros no se guardan en formato binario, sino en simple modo texto, por mucho que la extensión de ficheros sea “.wgx” o cualquier otra cosa rara. También puede que los ficheros de la copia de seguridad puedan abrirse con la nueva aplicación si especificáis su ruta en los ajustes de configuración de dicha aplicación. Es MUY raro que la nueva versión no abra los ficheros guardados en una versión anterior.

      Otra cosa sería si en realidad guadasteis los ficheros equivocados… 😦

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