Edén (por Alberto Villares Fernández)

Era un lugar donde reinaban la felicidad, la tranquilidad y el amor. La pareja de amantes se encontraba descansando bajo el árbol prohibido. Estaban desnudos, se acariciaban la piel con delicadeza y tenían la vista perdida en las quietas aguas del lago que tenían delante. Detrás de la cascada que alimentaba el lago, había una cueva en la que vivía un grupo de faunos: mitad humanos mitad macho cabrío y muy diestros en el arte de la música con instrumentos de viento.

En el paraíso, faunos y humanos vivían en paz y armonía, hasta que surgió algo parecido al amor. Uno de los faunos, algo tímido, sentía especial atracción por Eva. Solía espiarla desde la espesura del bosque mientras ella se bañaba o salía a recolectar frutos y verduras silvestres. Deseaba tanto poder tocar su inmaculado cuerpo; hasta que, un día, el fauno se armó de valor y salió de su escondite. Se acercó a Eva pero, como estaba tan excitado, ésta se asustó e intentó escapar; el fauno, víctima de sus impulsos, la agarró con fuerza del brazo y se la llevó consigo. La llevó hasta una cueva que sólo él conocía. Allí, la maniató y procedió a saciar sus incontrolados deseos sexuales.

Cuando Adán regresó a casa se extrañó por la ausencia de Eva. Sabía que algo raro había ocurrido. No pudo evitar pedir ayuda a Cupido: un angelito que vivía sobre una nube desde la que se veía todo lo que ocurría en el paraíso:

-Cupido, tú debes haber visto lo que le ha ocurrido a Eva –dijo Adán-.

-Sí, lo he visto todo –respondió Cupido-. Un fauno la ha raptado y llevado hasta una cueva secreta.

Adán se derrumbó al escuchar las palabras del ángel. Se armó de valor y le pidió el arco y las flechas de oro para ir a buscar a su amada:

-Está bien, pero antes debes saber que en el paraíso no se puede matar y que, si matas al fauno, Eva y tú viviréis para siempre sin descendencia y seréis el final de la especie humana –a lo que Adán respondió asintiendo con la cabeza-.

Cuando llegó a la cueva y encontró a Eva, no pudo articular palabra. Estaba desnuda, atada, sucia y moribunda. En ese mismo instante, entró el fauno y sorprendió al rescatador. Ambos se quedaron quietos, mirándose a los ojos, hasta que Adán tensó el arco y cargó una flecha de oro. Mientras recordaba las palabras de Cupido, afinó su puntería y disparó una flecha que le entró al fauno por un ojo y le atravesó la cabeza. Liberó a su amada, dejó allí el cadáver del fauno y regresaron a su casa.

El tiempo pasó, nadie volvió a hablar de lo ocurrido y, poco a poco, muy despacio, los humanos murieron y desaparecieron del paraíso.

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8 respuestas a Edén (por Alberto Villares Fernández)

  1. Isma dijo:

    Está muy bien. 🙂

    Como indico en la presentación del cuento, creo que me gusta más esta nueva versión del Génesis. 🙂 Entre otras cosas, la versión original dejaba en muy mal lugar a las mujeres científicas: como una mujer “comía del Árbol de la Ciencia” (entiendo que una metáfora de que “aprendía” o “investigaba”), la humanidad era expulsada del paraíso. Ese Dios era muy machista e inmovilista, ¿no?

    Por contra, culpar de la degradación humana a sus bajas pasiones, como el impulso sexual incontrolado, el amor posesivo y los celos, tal y como propone Alberto, me parece una opción más plausible. Por cierto, mezclar un escenario idílico, el sexo, el amor y la violencia es una combinación que funciona muy bien.

    Hay algo que debo admitir a la versión original de la Biblia: si los humanos no hubiéramos aprendido la Ciencia, entonces no habríamos cambiado nuestro equilibrio con nuestro entorno, y podríamos haber seguido existiendo, sin apenas cambiar, durante millones de años sin problemas. Pero decidimos aprender la Ciencia, decidimos aprender a cambiar nuestro entorno, y por tanto a ensuciarlo de manera no sostenible. Cambiar implica desaparecer: o moriremos, o nos convertiremos en otra cosa. Aprender a cambiar el paraíso implica destruir el paraíso antes o después. Es la opción que, con sus pros y sus contras, hemos escogido seguir.

    • Alberto dijo:

      Muy buenas, la verdad que la autocrítica es algo que no se da mucho en esta sociedad, no obstante, me pondré a ello. El cuento Edén es una auténtica paranoia del autor, que, como todos los mortales, en ocasiones es un poco paranoico. Bueno que nos perdemos: todos somos un poco narcisistas, es decir, Adanes y Evas. Y todos somos un poco faunos, es decir, sexualmente impulsivos ¿Se podría saber donde está la mesura? pues dentro de la desmesura. El fauno de este cuento lo vemos como un ser repugnante ¿cierto? pues todos tenemos un poco de él dentro, y si no lo creeis recordad, recordad. La flauta del fauna queda en este cuento como un simple símbolo fálico, muestra de su impulsividad sexual. Puede ser cierto que el papel de Eva es bastante light, incluso podría parecer machista; pero no os equivoquéis, Eva es el verdadero centro de la historia, es imprescindible: de hecho Adán y el fauno no serían nada sin ella, la historia no sería nada sin ella: creo que es la auténtica trenza dorada de la historia, el auténtico hilo conductor. Otra parte a comentar es el hecho de incluir la violencia en el cuento: pensad que en el Paraíso no había más que una norma: No matar. Y Adán mató y prefirió cumplir su pena y vivir con orgullo antes que no matar y vivir con vergüenza, es decir, yendo en contra de su naturaleza narcisista. Además, ¿no nos ponen cosas mil veces mas duras en el telediario? Y dentro de tanto impulso extremista en esta historia siempre nos queda la supervisión de una autoridad: el angel Cupido, el auténtico angel de la guarda. El ojo que todo lo ve y en cuyo nombre se aplica la ley, de forma indirecta, pero los personajes aplican la ley: se juzgan y sentencian ellos mismos. Esto tal vez delata cierta baja autoestima del autor, pero eso es harina de otro costal. Hasta mas ver.

      • Isma dijo:

        Gran estilo en tu comentario, Alberto. 🙂 Y resuelve las dudas que teníamos Yohana y yo. Todos tenemos una parte de impulso incontrolado del que no podemos huir.

        Sin duda Eva es el centro alrededor del que pivota la historia, aunque su papel se parece al del sujeto pasivo de una oración pasiva. Es como el diamante en una película sobre un robo: los ladrones y los policías no serían nada sin él, no habría historia sin él. Pero el diamante, más allá de ser un símbolo de deseo, es un objeto inmóvil esperando a ser cortejado o mantenido virgen (e.d. robado o defendido) por ladrones y policías.

        Si Adán obra mal en el paraíso, es porque antes ha obrado mal el fauno, así que es un paraíso en el que el mal es posible. Es un paraíso imperfecto. Puede que un paraíso perfecto, sin carencias ni males, fuera contradictorio en sí mismo: si puedo gozar colmando mi hambre, es porque antes padezco hambre (¿qué placer hay en comer sin ganas de comer?). Lo mismo con el sexo y con cualquier otra cosa que pueden hacer Adán y Eva allí: sólo recibo placer al satisfacer una necesidad si antes existe la necesidad que satisfacer. Y si existe la necesidad, no estoy en plenitud, hay una carencia previa, así que dicho lugar no sería pefecto.

        Por eso veo el paraíso del cuento como el estado de armonía (¡que no es lo mismo que perfección!) que nuestros impulsos amenazan con romper cuando se desatan.

      • Yohana dijo:

        Bueno, no creo que se pueda evitar que los lectores saquen sus propias moralejas y sus propias interpretaciones de una lectura, aunque el autor no pretenda inculcar moralejas. Cada uno las analiza en función de su propia sensibilidad.Pero a lo mejor eso es lo bonito.
        Coincido en que tu explicación y comentario es muy bueno. La verdad es que no puedo decir que no comprenda la actuación de Adán. Puedo entender su rabia y frustración, que al final desapareran con el tiempo. Pero las cosas nunca son tan simples, y normalmente suceden por motivos diversos, que probablemente nadie se pone a analizar.(y a lo mejor ese es el problema). Es una forma cruel de aprender para todos: para Adán, para Eva y para los faunos.

  2. Yohana dijo:

    Es un cuento un poco duro, pero extrañamente hermoso. Está muy bien escrito, muy detallista.Esta muy bien, aunque también es de esos que he tenido que leerlo dos veces para apreciarlo mejor.
    Yo no creo que seamos siempre los humanos los responsables de todos los cambios. ¿qué clase de paraíso era aquel en el que le pasan esas cosas a Eva?. Era evidente que el paraíso había dejado de serlo hacía tiempo, por lo menos para Adán y Eva.(para los faunos sería otra cosa). Lo demás, el cambio, era cuestión de tiempo la pareja lo fuera asimilando. Y lo hicieron.

    • Isma dijo:

      Por supuesto, un paraíso con violadores, sean humanos, faunos o unicornios, no es un paraíso. Al respecto, veo que el final dice “poco a poco, muy despacio, los humanos murieron y desaparecieron del paraíso”. Entiendo que el paraíso se presenta como un estado gradual, algo que se puede perder poco a poco. No es un estado absoluto, no es un lugar de plenitud en el que puedo estar por completo o me pueden echar por completo, sino que es un sitio en el que se puede estar más o estar menos (lo que imagino que simboliza que la plenitud y la felicidad siempre es parcial, no es total o nula). Por eso, entiendo que la historia narra como, poco a poco, los impulsos pueden convertir la plenitud en caos e infelicidad. Eso es al menos lo que yo interpreto…

  3. Yohana dijo:

    Villy:Me gusta tu cuento. Espero ver más tuyos por aquí, y descubrir más cosas nuevas de tí.

    Isma: No me sorprende tu réplica. Lo cierto es que nada que pueda ser absoluto o radical, puede ser bueno(eso creo). Aunque lo de estar o no estar por completo, o echar o no por completo (¿echar?¿que necesidad hay?) suena muy schrodingerniano (o como se pueda escribir). Efectivamente, siempre hay matices. Ya lo había dicho yo. Y los matices te pueden dar mucha información útil: que personas son buenas y generosas y quienes no tanto, los que se preocupan por los demás, quién tiene las cuarenta en bastos y como la salida de España de la eurozona es cuestión de tiempo, etc., y en función de esta información, uno toma decisiones y hace lo que más le conviene y descarta lo que no. Pero incluso en estos matices, hay matices.
    Con respecto a los impulsos, es verdad que a veces pueden resultar destructivos. Nada que objetar. Sin embargo, los impulsos a veces te llevan al cambio, y los cambios a veces son necesarios para progresar y no quedar anclado.Supongo que el secreto consiste en saber canalizar los cambios, y considerar que un impulso no es algo que se prolonga en el tiempo.
    Con respecto a la plenitud y la felicidad, yo creo que es más un estado mental. Pero si algo he aprendido, es que no hay que esperar que venga, y apreciar y buscar las pequeñas cosas que te hacen feliz, y no desdeñar los lugares donde no esperabas que viniera, ni dar por sentado donde pensabas que se encontraba.

    • Isma dijo:

      Lo de la moderación y evitar lo absoluto o radical tiene sentido en general, aunque tampoco hay que exagerar aplicando el justo medio aristotélico a todo. Tiene sentido que, entre la avaricia extrema y la generosidad extrema, el punto medio sea el más apropiado. Lo mismo entre ser alto y ser bajo, entre ser trabajador y ser vago, entre ser confiado y ser desconfiado, etc. Pero, ¿cuál es la cantiad óptima de impulsos asesinos que debe tener una persona? ¿El óptimo consiste en tener una cantidad de impulsos asesinos que esté entre cero y muchos, es decir, en tener una cantidad “moderada” de impulsos asesinos? ¿Cuál es la cantidad óptima de deseo pederasta que debe tener una persona? ¿Acaso lo óptimo es ser “moderadamente pederasta”, pues es el punto intermedio entre nada y mucho? Hay muchos casos en que sólo uno de los dos extremos tiene sentido. El justo medio de Aristóteles es algo simplista.

      Pienso que la felicidad se consigue (efímeramente) en la consecución de cambios a mejor. Cuando notas que un aspecto importante de tu vida mejora, eres feliz. Por ejemplo, una persona muy rica llegará a no recibir ninguna felicidad de sus riquezas, pues alcanzará un punto en que necesitará que algo vaya a mejor para ser feliz (pareja, familia, amistades… o simplemente tener más riquezas aún). Lo importante no es nuestro estado, sino la derivada de nuestro estado.

      Oí también la teoría de que la felicidad se consigue cuando resolvemos problemas difíciles. No sé de quién es, pero tiene sentido.

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