Elmaryo (por Sonia Rodríguez Garate)

Cada mañana me levanto y contemplo el mar en toda su inmensidad. Sí, en toda su inmensidad. Es extraño, al principio no me fue fácil acostumbrarme a ver esa cantidad de agua. Nunca había vivido en un lugar así, pero ahora todo es distinto.

Todos los días me asomo por la ventana y observo de qué color está, cuál es su ánimo. Esto es importante porque mi día está supeditado a él. Una vez que le he saludado comienza el día.

Las mañanas las dedico a recoger provisiones: diferentes tipos de fruta y algo de pescado. Esta labor me puede llevar toda la mañana, no es tan fácil conseguir el suficiente alimento para poder subsistir otro día más. Cuando consigo esto, por fin puedo disfrutar de verdad, es cuando me dedico a mí, cuando puedo dejarme llevar y soñar con lo que quiera.

A veces mis sueños se inician con la lectura de alguna página o bien me dejo caer sobre la arena y comienzo a imaginar diferentes aventuras: chicos que salen huyendo; piratas que amenazan a barcos ingleses; animales que quieren conocer mundo; mujeres que intentan dar una explicación a lo que sucede…. miles y miles de aventuras. En todas ellas siempre aparezco aunque no soy la protagonista principal, siempre me ha gustado permanecer en un segundo plano. Siempre en un segundo plano. Las cosas cambiaron cuando llegué aquí, ya no podía permanecer entre las bambalinas.

Al principio resultó difícil, complicado y cansado. Todo dependía de mí y era la que daba sentido a todo. Gracias a mí y al mar todo se iniciaba. Somos como la rueca de una hilandera, en el momento que damos el primer impulso todo empieza a girar y a funcionar y así día tras día. En ese momento tengo que olvidarme de mis sueños, de lo que fui, tengo que convertirme en la mujer que tienes fuerzas para mantener todo, para hacer que todo siga su ritmo porque en caso contrario todo permanecerá quieto. Durante esos momentos debes olvidar los sueños, ellos no te sirven de nada.

Los primeros días me negué a ello, ¿por qué tenía que moverme? ¿por qué tenía que ser el inicio? ¿por qué olvidar los sueños? Con el paso del tiempo cambié y al probarlo por primera vez, me gustó la sensación porque eso hizo que buscara otro espacio, otro momento. Yo era el principio, todo se generaba a partir de mis movimientos y por supuesto de la agitación del mar. Este era tan imprescindible como yo. Éramos el motor de la realidad y me acostumbré a ello. Por ello todas las mañanas me asomo y contemplo el mar. Él me indica los movimientos que llevaré a cabo y hará que todo se desperece.

Así pasaban los días, los meses y los años. Siempre la misma rutina, siempre la misma forma de actuar, siempre despertando a la vida para que todo se iniciara y luego dejándome llevar para soñar con otras realidades, para recuperar todo el mundo que tenía que olvidar por las mañanas.

Las tardes eran distintas, allí regresaba la magia y el mar me acompañaba en mi caminar, en el regreso a mi mundo. Él se encargaba de agitarme, de mecerme para que poco a poco me sumergiera en el mundo que ambos deseábamos. En ese momento todo volvía a ser como antes, todo cobraba sentido y volvían los sueños. Tenían que volver porque debía fabricarlos para de nuevo hacer girar la rueca. Ambos nos sumergíamos en las historias más increíbles y durante esos instantes todo funcionaba a la perfección. Al llegar la noche e ir apareciendo las estrellas, volvemos de nuevo a la realidad. El mar comienza a agitarse para acunar a los diferentes peces y yo retorno a mi cabaña para descansar. Ahí es cuando nos despedimos hasta la mañana siguiente en la que nos volveremos a encontrar para volver a soñar.

Día tras día vivo así junto con mi único compañero: el mar. Al final acabas acostumbrándote y tras muchos intentos de querer que me encuentren, al fin he decidido que quiero seguir viviendo en la isla, en realidad, en nuestra isla.

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12 respuestas a Elmaryo (por Sonia Rodríguez Garate)

  1. Isma dijo:

    Una emotiva manera de narrar los sentimientos de una náufraga en una isla desierta, pero que también podrían ser perfectamente los sentimientos de una persona cualquiera que se levanta cada día de la cama intentando reunir las fuerzas para afrontar un nuevo día, tratando de sobrevivir en un precario equilibrio entre realidad y anhelos frustrados. Una metáfora hábil y muy bien planteada, Sonia. 🙂

    Como ya te comenté cuando me pasaste el cuento, coincido plenamente contigo en que en esta historia no debe suceder ningún elemento desestabilizador. No deben venir al final unos piratas a rescatarla o a secuestrarla. No debe darse cuenta de repente de que en realidad está rodeada de gente en una gran ciudad, pero que se volvió loca por la deshumanización de la sociedad moderna. Tampoco deben venir unos extraterrestres a abducirla. 😉 La historia debe acabar tal y como acaba, en el mismo estado en el que empieza, pues nadie va a rescatarla. Seguirá allí, y sólo le queda la aceptación para sobrevivir. Sólo así el lector se contagia de la misma aceptación tranquila que invade a la protagonista. Esto es lo que hay y lo que habrá, aceptemos la realidad para vivir en armonía con dicha realidad.

    Con tu permiso, dentro de algún tiempo colgaré aquí otras historias tuyas. 🙂

  2. Un cuento hermoso que hace imaginar que puedes ser distintas protagonistas. Te envuelve y te lleva a muchos km de la realidad. Enhorabuena a la escritora.

  3. Yohana dijo:

    Bueno, yo no soy una especialista literaria. Es evidente que está muy bien escrito y es un cuento muy poético y metafórico, lo que tiene bastante mérito. Es muy intenso, no está pensado para evadirse.
    Pero está bien como recordatorio de que tenemos que aceptar nuestra realidad y vivir en ella, por mala que la consideremos (no conozco a nadie que esté contento con su realidad), tratando de hacerlo lo mejor posible.
    En cualquier caso, bien por la autora, y felicitaciones por su trabajo.

  4. Isma dijo:

    En relación al tema del cuento, me surge una duda sobre un asunto colateral. He oído a muchas mujeres decir que, cuando se arreglan, lo hacen “para ellas mismas”, que no lo hacen “para los demás”. Os hago la siguiente pregunta: si fuérais la protagonista del cuento, si viviérais en el convencimiento y la aceptación de que no van a venir a rescataros, ¿os molestaríais, por ejemplo, en cuidar vuestro pelo o en depilaros regularmente? ¿os molestaríais en maquillaros?

  5. Yohana dijo:

    Yo opino que ninguna mujer que se encuentre totalmente sola en una isla desierta no se arreglaría en absoluto. Supongo que lo que has querido preguntar es: si los hombres eligieran preferentemente como compañeras a las más feas.(debería ser así)¿se arreglarían las mujeres para sentirse hermosas?.

    • Isma dijo:

      Tu pregunta es una buena forma de reformular mi propia pregunta. Las definiciones de “guapa” y “fea” pueden variar, pero con el tiempo siempre se acaban haciendo equivalentes a “atrae” o “no atrae” respectivamente (sólo por y para eso existen en última instancia esos conceptos). Así que imagino que la respuesta acabaría siendo la misma.

      Siempre había sospechado que eso de “no me arreglo por los demás, me arreglo para mí misma” era falso. Sólo es una bonita forma de negar la necesidad de mantener constantemente una imagen agradable para poder escoger pareja. Es una forma de imaginarse que uno (una, en este caso) es libre. En un entorno donde no hubiera que agradar al sexo opuesto, muchas cosas dejarían de hacerse. Si en la isla hubiera sólo mujeres heterosexuales, entonces al final el único “arreglo” que permanecería sería lavarse, por salud y por no incomodar a las vecinas.

      Esto contrasta con las estupideces que hacen los hombres para impresionar a las mujeres, tales como picarse para ver quién hace mejor cualquier chorrada, ser violentos con otros hombres, o realizar actividades innecesariamente arriesgadas para ver quién se atreve a más (hacer puenting, apostar todos los ahorros, etc). Esas actividades también se dan en las cárceles masculinas, a pesar de que no hay mujeres cerca. De hecho, si hacemos caso a las películas, algunos presos hacen pesas sin parar, pero no por metrosexualidad, sino para poder pegarse mejor con los demás o para ganarles en cualquier competición chorra.

      De aquí sacamos una conclusión muy extraña: al contrario que las mujeres, un grupo de hombres heterosexuales tendrá hábitos muy similares tanto si hay mujeres a la vista como si no (salvo quizás en lo de meter tripa, como en aquel episodio de Los Simpsons en el que todos los hombres de Springfield iban en autobús a la Superbowl ;-)). Quizás la clave sea que ese comportamiento que dijimos (competir por cualquier cosa, hacer cosas arriesgadas, etc) no sólo es la forma de atraer a las mujeres, sino también de hacer lo necesario para sobrevivir (conseguir comida, etc). Sin embargo, ponerse guapa o seductora no sirve para conseguir comida en una isla desierta o donde sólo hay mujeres.

      Ser mujer debe ser muy estresante: como las cosas que hay que hacer para sobrevivir no tienen absolutamente nada que ver con las cosas que hay que hacer para gustar, las mujeres siempre se ven obligadas a participar en dos competiciones paralelas e independientes, casi a tener doble personalidad.

  6. Yohana dijo:

    El problema es que la belleza en nuestra sociedad tiene otras connotaciones aparte de atraer a los chicos, y encima los cánones son cambiantes . El caso es que al final la mujer tiene que soportar muchas expectativas.¿no?

    • Isma dijo:

      ¡Sin duda! Admito que ser mujer es mucho más difícil.

      Hace algún tiempo oí una curiosa teoría. Consideremos los siguientes grupos sociales: (1) mujeres pobres; (2) mujeres ricas; (3) hombres pobres; (4) hombres ricos. Pues bien, esa teoría dice que el grupo social que más trabaja, de entre esos cuatro grupos, son las mujeres pobres (un trabajo de mierda, menor sueldo que sus compañeros hombres, y encima un curro bestial al llegar a casa desde el trabajo). Y el grupo social que menos trabaja de entre esos cuatro grupos son las mujeres ricas (típico perfil: no trabaja ni fuera de casa ni dentro de ella, sólo se dedica a ir de tiendas y al spa mientras su sirvienta cuida la casa y su nanny cuida de sus niños).

      El problema para las mujeres es que hay muchísimas más mujeres en el perfil (1) que en el perfil (2). Así que, efectivamente, en media ser mujer es muchísimo más duro que ser hombre.

  7. sonia dijo:

    Nuestra sociedad marca el estilo de la mujer. Como una vez oí: al hombre se le conquista por la vista. Y esto marca nuestra existencia 🙂

    • Isma dijo:

      Por supuesto, el comportamiento de la cosa que buscamos determina cómo nos comportamos nosotros. Si aquellos a los que queremos agradar valoran una determinada característica, entonces trataremos de desarrollar esa característica. En el caso de hombres y mujeres, como alguna vez hemos comentado en este blog, esas diferencias se deben a que el “examen de aptitud” genética del género humano descansa principalmente en los hombres: los hombres compiten, las mujeres seleccionan. Para una mujer, reproducirse sin más, es decir, conseguir sexo sin ser especialmente selectiva, es facilísimo, pues en condiciones normales los hombres buscan cantidad y las mujeres calidad. Simplificando bastante (pues todos somos diferentes y existen muchos matices), si eres hombre entonces tu estrategia es expansiva, buscas mujeres que sean sobre todo fértiles para exparcir tus genes: deben tener apariencia sana y joven. Y, simplificando tanto como antes, si eres mujer entonces tu estrategia es selectiva, buscas un hombre que parezca apto para tratar de esparcir sus genes (con las múltiples definiciones posibles que admite la palabra “apto”). Teniendo en cuenta que ambos progenitores aportan la misma cantidad de genes a su descendencia (50%-50%), no deja de ser extraña esa asimetría a la hora de decidir cuáles son los genes que ambos sexos consideran como “los importantes”, ¿verdad?

      Sospecho que la clave es que el género masculino es una especie de laboratorio de pruebas genético, ahí es donde los genes se prueban “sin atenuantes”, con un plus de tendencia irracional a la competitividad y a picarse con cualquier tema, por estúpido que sea, que exalta todo lo bueno y todo lo malo… lo que da lugar a una inmensa cantidad de necios (hombres obsesionados destructivamente con alguna afición chorra, inútil e incluso perjudicial para su familia) y a unos poquísimos genios (hombres obsesionados destructivamente con alguna afición que, de casualidad, resulta que al final no es considerada chorra por los demás, tales como por ejemplo inventar la bombilla, cruzar el océano en una caravela, o dar patadas a un balón extraordinariamente bien). Sospecho que el género masculino es el banco de pruebas donde el género femenino pone sus propios genes a prueba, llevándolos al límite absurdo de la competitividad y obsesividad irracional dominada por la testosterona. Es como cuando, en una fábrica de juguetes, dan diez mil golpes a un juguete para ver si aguanta o se rompe, para ver si es apto o no. Añadir testosterona a los genes humanos, añadir esa tendencia a competir o a focalizar en cualquier afición estúpida, incluso desatendiendo el sentido común, los hijos o la familia, viene a ser algo parecido. Esa tendencia puede llevar a desear memorizar las alineaciones de todos los equipos de primera división, a picarse para ver quién es el último que se quita de la vía antes de llegar el tren, a jugarse todos los ahorros en una inversión temeraria, o a encerrarse durante meses en una casa para demostrar la conjetura de Poincaré. ¿Dónde está la frontera entre la estupidez y la proeza? Es una frontera delgada.

  8. Yohana dijo:

    Lo triste para la existencia humana es que puedas tener razón en tus argumentos: Los hombres no son selectivos, a ellos les da igual una hembra que otra con tal que esta pueda criar a su descendencia. Cuando deja de poder hacerlo, o ya ha cumplido su función, se busca otra hembra que pueda, en función claro está, de su capacidad para ello reflejado en su belleza. El problema para las hembras humanas es que una cría de su especie no es como un cervatillo o un ternero, que son relativamente autosuficientes nada más nacer. Según tu lógica lo mejor que puede hacer una hembra es buscar los genes más aptos, porque tarde o temprano el macho buscará a otra, y hay que aprovechar el momento y parecer más hermosa cuando aparece el macho alfa.
    Sobre la afirmación de que las mujeres no se arreglan solo por sentirse hermosas: es que una mujer que no se siente hermosa, no puede serlo.
    Pero lo peor es que nosotras seguimos el juego…

    • Isma dijo:

      Bueno, en mi comentario anterior mostré los dos comportamientos extremos de ambos sexos, pero todo el mundo tiene una mezcla parcial de ambos. Para ambos sexos, una parte imprescindible de la atracción a largo plazo es la admiración. Si admiras algo en la otra persona, algo especial entre sus capacidades o en su carácter, entonces la atracción puede durar mucho más tiempo (aun después de que pase esa parte puramente química que, según dónde lo leas, dura dos, tres o cuatro años). La mente se estropea mucho más despacio que el físico, así que ahí puede estar la clave para que una pareja se siga atrayendo durante mucho tiempo. Por eso, cuando pienso en ese prototipo de mujer rica mantenida con interna y nanny al que me refería en un comentario anterior, me pregunto cómo podrán seguir atrayendo al marido cuando sus cuerpos ya no luzcan tersos como antes. Pensemos por ejemplo en la dueña de la casa en aquella película de Scarlett Johansson, “The nanny diaries”, o en la esposa del protagonista de “Ciudadano Kane”, que se dedicaba todo el día a resolver puzles de miles de piezas en su mansión. Si no cuidan de su casa, no trabajan fuera de su casa, y no cuidan a sus hijos (es decir, si no resuelven problemas) y lo único que hacen cada día es ir de tiendas, al spa, y a casa de sus amigas, ¿cómo pueden mantener la admiración del marido? Imagino que muchas de esas parejas seguirán juntas, fundamentalmente, por lo caro que saldría su divorcio.

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