Privación (por Ana Belén Sánchez)

Danri entornó los ojos ante la intensa luz recibida en aquella franja horaria, que era acrecentada por la alta latitud en la que se encontraba la plantación y por la época estival. Dotu era un planeta extremo, con una órbita elíptica sobre su pequeña estrella, que alcanzaba las temperaturas más gélidas en su punto más lejano a su sol, y las más tórridas cuando se encontraba cerca de esta. Había sido bautizado como Dotu en honor al primer grupo humano establecido en ese planeta: los dotudianos. Danri era aplastado por el calor y la alta gravedad de aquella época del ciclo planetario a cada paso que daba. A pesar de que la mayor parte del trabajo era realizado por máquinas, la periódica inspección visual de los campos de arjo llevado a cabo por ojos humanos se había resuelto como más eficiente que la realizada por las máquinas.

Danri observó que el color verde-azulado del cuasi-vegetal sintético, que solo podía cultivarse bajo condiciones muy especificas como las de Dotu, era indicativo de una maduración casi completa. Calculo dos ó tres días dotudianos para el comienzo de la recolección. El arjo había sido un gran descubrimiento para la humanidad: su correosa fibra vegetal, convenientemente tratada, constituía uno de los materiales de fabricación preferidos por los humanos, y su variedad iba desde los más pequeños enseres hasta las grandes estructuras. Y su semilla era además comestible. Ya era hora de recogerse en su refugio.

Al llegar a lo que él consideraba su hogar, encontró la parpadeante lucecita verde del cristal intercomunicador, que era indicativo que había recibido otro video-mensaje. No tuvo prisa por abrirlo, solo podía ser una persona. Se aseó y comió algo antes. Cuando Danri pulso sobre el cristal, la conocida y sonriente cara de Mouri apareció.

-¡Hola chaval! ¿Qué tal te va por ese vertedero? ¿Sigues empeñado en quitarte años de vida al permanecer allí? Yo bien, ya sabes que no puedo contarte mucho (por cierto, ¡saludos chicos de la censura! Que sepáis que no voy a revelar ningún secreto). Pero te lo tenía que contar. ¿A que no sabes quién se ha incorporado a nuestra expedición? No lo vas a adivinar nunca. Venga, ¡inténtalo! –Mouri se recostaba sobre su asiento expectante mientras silbaba- ¿Te rindes?, bueno te lo diré: ¿te acuerdas de la chica rubia esa que te gustaba tanto? ¡Síííí, esa misma! Está aquí con nosotros, en la nave. ¡Y no veas chaval lo buena que está! Yo, porque tengo a Vora, pero que si no, no lo dudaba, hombre, me iba a por ella a cortador laser -una luz roja apareció por encima de la cabeza de Mouri, seguido de un consistente bisbiseo. El semblante de Mouri mudó de simpatía supina a fastidio obligado-. Bueno, chaval, esta ha sido corta. Te tengo que dejar, pero deberías estar aquí. Solo tendrías que pedirlo, y seguro que te admitirían. Eres un superhombre, eso lo sabe toda la flota. Cuídate.

Danri se sonreía a sí mismo mientras oía la grabación. Quizá más tarde pillara a Mouri en su camastro para mantener un tete-a-tete. Mouri era de los pocos amigos que aún se interesaba por su existencia, lo que a Danri le resultaba reconfortante y esperanzador, pero a veces dudaba de sus motivaciones. Parecía que solo quería que se incorporase a la flota. Pero ¿para qué? Danri se sentó en el sofá a descansar de los efectos de la gravedad, mientras daba cuenta de su té. Por su mente empezaron a vagar los recuerdos.

Antes eran muchos más que Mouri y él. Eran muchos: estaban Kouri, Rigo, Sarske, Lomax, y las chicas, Ada, Tulla, Filra. Si le hubieran dicho que de todos ellos, al final sería Mouri el único que se acordaría de él, jamás lo hubiera creído. Se habían conocido en la institución preparatoria. Si lo pensaba bien, Danri no recordaba haber querido ser nunca “explorador”, como llamaban a los investigadores de los nuevos mundos. Solo había tenido ese interés porque a todos sus amigos les parecía el destino más excitante que pudiera existir para un muchacho. Después de la trágica muerte de su padre en aquel accidente del cañón magnético, sus amigos habían pasado a ser simplemente parte de su familia.

Ser “explorador” no era objetivo fácil. La vida en la estación, de hecho, tampoco era fácil. Era un enorme bastidor sobre el que giraban siete enormes discos que imprimían gravedad a la estación y la dotaban de energía, y eran donde se acumulaba también la mayor cantidad de gente. No tenías muchas salidas si vivías en la estación. Tu futuro consistiría en las labores propias del mantenimiento de la colonia, y era especialmente duro si tu trabajo se asignaba en el bastidor, la fuente de los gases necesarios para la vida de tantas almas. Era por eso que la mayoría de los jóvenes optaban por salir de allí vía la “exploración”. Pero pocos lo conseguían: el entrenamiento físico era muy exigente, los niveles de resistencia requeridos para entrar en la institución preparatoria constituían la mayor criba. Además del trabajo físico, el trabajo mental era un gran requerimiento. Si no estabas dispuesto a estudiar, era mejor que te fueras. Materias como biotecnología, ingeniería de sistemas, matemáticas y física, cosmología y navegación, electrónica y comunicaciones debían ser ampliamente dominadas para poner un pie en cualquiera de las naves de exploración.

Danri todavía recordaba el esfuerzo que le había llevado sobresalir en aquellas áreas. Horas de estudio y dedicación. La competición entre sus colegas y él era ver quién conseguía mejor nota. Todos estaban muy centrados en un objetivo compartido. Habían aprendido a pensar igual, opinar igual, vibrar en la misma intensidad. Por ello, la unión entre ellos había sido muy fuerte. Pero ahora, todo había cambiado. Ya no existía coherencia. Luego estaba la chica rubia. Sonrió para sí mismo cuando recordó la cara de la muchacha. De vez en cuando, echaba de menos algún tipo de compañía. Danri apenas había hablado con ella, sabía que se llamaba Luda y que era sin duda una de las chicas más guapas de la institución. Él se había emperrado en que al final la conseguiría, y posiblemente lo hubiera conseguido. Aunque claro, tendría que esperar a llegar a ser explorador. No quería que nada le distrajese de su objetivo.

Todo cambio el día de la prueba.

Danri se levantó para dejar su taza de té y sintió un ligero mareo al hacerlo. Tuvo que volver a sentarse despacio. Miró el botón rojo frente a la puerta de su refugio antigravedad, y descartó pulsarlo. La forma del botón, como un pequeño disco que sobresalía de un orificio circular y que había que presionar para que ejerciera su función, era un anacronismo que no concordaba con el mobiliario ni con la equipación técnica del refugio. Solo había que pulsarlo en caso de emergencia médica. Danri tocó su frente, y se sintió claramente febril. No conseguía recordar cuándo había sido la última vez que había tenido fiebre. Creía recordar que siendo un niño. Mouri tenía razón, ese planeta le estaba quitando años de vida. Afortunadamente, precisamente hoy tocaba visita dotudiana.

De manera más pausada, Danri logró levantarse y dejar su taza de té en el autolavado. Su siguiente acción fue la búsqueda de los cilindros dosificadores. Encontró uno con función antipirética, y eligió la piel de su brazo para realizar el traspaso dérmico. Después decidió echarse un rato, para que su cuerpo pudiera reponerse.

A su mente volvieron los recuerdos de los días en la institución. En esos días, la formación acababa con la prueba final, la última criba y la que determinaba los mejores destinos y los mejores puestos, y que era sin embargo un tabú. Ningún profesor les había advertido en qué consistía esa prueba, ni que preparativos debías hacer. Los profesores solo decían que esta prueba marcaba el paso entre la adolescencia y la madurez. Pensándolo fríamente, Danri ahora se daba cuenta que los profesores tenían razón.

Aquel día, les llevaron a varios a una de las naves exploradoras. El viaje al exterior de la estación había sido tan excitante… A lo lejos se veía la enorme estación, girando cada disco a distinta cadencia del siguiente mientras la luz de la estrella más cercana, una gigante roja, les llegaba de refilón a través de las ventanillas de la nave de transporte. La nave de exploración simplemente dejó boquiabierto a Danri. Era bastante más pequeña que la estación, pero dado que nunca había visto ninguna nave, le pareció la cosa más sorprendente que hubiera visto nunca. A diferencia de la estación, la nave giraba toda ella sobre sí misma, y tenía unos gigantescos paneles laterales, que a su vez tendrían alguna función aerodinámica y que estaban dirigidos siempre hacía donde procediera la energía de la estrella más cercana. El resto de la procedencia de la energía, Danri la desconocía aún.

El hombre que se encargaba del grupo en el que se encontraba Danri, lo recordaba bien, era un hombre bastante alto y peludo. Tenía cara de pocos amigos, y Danri no conseguía entender por qué un hombre tan poco afable desempeñaba este trabajo. Con él estaban Kouri, Tulla, Sarske y Lomax, y otros con los que tenía menos confianza. Los demás no andaban muy lejos. El hombre antipático les condujo hasta una sala de espera decorada con paneles zen y ambiente y música relajante, con amplios y cómodos sillones individuales dispuestos en círculo. Indicó que cada uno se sentara en uno, y él se puso en el centro y les soltó su discurso:

-Bienvenidos chicos. Como ya sabréis, hoy es el día que pasaréis a convertiros en adultos de pleno derecho, y adquiriréis un estatus de ciudadanos superior al del resto. Aunque quizá algunos no lo consigáis -Danri pensó un insulto para catalogar al hombre alto-. No os puedo explicar todos los detalles de la prueba, porque me temo que tendréis que averiguarlos vosotros según vaya transcurriendo esta. Cada uno de vosotros responderá de una manera distinta, pero para nosotros lo más importante es que podáis superarla -Danri ya no sabía si quería hacer esa prueba. ¿Por qué tenían que cuestionar sus capacidades en una única prueba?-. Lo único que os puedo decir es que tendréis que ser muy valientes y confiar en vosotros mismos.

El hombre sacó unas pequeñas cajitas de polirent®, un material extraído del arjo, como más tarde averiguaría Danri, y repartió una a cada uno de los presentes. Cuando Danri la abrió, encontró una pequeña cápsula, cada una de sus mitades de un color diferente, azul y rojo.

-Esto que tenéis aquí es una cápsula oral medicamentosa. Antiguamente se empleaban estos productos como medicamentos, en vez de los cilindros dosificadores. Se fabrican de una forma artesanal, con mucho cuidado. Tenéis que meterla en la boca, y tragarla, sin masticarla. A cada lado de vuestro sillón tenéis un vaso de agua, para los que no podáis tragarla sin más. ¡Cuidado!, porque si la dejáis mucho tiempo en la boca, se os puede pegar a los carrillos.

Algunos se metieron la cápsula en la boca sin dudar, pero otros, entre los que se encontraba Danri, se quedaron mirando al hombre con cara de interrogante. Era obvio que el hombre alto ya tenía experiencia a la hora de desempeñar su tarea.

-No os preocupéis. No os hará nada malo, solo os dejará un poco relajados. Es necesario que la toméis.

Danri aparcó sus reservas y se tomo la cápsula sin necesidad de agua. Él no tenía familia que le reclamase en el caso de que le ocurriera algo, pero el resto de sus compañeros sí la tenía. Y por otra parte, la institución había invertido mucho tiempo y dinero en su persona para hacerle ahora ningún tipo de daño. Tras un rato en el sillón, Danri simplemente se durmió.

Su despertar no fue repentino. De hecho fue pesado y extraño, como si no hubiera diferencia entre el sueño y la realidad. No sabía dónde se encontraba. Le llevó un tiempo, pero más tarde se dio cuenta que realmente no había diferencia entre sueño y realidad. La única diferencia era que Danri era ahora consciente de todo, y que se encontraba en un mundo que no podía dominar. Dio orden a su cerebro de abrir los ojos. No sabía si lo había conseguido o no, pero su única visión era un negro absoluto. Quería moverse, y dio a su cerebro la orden de hacerlo, de salir corriendo, pero nada cambiaba, no podía tener la sensación de movimiento. Ni siquiera sabía dónde estaba su mano. El pánico le invadió, quiso gritar, y dio a su cerebro, esta vez de forma involuntaria, la orden de hacerlo. Pero el único grito que Danri pudo oír fue el del interior de su mente. Y gritó largo tiempo. Más tarde, no sabía cuánto, quiso llorar. Y su mente lloró largo tiempo, hasta que al fin lo entendió. Estaba muerto.

Como la mayoría de los humanos, Danri no tenía ni idea de lo que significaba estar muerto, pero simplemente dejo de luchar, y se abandono a la nada. ¿Cómo sería eso de estar muerto? Ahora estaba solo él con sus pensamientos. Y pensaba, y recordaba, y si hubiera podido, hubiera llorado. Recordaba a su padre y su madre, y muchas de las cosas que hacía cuando era un niño, y como si pudiera ahora, cambiaría tantas cosas… y recordaba también a sus amigos, los buenos ratos con todos. Y de pronto, algo cruzó por su mente. No era un recuerdo, era una sensación: la sensación de que alguno de sus amigos estaba cerca. La sensación era clara, y Danri se aferró a ella como a un salvavidas. La mente de Danri se iluminó: no podía estar muerto. En su nuevo estado, Danri de alguna forma llamaba a sus amigos ¿es que ellos no podían sentirle?

Años después, el caso de Danri sería de estudio, y daría mucho de qué hablar abriendo una nueva línea de investigación. Los aparatos de barrido electro-neuronal mostrarían actividad cerebral en zonas donde nunca antes se habían percibido. Los técnicos estaban sorprendidos, y los investigadores aún más. ¿Qué era aquello?

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Un sonido leve y grave indicó a Danri que, en el exterior, la visita dotudiana se había presentado fiel a su cita. Lo que ellos llamaban solidaridad dotudiana, era un requisito indispensable para la supervivencia en aquel planeta. Con el paso de los años había entendido que la vida en la estación no era tan dura. En Dotu se había establecido un calendario por el cual, una vez cada siete días dotudianos, cada uno de los habitantes de la zona debían visitar a algún vecino asignado.

Danri se levantó con cierto esfuerzo, pero bastante mejor que antes, y ordenó la apertura de la puerta magnética. Un calor sofocante se coló por la entrada, a la vez que entraba Xirta.

Xirta era mujer pequeña pero valiente. Danri jamás había conocido a una mujer tan aguerrida. Tenía unos cuantos años más que él, y al igual que él procedía de la estación y poseía la calificación académica más alta que se podía conseguir en el sistema. Pero eso, pocos lo sabían. Hacía ya tiempo que habitaba en el planeta, realizaba su trabajo con bastante éxito y su mayor preocupación era sacar a su extensa prole de aquel maldito planeta.

‐Hola! ¿Qué tal te encuentras? ‐preguntó Xirta.

‐Bien ‐mintió Danri.

‐Pues no tienes buena cara ‐observó Xirta.

‐Es que he tenido que realizar una inspección un poco más larga de lo habitual, pero seguro que mañana estoy mejor.

Xirta le miró de reojo. Ella también sabía los efectos que tenía sobre el cuerpo ese maldito planeta. El cansancio y una anemia galopante, además del tremendo esfuerzo de criar y educar a sus cinco hijos, la estaban debilitando aún más que a él por momentos. Danri sabía que los hijos de Xirta saldrían adelante, incluso sobresaldrían. A pesar de su juventud todos habían asimilado la exigencia de cooperar entre ellos y con los demás, aprendida de la cooperación entre sus progenitores, y cierto orden que sin duda venía de la necesidad de establecer prioridades en las situaciones extremas. El caso de Xirta era solo un ejemplo. En ese planeta Danri había visto casos similares. Y aún sabían que había planetas en las que la vida se desarrollaba en condiciones peores.

‐Te he traído un poco de comida ‐anunció Xirta. Danri la sonrió agradecido, y recordó su última conversación en la que ella dudaba que él se alimentara correctamente. Que a pesar de sus obligaciones Xirta fuera capaz de acordarse de él, le enterneció terriblemente.

‐A ver qué hay; sopa y proteínas. Muchas gracias Xirta ‐como siempre Xirta había acertado de pleno.

‐Debo irme Danri‐ en el fondo Xirta sabía que si Danri necesitaba ayuda la pediría‐. Espero que mañana tengas mejor cara.

Xirta se despidió, y al salir, una ráfaga de bochorno inundó la sala.

La luz indicadora de mensaje parpadeó de nuevo. Mouri había vuelto. El mensaje de Mouri consistía esta vez en una serie de fotos tridimensionales. Las fotos mostraban a Mouri en actitud relajada, probablemente en la zona de ocio de la nave. Aparecía con amigos que Danri no conocía. También estaban Ada y Sarske. Parecían estar pasándoselo bien. En las últimas fotos aparecía también Luda. Danri observó detenidamente a una desconocida Luda, para después apartar sus pensamientos. El pasado era solo eso: el pasado. Danri presionó el cristal táctil para que empezara a grabarle. Había estado pensando en el problema de Mouri con el condensador positrónico, y creía que la solución pasaba por ampliar el tiempo de carga. También le mandaba saludos para Ada y Sarske.

El cuerpo le pedía más reposo. Danri devoró la comida que le había traído Xirta, y después buscó entre los cilindros dosificadores el que tenía efecto sedante. Se inyectó dos dosis. A veces le ocurría que estaba tan físicamente agotado, que la mente se negaba dormir. Pero mañana tenía mucho papeleo por resolver, y muchas tomas que revisar.

A la mañana siguiente se arrepentiría de haberse introducido dos dosis. Su sueño era negro y pesado, viscoso. Volvía otra vez a estar en aquel vacío de la prueba: estaba solo en el vacío, no existía nada salvo su mente. Y de nuevo, como una pequeña luz en la oscuridad, volvía otra vez a sentir muchas presencias. Era muchas personas y a la vez ninguna. Reconoció en aquellas presencias a algunos de sus amigos. Les llamaba, pero no atendían, por lo menos al principio. Para su sorpresa, percibía sensaciones que nunca hubiera imaginado en sus amigos. Había miedo, sobretodo. Algunos tenían miedo de él. ¿Por qué? Danri se centró en primer lugar en Kouri. En algún momento del vacío del tiempo en aquel lugar, Danri notó un breve contacto con Kouri, y luego desapareció. Kouri desapareció de su percepción. Lomax fue el siguiente. Esta vez Danri intentó ser más suave‐ ¡Soy yo! –intentaba decirle. Pero, de la misma manera, Lomax desapareció cuando por fin parecía que habían entablado algún tipo de contacto, esta vez algo más largo. Con Tulla y Sarske la historia fue igual. Frustrado, buscó en su interior respuestas, pero no las encontraba. Trató de buscar algún tipo de consuelo, y recordó a su padre. Al morir su madre, su padre le había adiestrado para que sucediera lo que sucediera, él fuera capaz de valerse por sí mismo, que no dependiera de nadie. ¿Cómo podía haber olvidado esas lecciones? Ahora Danri solo podía llorar y, esta vez, sí sintió la humedad viscosa en su cara. ¿Humedad? Fue lo último que recordó del vacío.

‐Chico, enhorabuena, has batido un record ‐era una voz desconocida la que hablaba. No tardó en darse cuenta de que estaba desnudo y mojado.

Danri despertó de su sueño, pero no se sintió con fuerzas para levantarse. Remoloneó en la cama. Más tarde se lo habían explicado todo. Lo llamaban “Privación sensorial”. La prueba consistía en sumergir al sujeto en una cámara cilíndrica que contenía un líquido viscoso. Eran las mismas cámaras utilizadas para la animación suspendida en la nave cuando los viajes se hacían extremadamente largos. El fluido que contenía era una especie de líquido amniótico que permitía cierto intercambio de gases, y que podía contener incluso nutrientes. Varios suaves chorros horizontales dispuestos periódicamente a lo alto de la cámara, mantenían al sujeto en una posición determinada. La prueba a la que sometían a los candidatos a exploradores consistía en eliminar la parte sensorial del cuerpo (vista, oído, tacto y posicionamiento espacial), pero mantener la parte consciente del cerebro activa. En alguna ocasión había ocurrido que por causas desconocidas, algún tripulante de la nave durante la animación suspendida recuperaba la parte consciente de su cerebro, pero no el control del resto del cuerpo. Eso creaba una situación incómoda, porque el ordenador que controlaba el proceso estaba programado para que finalizase de un modo muy concreto. El ordenador obedecía a las órdenes de tiempo estipuladas para la duración de cada animación. Si un tripulante “despertaba” antes de tiempo, simplemente moría. Ahora los ordenadores habían sido modificados para que, si reconocían cierto tipo de ondas cerebrales, iniciaran la tarea de finalización del proceso para ese sujeto.

Pero estas ondas cerebrales no eran fácilmente reconocibles. Debían tener una intensidad determinada para que el ordenador las reconociera. La prueba tenía un doble objetivo: por una parte mostrar a los novatos la manera de llegar a ese estado, y por otra medir sus capacidades psicológicas al no informarles en qué consistía exactamente ni qué dificultades se iban a encontrar. Danri llamaría a este segundo objetivo tortura.

Los médicos y neurólogos de la sala analizaban los parámetros vitales de cada sujeto: frecuencia cardiaca, presión arterial, aumento de enzimas cardiacas, producción de hormonas como la adrenalina, niveles de oxigeno en sangre y cerebro. Si era necesario, transmitían a través del líquido vital las drogas que ayudaban a estabilizar al sujeto, aunque claro, eso restaba puntos. También medían la actividad eléctrica del cerebro, donde se situaba esta, y las ondas cerebrales alfa. Los sujetos atravesaban varías etapas: la primera era de terror, después pasaban a una fase de aceptación, que solía corresponder a la fase en la que creían que estaban muertos. La última era una fase filosófica: pienso, luego existo, luego no puedo estar muerto. Era en esa fase cuando los sujetos alcanzaban una intensidad alta de ondas alfa, y cuando procedían a despertar. Se había establecido un límite de 6 horas.

Los médicos observaron en Danri que había alcanzado la tercera fase en menos de una hora, lo que era todo un record. Ante la precocidad del muchacho, se decidió prolongar un poco más su estancia en la cámara, a ver qué encontraban. Al final le habían conducido hasta el límite máximo establecido, mientras que sus compañeros Kouri, Lomax, Tulla y los demás novatos del grupo de la prueba 156‐AF‐J‐32, habían salido mucho antes con una calificación más que aceptable. Las nuevas ondas cerebrales que encontraron las llamaron ondas Danri. Aún hoy eran objeto de estudio, y de vez en cuando Danri era requerido para someterse a más experimentos, a las que él siempre se negaba.

Cuando le sacaron de la cámara, lo primero que vio fue al señor alto y peludo, y detrás de él estaban sus compañeros, realmente sonrientes. El señor peludo le dio la enhorabuena, y Danri pensó que le importaba un carajo lo que decía este señor, solo quería huir de allí. Sus compañeros se acercaron a él:

‐¡Ala, Chaval! Que tío más alucinante eres ‐decía uno de sus amigos, no sabía quién.

‐Joe, chaval. Casi rompes las máquinas ‐decía otro distinto, pero seguía sin saber quién‐. ¿Cómo lo has hecho?

Danri estaba demasiado confuso como para recibir el apoyo de sus compañeros. No quería a nadie cerca. Se había aferrado a la última idea que había pasado por su cerebro como su nueva tabla de salvación. Solo quería irse y que le dejaran en paz. Salió corriendo desnudo de la sala. Los demás le miraron irse, asombrados.

Cuando consiguieron alcanzarle y tranquilizarle, Danri se dio cuenta que no quería hablar de su traumática experiencia. Aun así, abrigado con una manta, no pudo evitar las preguntas de sus compañeros:

‐¿Cómo lo has hecho?

‐¿Qué sentías?

‐¿Podías ver el mundo de fuera? ¿Podías ver el espacio y el tiempo?

‐¿Existe Dios?

Sus compañeros comenzaron a sentirse molestos cuando comprobaron que Danri no tenía respuestas. O no quería dárselas. Querían hacerle ver que, si no hubiera sido por él, a lo mejor ellos no hubieran superado la prueba con tanto éxito. Todos sus amigos tenían un punto en común, que habían comentado entre ellos y querían resolver: en algún momento de la prueba, se habían acordado de Danri, y en ese momento, habían alcanzado el impulso suficiente para alcanzar la intensidad de ondas alfa requerido y finalizar así la prueba. Danri hubiera llorado allí mismo si hubiera podido. No odiaba a sus compañeros, pero algo había cambiado en él. Sentía que su camino era ahora distinto, y ya no quería ser explorador.

La noticia a los superiores de la institución fue tomada como arrogancia por parte de Danri. Intentaron por todos los modos hacerle cambiar de idea, pero no lo lograron. Ya no podían ofrecerle lo que él quería. Aún así, le permitieron un destino lejos de la estación. Un destino que al fin y al cabo había elegido él: Dotu.

****************************************************************

Se había pasado cerca de una hora remoloneando en la cama, pensando en si debiera cambiar su estilo de vida, o si podía hacerlo y cómo. Después de tanto tiempo, ya no conseguía encontrar esos estímulos que incrementaban sus ondas alfa. Al final se había levantado con desgana y se había puesto a hacer su trabajo. Hoy le tocaba hacer a él visita dotudiana, y se propuso llevar algún presente. Folay, Patka y Soren también sabían lo que significaba la solidaridad dotudiana. Ahora se encontraba mucho mejor.

Ahora iban a hacer siete años de su estancia en Dotu, y cada vez le pesaban más. Ese planeta había sido una de las mayores fuentes de sufrimiento, aunque también le había dado valiosas lecciones. Hoy le tocaba a él hacer la visita dotudiana. Pensó qué presente podría llevar a la comuna de Forley, Partka y Soren. No estaba solo. Pensó alegremente que en el fondo le gustaba la eficiencia de Dotu, y que cada uno fuera capaz de resolver sus problemas, sin endosárselos completamente al compañero.

Danri se permitió una sonrisa cuando vio el parpadeo del mensaje. Esperaba haber ayudado a Mouri con lo del condensador positrónico. Al fin y al cabo, Mouri era un caso aparte.

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10 respuestas a Privación (por Ana Belén Sánchez)

  1. Isma dijo:

    Como te dije en su momento, me gustó mucho la capacidad de esta historia de trasladarte al mundo que se propone. 🙂 Con los detalles coloristas, flashbacks y descripciones que introduces, haces que el lector sienta el lugar, los personajes y sus motivaciones, y todo ello sin perder el ritmo.

    Creo que Danri se siente desbordado ante su inusual capacidad y decide huir. Al contrario que los superhéroes de los comics, que aceptan su responsabilidad en cuanto son conscientes de sus especiales capacidades, Danri sólo quiere que le dejen en paz y poder vivir de manera sencilla. Es una especie de ermitaño harto del mundanal ruido. Aunque no sé si entiendo del todo su decisión: siendo un huérfano sin responsabilidades familiares, no parecía una mala opción aceptar más responsabilidades y ascender en su sociedad. Quizás sintiera que, si se quedase y siguiera el camino marcado, ya no sería dueño de su destino, pues no harían más que hacerle pruebas como a un conejillo de Indias. En cualquier caso, sospecho que sus entrenadores deberían estar más que enfadados ante semejante desplante y pérdida de inversión. Imagino que no le dejarían las puertas abiertas sin más para que se fuera.

  2. Yohana dijo:

    Muchas gracias por tus elogios. Aunque seguro que hay mucho que mejorar.
    Jo, al final lo has publicado entero, con lo largo que es…no sé si todos llegarán al final.
    Por cierto que al final probé el experimento de insertar el añadido de “El quizás de Sandra” a tu cuento, a ver si se notaba la diferencia, y se lo pasé a algún compañero. Ya te contaré.

    Con respecto a tus reflexiones de superhéroes, me hace gracia, porque mi idea principal no se basaba en el concepto de capacidades especiales, aunque puede ser, que efectivamente, eso condicione mucho la historia. He tenido que preguntarme que pasaría si existieran superhéroes en la realidad, y he tenido que responderme que probablemente utilizarían esos superpoderes en beneficio propio.
    Danri es un personaje que quiere encontrar su camino, pero no termina de encontrarlo. Tiene expectativas que no se cumplen nunca, y al final termina dándose cuenta que ya no tiene claro lo que quiere, pero empieza a armonizar con lo que tiene. Como ya dije en alguna otra ocasión, no es una historia cerrada…puede que el siguiente paso es que descubra la filosofia solipsista, lo que unido a sus superpoderes, le ayude a salir de Dotu y se haga con un control dictatorial de esa parte del universo. Quién sabe…

    • Isma dijo:

      Tienes razón en que el cuento podría ser el comienzo de una historia más larga. Incluso una que revelase un motivo oculto para su renuncia a su carrera. Algunas opciones: el arjo es adictivo y Danri quiere asegurarse su acceso en Dotu, donde se cultiva; Danri teme perder su individualidad debido a su gran capacidad de empatía/telepatía, pues si no logra controlar su capacidad, su mente acabará “disolviéndose” entre las demás; su empatía le hace sentir que el grupo estará mejor sin él, pues la excesiva confianza de los demás en él haría que se relajasen y corrieran peligro; su empatía le hace desarrollar una faceta altruista que pasa por ayudar desde un segundo plano; con su capacidad telepática, descubre que no comparte la visión de expansión galáctica imperialista de sus jefes; descubre que van a mandar a sus compañeros a una misión de exploración suicida, así que él decide que se planta sin decir nada a nadie; descubre que el proceso de “suspensión” inducida por el arjo en los viajes espaciales en verdad cambia la naturaleza de las personas, y no desea que le cambien; descubre que lo de la “exploración” es mentira, que todo es un truco para que en la estación se libren de las mentes más brillantes mandándoles al vacío del espacio infinito, ya que podrían descubrir cierto complot si se quedasen; contactando la mente de sus compañeros durante la prueba, descubre que la muerte de sus padre no fue un accidente y promete venganza; descubre que Dotu está lleno de gente con la misma capacidad que la suya, que usan el planeta como punto de encuentro desde el que dominar la galaxia; se da cuenta de que, si se puede meter en la mente de otro, es en verdad porque él es producto de la imaginación de ese otro, del cual él es sólo su alter ego; etc.

      Si existieran superhéroes de verdad, no veo ningún motivo por el que fueran a ser altruistas. La gente que tiene una determinada habilidad por encima de la media (e.g. deportistas de élite) usa su habilidad para ganar dinero para sí mismos, no para hacer el bien. ¿Por qué tendría que ser diferente en otros casos? Lo que no acabo de ver es que alguien, al descubrir su gran capacidad, decidiera que en adelante se pondrá la ropa interior por fuera de la exterior, y que se pondrá un antifaz. Imagino que lo segundo es para evitar la vergüenza por lo primero.

      Ya me contarás qué tal con la nueva versión de “El quizás de Sandra”. 🙂

  3. Yohana dijo:

    Je, je…tienes unas ideas magnificas! No tenía pensado continuar la historia, pero me has dado tantas ideas, que ya estoy pensando un segundo capitulo. Y desde luego, intentaré incluir de alguna manera todas (o todas las que pueda) tus sugerencias.
    Aunque Danri no es un superhéroe. Suponiendo que tenga capacidades especiales, estas serían muy sutiles. Pero se pueden utilizar también, y quién sabe, a lo mejor de tanto utilizarlas empieza a dominar estas capacidades.
    Lo que no entiendo es lo que dices respecto a los superhéroes. Te contradices: primero dices que podrían ser altruistas, pero que en la realidad lo más parecido que tenemos a un superhéroe (ej. un deportista de élite) solo actúa con fines egoístas y materialistas, y no me vale el marketing de ir a países subdesarrollados a poner solo el careto. Lo que yo decía es que si una persona tuviera los poderes de superman en la vida real, no le veo salvando a la gente en su tiempo libre. Además sería imposible salvar a todos. ¿que criterio utilizaría para elegir ?.Si que le veo en cambio, llegando de trabajar volando, visitando el vestuario de las chicas en el gimnasio con sus rayos X, acabando el trabajo del día en un rato con su supervelocidad para pasarse el resto del día haciendo sudokus, o decidiendo que se ha cansado de trabajar, y que es más cómodo robar un banco y vivir la vida madre, etc…Que lleven los calzoncillos por fuera, característica por cierto más masculina que femenina, pudiera explicarse para obtener un máximo confort y sujeción (a lo mejor están superdotados en todo) ¿quién dice que no lleven otro par, o un tanga, debajo del traje?

    Con respecto a “El quizás de Sandra”, solo he obtenido el reporte de uno de mis compañeros, y los resultados han sido un poco decepcionantes para mí. La chica estaba confusa, y no había entendido el estado final de la protagonista. Supongo que el añadido la había confundido más. En fin, ha sido un bonito experimento, pero un fracaso para mí. Y por cierto ¿por qué no pones los cuentos que has escrito con Fernando?. A mí me gustaría leerlos. Tienen que resultar curiosos.

    • Isma dijo:

      Si mezclas todas esas ideas a la vez para hacer la continuación, entonces podría quedar un inmenso follón, pues de hecho algunas contradicen otras… 😉 Tendrás que escoger alguna(s) de ella(s) para hacer una trama consistente. 🙂

      Pensaba que el añadido en “El quizás de Sandra” pegaría bien. Como te dije, sólo temía que el final se desvelase demasiado pronto pero, por lo que dices, no ha sido el caso, sino más bien al contrario… Bueno, tengo pensada alguna otra historia en que un repaso tuyo podría quedar muy bien, ya te la pasaré.

      Claro, seguiré tratando de que más gente se anime a colgar sus historias aquí. 🙂

  4. Yohana dijo:

    Bueno, hay muy buenas ideas. No es cuestión de desarrollar todas las tramas a la vez, sino de extraer ideas. Sin embargo me he dado cuenta que mi hermano tiene razón: al final no consigo darle ese puntillo de acción que sí tienen tus historias. A lo mejor es porque soy una chica…

    Con respecto a que te repase tus historias, me parece bien. Pero espero que no tengas en cuenta solo mi opinión; está bien que quieras darlas otro punto de vista, pero no olvides que podrían perder su toque. je,je, seguro que eres lo bastante objetivo.

    • Isma dijo:

      Meter acción en las historias (violencia, muerte, amor, sexo, eros y tánatos) ayuda, pero lo más importante es que ocurra algo inesperado. Suelo mantener un fichero con todas las ideas que se me van ocurriendo y todavía no he escrito, y para cada una de ellas escribo una sinopsis, un resumen de 5-8 renglones que cuenta la historia de principio a fin. Si al leer la sinopsis (incluido el final) pienso que me hubiera gustado leer una novela o ver una peli con ese argumento, entonces sé que vale para un cuento. Ojo: existen muchas buenas novelas y pelis que no tendrían una sinopsis atrayente. Por ejemplo, comentábamos hace tiempo que “Los puentes de Madison” es una buena peli. Su sinopsis quizás decepcionaría por recurrente: “Una mujer se lía con un visitante al pueblo que ha visto mundo y que amplía sus miras, pero al final se queda con su marido”. Pero la historia está muy bien interpretada y trasmite mucho. Si uno es capaz de contar lo de siempre y hacerlo mejor que los demás (e.g. Antonio Gala), una sinopsis novedosa no es imprescindible. Desgraciadamente no es mi caso, así que tengo que escribir argumentos que tengan algo innovador.

      Por cierto, no tengas miedo en hacer perrerías a tus personajes. Haz que sean unos perdedores si es útil (ciertamente, Sareh lo era en cierto sentido). Tortúralos si es útil. Mátalos si es útil. No son tus mascotas ni tus niños, son tus esclavos. O déjalos vivir si te da la gana. Piensa como un Dios caprichoso sin sentir culpabilidad por tus criaturas, y las historias fluirán. Lleva la ética al límite si hace falta: muchas buenas historias lo son porque son controvertidas y hacen pensar.

      Creo que una de las tres historias que voy a colgar durante esta semana (¡última vez que cuelgo tres a la vez!) podría mejorar bastante si se desarrollase más y se le diera un toque emocional extremo, perverso, autodestructivo, o cínico, no sé… Podría ser una buena opción para que veas si te interesa repasarla. A ver qué te parece cuando la cuelgue.

  5. Yohana dijo:

    Sin duda, introducir un elemento inesperado ayuda. A la gente en general le gusta que les sorprendan. Pero cada vez creo más, que no con giros argumentales literarios interesantes, sino con los nuevos efectos especiales de la película de turno, o con que Chipre gane a Italia en el fútbol, o que descubran una nueva trama Urdangarin.
    Sin embargo, yo tiendo más a desarrollar a los personajes que a sorprender. No puedo evitarlo. Tampoco es que me tiemble la mano a la hora de torturarlos o matarlos, la verdad es que lo he hecho con todos, solo que de una manera más sútil. Como dices, son solo personajes imaginarios.
    El experimento de “El quizás de Sandra” me ha dado mucho que pensar. Lo cierto es que el experimento se ha hecho popular en mi farmacia, y el papel de la historia se va rulando, lo que me lleva a la conclusión 1. Los resultados de experimento son (de momento):
    1) A todos les ha gustado tu historia, y les has impresionado
    2) Dos compañeras, no comprendieron el final de la historia. El tercero lo entendió a la primera, y le encantó. La única duda, como bien dijiste, es que no sabía en que trabajaba el protagonista. Llegó a sugerirme que le diera el trabajo del tío de “El proyecto” (me reí mucho)

    Conclusiones:
    1) Efectivamente, si está impreso en papel se hace más popular y es más leído.
    2) No debí meter ningún añadido a una historia que desde luego, no lo necesita. Al hacerlo, me contradigo en mis afirmaciones anteriores, de que tus historias tienen su propia personalidad, y tratar de cambiarlas, es cambiar ese toque.
    3) En la misma línea de pensamiento, está bien que de vez en cuando metas algún cuento invitado. Pero el blog es esencialmente tuyo, y tratar de hacerlo más participativo metiendo historias ajenas, no es justo para ti. Me gustaría que las cosas fueran distintas, pero no lo son. En efecto, lo mejor es que cuelgues las historias de una en una, y que adecues el ritmo de publicación al número de visitas. Signifique eso lo que signifique.

    Con respecto a “Los Puentes de Madison” creo que la historia es buena, (curiosamente el libro me pareció más coñazo que la película) porque la trama te termina enganchando. Al final te identificas de alguna manera con la protagonista (excelentemente interpretada, creo) pues los problemas que se le plantean, se pueden extrapolar de alguna manera a todos: frustración, dolor y la aspiración de querer cambiar tu vida a mejor y no poder, es algo más común de lo que te imaginas.

    • Isma dijo:

      Sí, las sorpresas futbolísticas pesan más que las literarias. Podríamos hacer la siguiente encuesta: “¿Qué preferiría usted: (a) que España gane la Eurocopa el próximo domingo; o (b) que la prima de riesgo baje a la mitad, lo que no crearía empleo por sí solo, pero ciertamente ayudaría a salir un poco antes de la crisis?”. Cuando jugaron España e Italia, yo pensé que sería un gran partido: entre ambas suman cinco copas del mundo… y más de mil puntos de prima de riesgo 😉 En el partido de ayer, España y Portugal sumaban más de mil cuatrocientos. Es una pena que se haya eliminado Grecia, ella solita suma 2500. Los guiñoles franceses salieron el otro día diciendo: “perdimos contra España, pero al menos nosotros podemos pagar el alquiler”. Cada vez más, la gente en España prefiere el circo al pan. Imagínate este titular en los periódicos: “Rajoy se juega la deuda española a doble o nada en una partida a la carta más alta, y pierde”. Los españoles responderían en las calles: “¡que juegue otra vez! ¡con dos huevos! ¡ahora, a cuádruple o nada!”.

      Me alegra mucho que “El quizás de Sandra” esté gustando. 🙂 Efectivamente, da menos pereza leer en papel que en una pantalla. Quizás empiece a colgar ficheros pdf con muchos cuentos, para que la gente pueda imprimirlos o meterlos cómodamente en sus e-readers.

      Me gusta tener cuentos de otros, y de hecho me gustaría aumentar paulatinamente su número. Somos unos cuantos los que nos lo pasamos bien leyendo y escribiendo este tipo de historias, y me gustaría que el blog fuera un lugar de encuentro. Y no sólo porque eso aumentaría las visitas: uno de mis objetivos al hacer el blog era aprender, y veo que leyendo cosas de otros (con los que puedes hablar directamente sobre lo que han escrito) da una gran oportunidad para aprender. 🙂

      Como dije, este fin de semana será la última vez que cuelgue tres a la vez. Son tres historias que me gustan bastante, quizás mis preferidas entre las que he escrito durante esta última primavera. Por cierto, en una de ellas aparecen unas plantas adictivas, por eso se me ocurrió el otro día plantearte que el arjo podría serlo. Hoy he recordado una novela donde hay un producto estratégico y adictivo que solo crece en un planeta: la especia melange, en “Dune”. Además de ser peligrosamente adictiva, da longevidad y poderes extrasensoriales “prescientes”, necesarios para encontrar rutas seguras en el espacio. Recuerdo poco de “Dune”, pero sí recuerdo que me gustó. Volveré a leerlo.

  6. Yohana dijo:

    je,je..lo de Rajoy tiene miga. Debería proponer la apuesta, a ver si el BCE le toma en serio. Pase lo que pase, ganase o perdiera, lo que si es cierto es que ganaria popularidad. Buena idea.

    El último reporte de “El quizás de Sandra”
    Cinco sujetos lo han leído
    Tres no han entendido la situación de la protagonista, pero les ha gustado (incluso cuando se lo explique)
    Dos lo entendieron a la primera, y de una de ellas me consta, porque lo leyó en un hueco en la farmacia, y cuando volvió me aseguró que tenía los pelos de punta a pesar del calor. Aunque no entendió lo del gato. Definitivamente, recuperé el papel y lo destruí.
    Por cierto, esta última me verifico que la forma más segura de leer este tipo de cuentos, es que se los pasará impresos.

    Eres muy generoso compartiendo tu blog.
    Con respecto a “Dune”, no llegué a leerme la novela, a pesar de ser, curiosamente, una de las favoritas de mi hermano en sus tiempos. Sí que ví la pelí, de la que apenas recuerdo nada del argumento. Solo recuerdo que me pareció un poco rollo, y que el actor que lo encarnaba,(el de Twin Peaks) no me gustaba. Que conste que no he sacado ninguna idea de Dune.
    Pero solo tengo que pedir el libro. Ya te diré cuando la lea.

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