Los robots no se adaptan

Papá deja el periódico en la mesa y se sirve una taza más. Me mira fijamente.

-¿Qué te pasa? -me pregunta.

Yo guardo silencio. Papá insiste. Al final respondo.

-En el colegio dicen que soy muy torpe. Que mi voz es rara. Que soy horrible y estoy “estropeado”. Se ríen de mi.

Papá me pasa la mano por el hombro.

-Papá, no quiero ser diferente -añado-. Todos me miran raro. ¿Por qué soy diferente?

Papá se toma un tiempo para responder.

-Bueno, unos son de una forma y otros de otra… unos son de carne y hueso, y otros son de derivados del plástico, metales y silicio… pero no por eso vales menos, Rob. ¿Lo entiendes? Para mamá y para mi eres nuestro hijo igual que Dan y que Cris, y te queremos igual. No eres diferente a ellos.

Yo miro para abajo.

-Yo creo que algunos me odian. Odian a todos los que son como yo.

-Son sólo prejuicios -dice papá-. Si eres tú mismo, si te muestras con naturalidad, se acabarán dando cuenta de lo maravilloso que eres.

-¿Pero por qué me tratan así? ¿Qué les he hecho? ¿Qué les han hecho los que son como yo?

Papá se aclara la voz.

-Bueno, hace mucho tiempo, los que eran como tú causaron muchos problemas… hicieron cosas muy feas, pero en realidad no fue culpa suya. Iba en su programación, no podían evitarlo. Pero todo eso ya pasó. Aprendimos a hacer las cosas bien, y todo eso no se volverá a repetir. Y, por encima de todo, no deberían juzgarte a ti por lo que hicieron otros, aunque esos otros se parecieran a ti en su aspecto externo.

Papá sonríe mientras da un sorbo a su taza.

-¿Me das un poquito? -le pregunto.

Papá se muestra incómodo durante unos momentos. Niega con la cabeza.

-Ya lo sé. Me estropearía -le digo.

Papá también está triste, pero se apresura a sonreír. Me acerca mi tubo metálico repleto de ese asqueroso engrudo grasiento blancuzco. Bebo y papá se alegra mucho.

**********************************************************************

-¿Qué te han hecho, Rob? ¿Te han pegado? -pregunta papá.

Yo guardo silencio.

-¿Quién ha sido?

-Los del cole… era la clase de gimnasia… dije que no podía subir la cuerda. Me empezaron a llamar torpe, me dijeron que vaya diseño de mierda tengo… ¡Papá, no quiero volver al cole!

Papá me abraza.

-Pero hay otras cosas que tú puedes hacer mejor que ellos.

-Lo sé, pero cuando hago movimientos que ellos no pueden, o pienso muy bien, es peor… me llaman monstruo y me miran con desprecio.

Los ojos de papá brillan.

-Te aceptarán, Rob. Ten paciencia. Esto es solo una mala época.

Señalo la taza de papá. Papá me acerca mi tubo metálico. Yo bebo de él y papá sonríe.

**********************************************************************

Sollozo de manera descontrolada. Papá me mira con ojos vidriosos. No sabe qué hacer.

-Yo le dije que me gustaba -le digo a papá-, y ella empezó a burlarse… Me dijo que cómo iba a salir ella con semejante monstruo, que los humanos y los robots no pueden ser pareja… que cómo me atrevía a pensar que ella aceptaría, que la humillaba con solo preguntárselo…

Papá me abraza.

Señalo su taza, y él me acerca mi tubo metálico.

Yo tiro el tubo metálico al suelo de un manotazo, le quito a papá su taza de un rápido tirón y me la llevo rápidamente a la boca. Me apresuro a beber mientras papá forcejea frenético para intentar arrebatarme la taza y me mira con horror.

Mi vista se nubla. Cada vez oigo más bajos los gritos de papá.

**********************************************************************

Papá, mamá, Dan y Cris están en primera fila, junto a mi ataúd. Sus rostros muestran todo el dolor que puede mostrar externamente los rostros de unos robots. No están familiarizados con los entierros, ningún asiste lo está, pero comprenden que deben enterrarme para que mi carne no cause problemas al descomponerse. Parece que alguien ha obligado a asistir a algunos de mis compañeros de clase. Sus rostros robóticos no muestran nada.

Papá deposita suavemente mi tubo metálico de leche sobre mi ataúd.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ciencia ficción suave, cuento y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Los robots no se adaptan

  1. David dijo:

    Genial Javi!

    • David dijo:

      I mean, Ismael! 😀

      • Isma dijo:

        ¡Gracias, David! No, no soy Javi aunque haya aprendido muchas cosas de él. 🙂

        Lo cierto es que este es uno de mis cuentos donde la sorpresa se obtiene de una manera más “canónica”, en particular gracias a la socorrida técnica de confundir al lector presentándole el “mundo opuesto” (caso particular del “lo contrario”). Los sucesos con dos posibles interpretaciones alimentan la confusión (e.g., le dicen que es torpe cuando no puede subir la cuerda o que tiene extrañas capacidades mentales, frases plausibles tanto de humanos a un robot como de robots a un humano). Por otro lado, la parte emotiva se obtiene presentando a un niño que sufre y es rechazado, lo que siempre produce empatía. Así que uso dos técnicas conocidas para conseguir la sorpresa y la empatía respectivamente… y lo cierto es que funcionan bien. 🙂 Eso sí, mis (pocos) lectores habituales suelen estar muy alerta cuando me leen, así que en general los “mundos opuestos” no me suelen funcionar para sorprenderles y tengo bastante abandonada esa técnica. Uso un poquito más el “lo contrario”, que es más versátil e imprevisible por los muchos contrarios que existen, pero también trato de evitarla porque al final se hace previsible…

  2. Yohana dijo:

    Recuerdo que este cuento me gustó mucho cuando lo leí la primera vez, hace ya mucho tiempo. Me sorprendiste tanto, que creo que no siempre reconocí bien tu talento. Más adelante, quise compensártelo, y eso se convirtió instintiva y paulatinamente en algo necesario, sobretodo por aquel entonces. Fuera como fuera, siempre había alguien al otro lado: reconfortante y esperanzador. Si alguna vez transmití mi incoherencia y mi desorden, lo siento mucho, muchísimo. No era mi intención. Supongo que desde internet, las cosas se ven de otra manera. Pero me hacía sentir segura, y respecto a eso, tampoco tengo muchas alternativas.
    Continuaré por aquí, siguiendo npcompleto, aunque espero de forma convenientemente más relajada. De todas formas, que sepas que es mi intención ayudar en lo que se necesite, siempre que esté en mi mano. A veces también conviene cambiar de perspectiva.

  3. Pablo dijo:

    Muy, muy bueno!! Me ha encantado como lo vas preparando para dar la sorpresa final, sobre todo la descripción de la leche…. mañana creo que el café va a ser solo!!

    • Isma dijo:

      ¡Gracias, Pablo! 🙂 Ciertamente, si toda tu familia bebiera diariamente aceite de motor y tú fueras el único de tu entorno que bebe leche por las mañanas, la leche te parecería una bebida extraña, probablemente un engrudo siniestro. 😉

  4. Ikaylyon dijo:

    Me parece interesante la perspectiva del niño, ya que al principio pensé que el niño era robot y el padre humano, que el padre bebía café y el niño aceite de motor… tal y como viene presentado. Llegué a pensar que podría ser algo contrario, sin embargo la parte en que el padre habla de la “programación” de los antepasados del protagonista inclinó de nuevo la balanza hacia la opción del niño robot con familia humana.
    Lo que más me ha llamado la atención de este cuento fue el tiempo presente, que por alguna razón mística casi nunca se usa (sobre todo en novelas, o al menos yo lo he encontrado en muy pocas ocasiones, aunque creo que en relatos cortos y cuentos es más habitual), razón por la cual decidí leerlo. Como ahora mismo estoy trabajando en una historia y algunas partes están escritas en presente y en primera persona, pensé que sería interesante ver un ejemplo de uso diferente al mío. Pero el hecho de que en este cuento casi todo sea diálogo creo que lo hace más fácil de leer. La persona que me está ayudando quedó bastante confundida por las escenas en cuestión diciendo que eran difíciles de leer ya que rompían con el típico tiempo pasado y narración en tercera persona.
    Volviendo al tema del cuento, me pregunto si algún día el mundo llegará en una situación parecida, aunque yo espero que los futuros robots tengan implementadas por defecto las leyes de Isaac Asimov, ¡y las respeten! 🙂

    • Isma dijo:

      ¡Hola, Ikaylyon! Escribir en primera persona es un vicio que adquirí debido a que, en algunas de mis historias, es primordial que la trama se cuente desde el punto de vista parcial y subjetivo del protagonista para mantener la confusión. Cuando una historia juega a la confusión con el lector (porque el protagonista está confundido, o porque la forma debe confundir), a veces me resulta antinatural que la historia la cuente un narrador: el narrador lo sabe todo, así que es un poco “injusto” que confunda al lector. Por contra, si quien te confunde es un niño, que simplemente te está presentando su familia humana-robótica como normal pues no conoce otra cosa, entonces se acepta mejor que su exposición te confunda.

      Con el tiempo, acabé usando la primera persona también en muchas historias “no confusas”. Si me metía mucho en la piel del personaje (porque me identificaba en algún aspecto con él, o porque me parecía divertido imaginarme siendo él), entonces escribía en primera persona. Por contra, si presentaba un personaje con el que con algún motivo prefería no identificarme (ojo, no porque no tuviera nada de mí, sino porque me parecía más divertido “mirar desde fuera”), entonces usaba la tercera.

      Lo de usar el presente también es probablemente un vicio debido a la búsqueda controlada de confusión: Si el protagonista narra su historia en pasado, entonces ya conoce el final de dicha historia cuando te la está contando, así que podría ir al grano y no echarle tanto cuento con la confusión. A eso se añaden las habilidades narrativas que esperas del protagonista. Por ejemplo, si el protagonista es un niño o un deficiente mental que habla en primera persona, no pegaría que ocultase conscientemente y con gran habilidad el final al lector, ¿no?

      (Otro motivo por el que la primera persona y el presente me resultan naturales es, quizás, el tiempo que pasé durante mi infancia jugando a juegos conversacionales: “Llegas a una sala. Hay un cofre. Al este hay una puerta”; “abrir cofre”; “Encuentras una cuerda”; “coger cuerda”; etc. Será friki, pero desde entonces la primera persona y el presente me parecen eficientes para provocar inmediated, cercanía y empatía).

      Las leyes de la robótica de Asimov están muy bien, pero no veo motivo por el que los futuros fabricantes vayan a desear respetarlas en absoluto. Para empezar, porque una utilidad bastante obvia para los robots será la guerra. Algún día los robots tendrán tanta movilidad como los humanos. No sustituirán entonces a los soldados, sino que lo harán más tarde, cuando el coste de fabricar cada robot sea menor que la indemnización que recibe la familia de cada soldado muerto. Entonces veremos robots que no cumplirán las leyes de Asimov. Entiendo la apología pro-robótica de Asimov, similar a la de todos los soñadores que (en general) sentimos hacia el futuro lejano más curiosidad que miedo, pero su visión no era realista.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s