La alegría del portador de estaño

Mañana por la mañana seré fusilado por un pelotón de ositos de peluche. Lo curioso es que me adoran. Absolutamente todos los ositos de peluche de este mundo me adoran.

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Llegué a Bak-3 en mi nave de la Asociación Por Los Derechos de los Diseñados. Nuestra asociación recoge fondos y los utiliza para mejorar las condiciones de vida de los diseñados, que son aquellos seres vivos que fueron diseñados expresamente para realizar una tarea como esclavos y, sobre todo, para desear hacerla. Bak-3 es un planeta poblado únicamente por diseñados, una especie minera con aspecto de muñequitos peludos cuya única fuente de placer procede de la actividad de llevar trozos de estaño al Punto de Entrega o, en menor medida, de colaborar para que otros puedan llevarlos. La compañía minera que creó a estos diseñados venía periódicamente al Punto de Entrega para recoger el estaño acumulado. Sin embargo, hace aproximadamente mil años que las naves de la compañía dejaron de llegar por considerar la mina poco rentable. El estaño dejó de ser imprescindible para construir determinada pieza de los motores espaciales, y entonces los costos de transporte comenzaron a ser prohibitivos en comparación con los nuevos precios del mineral. Así que Bak-3 y los diseñados que lo habitaban fueron abandonados a su suerte.

Por su parte, los diseñados siguieron excavando estaño y acumulándolo en el Punto de Entrega, pues seguía siendo su gran fuente de placer. Sin embargo, nadie recogía ese estaño. El resultado es que, apenas unos cientos de años más tarde, el aspecto de Bak-3 desde el espacio exterior pasó a parecerse a un helado de cucurucho en el que la bola de helado, que sería el propio Bak-3, parece un queso gruyere por los inmensos agujeros creados por la minería frenética, y el cucurucho sería una descomunal montaña de estaño acumulada sobre el Punto de Entrega. Vale, quizás esté exagerando, la montaña de estaño no es tan alargada como para parecer, en comparación con el planeta, el cucurucho de un helado. Pero realmente se distingue desde el espacio, incluso cuando acabas de llegar al sistema y ves Bak-3 como un pequeño disco en la lejanía.

Lógicamente, el estaño acumulado en las entrañas de la tierra prácticamente se agotó. Y con ello llegó el fin de la paz entre los diseñados, que comenzaron a luchar ferozmente por poder llevar unos pocos gramos de estaño más a la montaña, única actividad que les proporcionaba verdadero placer. Y en este estado de guerra constante, frustración e infelicidad llevan desde entonces.

Las naves de los diseñados salen a mi encuentro mientras mi nave se acerca a la atmósfera de Bak-3. Tras abordarme y comprobar que no llevo armas, me permiten aterrizar.

Me reúno con varios líderes locales y trato de convencerles para que participen en el programa que les ofrezco: introducir una modificación genética para que sus hijos dejen de sentir placer por llevar estaño al Punto de Entrega. Así, la siguiente generación sólo tendría deseos normales, sólo tendría los deseos que conducen al mantenimiento de la especie, como ocurre en todas las especies normales. Ante mi propuesta, me miran asombrados y asqueados. “¿Cómo vamos a eliminar ese deseo en nuestros hijos? Nuestros hijos también deben desear llevar estaño al Punto de Entrega. Así, nosotros como padres estaremos colaborando también a que se lleve estaño, y nosotros mismos también recibiremos mucho placer” me dicen. “¡Pero si ya apenas hay estaño, en cualquier caso!” les respondo. Este comentario les duele enormemente, y soy expulsado del poblado.

Entonces llego a la conclusión de que, para mejorar la vida de los diseñados, sólo cabe aplicar el Plan B. Me dirijo al Punto de Entrega. La gigantesca montaña no está vigilada, ¿para qué? Por su propio diseño, ningún diseñado osaría jamás quitar estaño del Punto de Entrega, pues aquí es donde el estaño debe estar. Por otro lado, en estos tiempos ninguna compañía de otro planeta vería rentable hacer una costosa expedición a este rincón olvidado de la galaxia para llevarse… estaño. Así que escalo la montaña de trocitos de estaño durante varias semanas y, al llegar a la cima, deposito mi bomba de dispersión, que está equipada con una perforadora que le permite enterrarse en las entrañas de la montaña. Mientras la bomba penetra lentamente en la montaña, desciendo yo mismo de ella. Unas semanas más tarde, cuando ya me encuentro a cierta distancia de la montaña, denoto la bomba con mi control remoto. ¡Bum!

La montaña explota desde dentro, retumba y tiembla. Fino polvo de estaño se levanta al aire y el viento lo esparce por todo el planeta. Ahora todo el planeta está lleno de partículas de estaño. Vuelve a abundar el estaño que no está en el Punto de Entrega, así que todos los diseñados pueden volver a llevar estaño al Punto y ser felices.

Lo cierto es que no había planeado un plan de fuga como tal, y debí haberlo hecho. Era fácil descubrir que aquello había sido obra mía: yo era el único extranjero en el planeta y ningún diseñado haría tal cosa. Soy detenido, encarcelado y juzgado. “Usted ha sacado estaño del Punto de Entrega” dice el juez. “Sólo la Compañía Minera puede sacar estaño del Punto de Entrega, pero hace cientos de años que la Compañía Minera no existe. Por tanto, nadie puede sacar estaño del Punto de Entrega. Por la terrible ofensa que supone haber profanado el Punto de Entrega, se le condena a muerte” sentencia el juez.

Entonces soy enviado a una celda en la que permanezco incomunicado durante varios meses, incluso de mis carceleros. Periódicamente entra comida por un agujero de la pared.

Un día los carceleros me sacan de la celda y me montan en un vehículo descapotable. Me explican que van a pasearme por las principales calles de la capital y que seré ejecutado mañana. “Me dan el paseíllo para que todos puedan insultarme” pienso. Los carceleros se sacan fotos conmigo mientras sonríen. Pienso que son muy sádicos. Cuando me abrazan, pienso que están siendo innecesariamente crueles.

Para mi sorpresa, la gente en la calle me aplaude y vitorea. “Héroe” mi gritan mientras me lanzan objetos decorativos similares al confeti y las serpentinas. Un momento… ¡parece que los carceleros iban en serio! Ellos también me aplauden sonrientes. ¿De qué va esto?

El vehículo se para en una gran plaza, donde soy recibido por el presidente y varios políticos, que me abrazan y me dan las gracias. Incluso el juez que me ha condenado a muerte me felicita con entusiasmo “por haber traído la paz a Bak-3”. La gente agradece que, ahora que hay abundante estaño que llevar al Punto de Encuentro, todos podrán llevar estaño durante cientos de años y no habrá motivo para la guerra.

“¿Entonces estoy libre?” les pregunto. “No, no, de ninguna manera” responde el presidente mientras todos asienten. “Mañana será fusilado como ha sido previsto. No podemos permitir que nadie saque estaño del Punto de Entrega, comprenda que es lo más sagrado para nosotros… pero eso no significa que usted no haya sido un libertador para nosotros, es usted un auténtico héroe. ¡Gracias!”.

Empiezo a sentir mareos. Mientras la gente me vitorea, los políticos destapan una inmensa estatua de mi persona. No está hecha de estaño, claro, sino de piedra.

“¡Por favor! ¡Déjenme vivir!” imploro al presidente entre sollozos. “Lo siento, tiene que ser así” me responden.

La gente en la plaza me aclama. Gritan cosas como “héroe”, “libertador” o “gracias”. También gritan “Te echaremos de menos desde mañana” y portan carteles que dicen “Te honraremos con profundo agradecimiento en tu funeral”. Cantan canciones sobre cómo se echa de menos a los amigos de los que tienes que despedirte. Creo que voy a vomitar.

“Mire, ahí está el mausoleo que habitará desde mañana” me dice el presidente orgulloso mientras señala una majestuosa construcción coronada por un inmenso busto con mi rostro.

Me pongo de rodillas y vomito profusamente. “¡Ánimo, héroe!” me grita la gente. “¡Se valiente! ¡Seguirás en nuestros corazones! ¡Te queremos!” exclaman.

Tengo que hacer algo, esto es absurdo. Tengo que negociar. “¡Por favor, haré lo que sea!” digo al presidente. “¡Puedo traerles más estaño de mi mundo si quieren!”. El presidente y los políticos se muestran muy sorprendidos. “No puede ser, sólo aquí hay estaño” me explican. “Nos lo dijeron los empleados de la Compañía Minera que nos diseñaron. Por eso nos crearon” dicen. Me extraña y sorprende esa afirmación. Les explico que eso no es verdad, que hay estaño en todas partes, por toda la galaxia. Les cuento que el estaño era muy caro cuando fueron diseñados porque se necesitaba en cantidades ingentes, pero en realidad está presente en casi todos los mundos.

“Bueno, eso no cambia nada” me responden. “Usted ha profanado el Punto de Entrega, así que debe morir” dice el presidente con gesto serio. “Pero todos le estamos muy agradecidos” añade a continuación con una gran sonrisa.

Sigo recibiendo más honores por parte de la multitud. Se me nubla la vista, me desmayo. Entre grandes aplausos, el vehículo regresa y soy conducido de nuevo a mi celda.

Me reciben temprano. Soy conducido al paredón. Los verdugos del pelotón se me acercan para abrazarme y hacerse fotos conmigo. “¡Ánimo, esto pasará rápido!” dicen. “¡Todo habrá terminado en un periquete!” dice el jefe del pelotón, sonriente. Me atan a un poste y me vendan los ojos.

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Apenas dos años después de mi muerte, una inmensa flota de naves de guerra creada por los diseñados, nutrida por miles de veteranos de las interminables guerras a las que yo había puesto fin poco tiempo antes, y armados por el sofisticado y terrible armamento que habían ideado durante dichas guerras, partió de Bak-3 en busca del estaño que pudiera haber en otros mundos de la galaxia. Era la primera vez que salían de su sistema. Al fin y al cabo, hasta hacía dos años creían que sólo había estaño en Bak-3, así que, ¿para qué iban a salir de allí?

En cada mundo que conquistaron, los diseñados forzaron a toda la población a introducir una modificación genética para que sus hijos deseasen llevar estaño al Punto de Entrega de Bak-3.

Mi planeta natal, sede central de la Asociación Por Los Derechos de los Diseñados, fue uno de ellos. Otro fue de ellos fue el planeta originario de la Compañía Minera. Y hubo muchos, muchísimos más. En apenas una generación, todos los ciudadanos de esos mundos se convirtieron en alegres portadores de estaño al Punto de Entrega de Bak-3.

Unos cientos de años después, Bak-3 y su montaña de estaño parecen realmente, ahora sí, un gigantesco un helado de cucurucho.

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6 respuestas a La alegría del portador de estaño

  1. Isma dijo:

    Acabo de añadir un párrafo nuevo al final (es el que ahora es el penúltimo). Creo que ayuda a que el desenlace se interprete, con un poco más de claridad que antes, como una ironía cruel…

  2. Yohana dijo:

    Ummhh, supongo que en cualquier acción, bélica o de otra índole, los daños colaterales son inevitables, sobretodo para los países tercermundistas. O al menos eso es lo que diría EE.UU, que en realidad solo pretende que se den condiciones que básicamente favorezcan a este país.
    O a lo mejor es que no entiendo la lógica de ese país. Pero me parece más probable que este no entienda la lógica de los otros.
    En fin…no se puede tener todo.

  3. Yohana dijo:

    Estoy pensando que mi anterior comentario podría ser malinterpretado. Tenías razón en lo de los impulsos, pero me gustaría que constara que sé lo que hay.
    Este comentario es solo una forma de expresar algo ya venía rumiando hace días. Lo siento si te he desconcertado.

  4. Isma dijo:

    Entiendo que te refieres a que los “colonizadores imperialistas” (la “Compañía Minera”, que podrían ser EEUU hoy en día o España en el s. XVI) acaban recibiendo su merecido cuando los colonizados convierten a los colonizadores a su propia cultura (e.g. como los bárbaros a Roma). Algo así es la ironía que intento añadir con el párrafo nuevo, aunque con un matiz surrealista: los ciudadanos del planeta de la Compañía Minera acaban también llevando estaño, un estaño que no le importa a nadie una vez depositado en un lugar arbitrario que inventaron ellos mismos siglos atrás.

    Sin embargo, el tema principal del cuento es nuestra dependencia de nuestros deseos, que nos llevan a tener un comportamiento que sería absurdo para quien no tuviera dicho deseo. Si un alienígena asexual viera las cosas que hacemos para aumentar las probabilidades de poder escoger compañero/a sexual (e.g. trabajar durante horas para pagar ropa, o perfumes, o coches caros con los que agradar e impresionar), alucinaría. Imaginemos que el alienígena, abrumado por tanto comportamiento extraño, nos dijera: “¿qué os parece si os hago a todos asexuales? A partir de ahora, cuando queráis reproduciros, lo haréis por bipartición sin apenas darnos cuenta. ¡Os simplificaré la vida muchísimo!”. Entonces, probablemente el alienígena sería expulsado de la Tierra de una patada. Nuestros deseos y fuentes de placer nos hacen lo que somos. ¿Alimentarnos con con suero intravenoso? ¿Tomar una droga que en adelante haga innecesario dormir? Si alguien eliminase su deseo de comer, dormir, ver cosas nuevas, reír, copular, etc… entonces se convertiría en una piedra inmóvil, estaría muerto.

    Para la vida en el s. XXI, muchos de nuestros deseos son tan absurdos como llevar estaño a Bak-3. Comer de más es innecesario en un lugar donde la comida nunca falta. Desear hacer ejercicio es innecesario en un lugar donde la carne no hay que cazarla con un arco mientras corres, sino que está en un refrigerador del súper. Pero ahí nos tienes: comiendo con exceso y haciendo footing. O sea, llevando estaño a Bak-3.

  5. Yohana dijo:

    La verdad de los colonizadores opresores opino justo lo contrario: que raramente acaban recibiendo su merecido, aunque su huella de destrucción sea muy amplia. En ese sentido, me pregunto si eres objetivo.

    Deberías escribir un cuento sobre alienígenas que observan nuestros comportamientos de apareamiento. Quedaría muy gracioso, sobre todo con tu idea final de que el alienígena sugiera comportamientos lógicos y simples a los humanos. Puestos a imaginar, los veo como excesivamente metódicos analistas de campo, algo así como Campillo diciendo algo tan lógico y a la vez tan sencillo, que los humanos en su empecinamiento no pueden verlo como aceptable. Ejemplo: la idea de que un macho adinerado y poderoso puede atraer a cierto número y tipo de hembras, (podría extenderme sobre ese tema, porque veo cosas a diario) sin embargo con otras funcionaria mejor ser más solicito y accesible, y a pesar de todo la figura de macho alfa sigue siendo la más buscada. O de la pobre chica que cree que vistiéndose como una fulana, conseguirá al muchacho que quiera, pero curiosamente sólo consigue el efecto contrario porque resulta que existen los estereotipos. Y hablando de estereotipos, mejor ni menciono las exageradas expectativas que tienen muchos de los representantes de ambos sexos para con el sexo contrario, que les hacen descartar a potenciales parejas válidas, sin siquiera tratar de conocerles.

    No tener deseos, ni esperar nada del mundo es la mejor estrategia de supervivencia que conozco en un sistema tan…individualista y tan carente de comunicación como en el que vivimos. Al fin y al cabo, son nuestras expectativas no cumplidas las que nos llevan a la frustración y a la infelicidad. El problema de no tener expectativas, es que de indiferente que te vuelves, podría parecer frío, pero lo cierto es que al final aprecias todo lo que te llega como un regalo.

    De todas formas, somos humanos y eso lo entiende casi todo el mundo. Ciertamente, nuestros deseos nos definen, y bien canalizados, NUNCA son malos.Me da más pena que otra cosa la gente que nunca ha tenido esos deseos que te llevan a tener un comportamiento absurdo, o que simplemente su vida venía ya tan resuelta por sus condiciones superficiales, que no han tenido necesidad de experimentarlo. Porque para tu información te diré, (porque creo que no lo sabes), que los verdaderos perdedores perpetuos, es decir aquellos que realmente tenemos comportamientos absurdos y que hacemos tonterías genuinas porque vemos que uno tras otro nuestros deseos quedan relegados a los deseos (en ocasiones simplemente egoístas) de los demás, también tenemos nuestras estrategias ventajosas, una de ellas es que somos solidarios entre nosotros. Aunque mucho me temo que los perdedores nunca estarán bien vistos por el resto, sea como sea.

    Y sin embargo, siempre hay una pequeña esperanza, cercana y lejana a la vez, de que el final sea siempre el principio, como en esas historias cíclicas que tanto te gustan.

  6. Isma dijo:

    En el largo plazo, hay bastantes ejemplos históricos de colonizadores que acabaron sucumbiendo ante los anteriormente colonizados (e.g. casi todas las civilizaciones de la antigüedad y clásicas). Todo consiste en esperar el tiempo suficiente…

    Sobre la consecución de los deseos: creo que no existe ningún momento de vacío existencial mayor que el tiempo que transcurre desde que termina tu euforia por tu último deseo conseguido y el momento en que por fin has decidido cuál será tu próximo deseo. Hace años leí un reportaje sobre la depresión que sufrieron muchos medallistas olímpicos de Barcelona 92 pocos años después de los juegos, y me hizo pensar. Como mencioné alguna vez, creo que la clave para sentirse bien es notar que algo va a mejor. Una forma asequible de conseguirlo es empezar a practicar alguna habilidad en la que puedas notar una mejoría con el tiempo: empezar a tocar el violín, apuntarse a hacer kárate, cuidar un huerto o escribir cuentos, por ejemplo. 🙂 Y hay otros muchos deseos en la vida para los que la dificultad reside en algo tan obvio como… ¡atreverse! Lo cual puede ser fácil o difícil, ojo, no subestimemos la importancia del bloqueo mental.

    Por cierto, he escrito un nuevo cuento sobre Campillo. Su modo de vida da un giro radical al poco de regresar de Alfa Centauri. Dentro de algún tiempo lo colgaré. 🙂

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