La opción B

Como tantas veces, dudas. Como tantas veces, te ayudaré a escoger el camino correcto.

Hoy las cámaras 5 y 6 me han mostrado que has tenido un mal día en el trabajo. Tu jefe ha vuelto a abroncarte por estar medio dormida. Has tirado tres platos al suelo, y varias mesas se han quejado por lo que tardabas en atenderles. Nadie dijo que estudiar y trabajar a la vez fuera fácil.

Ayer por la noche, la opción B tenía un 36% de probabilidad, y la opción A un 64%. Pero, tras la nefasta jornada de hoy, los nuevos cálculos muestran un 27% y un 73% respectivamente.

No podemos permitirnos otro tropiezo. Nos había costado muchísimo llegar al 36% de la opción B. Tengo que actuar.

Veo por la cámara 1 que entras en casa hecha una furia y llena de dudas. Por la cámara 2 veo que te cambias de ropa y te pones cómoda. Tratas de relajarte. La cámara de calor me dice que bajan un poco tus pulsaciones.

Una luz a mi derecha muestra que llega una llamada a tu teléfono. Es tu madre. Ayer discutisteis y probablemente hoy volveríais a hacerlo. No es el momento apropiado, bloqueo la llamada. Tu teléfono no llega a sonar.

Antes de que empieces a pensar en el día de hoy y empieces a formar en tu cabeza el deseo de renunciar, necesito rápidamente algo que te anime.

Mientras estás en tu cuarto, pulso un botón para accionar la palanca que hay bajo el sofá del salón. La palanca empuja el pendiente que perdiste bajo el sofá hace dos meses, ése que tanto te gustaba.

Tres minutos más tarde entras en el salón y ves el pendiente en el suelo. Tus constantes vitales y tu rostro me dicen que te alegras mucho. Ahora ves las cosas un poco mejor. Los cálculos muestran que hemos subido un punto: ahora la probabilidad de la opción B ha subido hasta el 28%. Vamos bien.

Pero necesito algo más. Pulso otro botón para que la flor que oculté bajo la tierra de la maceta de la cocina emerja.

Diez minutos más tarde entras en la cocina para hacerte la cena. Entonces te percatas de que la flor que plantaste por fin ha germinado. No es verdad, esa murió y la sustituí por esta otra flor que estás viendo ahora. Pero no importa.

Sonríes exultante. No necesito consultar tus constantes vitales, sé que ha funcionado. Nuevo recálculo. Ahora la probabilidad de la opción B llega al 30%. ¡Bien!

Un último empujón y habremos recuperado la probabilidad de ayer. Llamo con tu número a Claudia, tu compañera de estudios en la universidad a distancia, y cuelgo.

Aunque apenas habéis hablado unas seis veces hasta ahora, sé que te cae bien y la estás empezando a tomar cariño. Llevaba meses intentando que formases un vínculo emocional en el ámbito de tus estudios, y Claudia es mi gran oportunidad para lograrlo.

A los cuatro minutos, Claudia te llama. Respondes.

-¡Hola, Claudia! No, no te he llamado antes… de verdad que no… bueno, da igual, ya que estás, quería preguntarte una cosa sobre los autovalores, tengo algunas dudas sobre el último tema de cálculo…

¡Los autovalores! El otro día vi cómo fruncías el ceño sobre esa página de tus apuntes, así que sabía que tenías una duda. Y esta es tu oportunidad para comentarla con tu compañera y, de paso, establecer una conversación. ¡Bingo!

Hablas un rato con Claudia sobre cálculo. Tienes ganas de hablar con alguien, así que minutos después le comentas tu duro día de trabajo. Tu relación con Claudia se vuelve un poco más íntima y te desahogas.

Y así tenemos una nueva asociación positiva con alguien de tus estudios. ¡Espléndido!

Nuevo recálculo de la opción B: 38%. ¡Guau! ¡Nuevo record!

Me relajo sobre mi asiento y saco un cigarrillo. Ha sido duro pero, después de todo, hoy ha sido un gran día.

Podría decirse que soy tu ángel de la guarda. Tú no me conoces, pero yo te conozco a ti como jamás nadie ha conocido a nadie. Me sé de memoria todos tus gustos y todos tus traumas. Sé lo que te hace feliz y lo que te da miedo. Te observo, te analizo y te escruto en todo momento, a todas horas, e influyo imperceptiblemente en tu vida día tras día para que tomes las decisiones correctas, y así la opción B se haga cada vez más probable.

No nos queda otra. O acontece la opción B, o la Humanidad perecerá.

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Hace veinte años, mi organización descubrió la posibilidad teórica de lo que llamamos la implosión de Brum. Sobre el papel, una reacción así liberaría mucha más energía que la producida en la reacción de fusión de una estrella. De hecho, según las ecuaciones, sería tan potente que también liberaría cierta partícula desconocida hasta entonces, a la que decidimos llamar partícula de Brum en un arranque de originalidad. Dicha partícula se expandiría desde el lugar de la implosión en todas las dimensiones, hacia delante pero también hacia atrás. Y una de esas dimensiones era el tiempo: si en determinado tiempo se producía una implosión de Brum, algunas partículas de Brum se liberarían hacia delante en el tiempo, pero también algunas lo harían hacia atrás. Literalmente, ¡algunas de dichas partículas viajarían hacia el pasado!

Fuimos capaces de predecir teóricamente incluso la carga de esa supuesta partícula, pero ahí quedó todo. Al fin y al cabo, sólo era una posibilidad teórica. Quizás la implosión de Brum era simplemente imposible.

Pero, cierto día, a los experimentales se les ocurrió rastrear la existencia de una partícula con exactamente dicha carga en nuestro ambiente. Y la encontraron.

Por todas partes. En el mar, en los bosques y en las ciudades. Incluso en los satélites en órbita, y también en la Luna, y en Marte, y en los demás planetas del Sistema Solar. Pero, cuanto más nos alejábamos de la Tierra, menos presente estaba la partícula. ¿Había habido una implosión de Brum en la Tierra o en sus cercanos alrededores en el pasado cercano?

Tras dos años de mediciones, descubrimos que la presencia de dicha partícula en el ambiente no iba en ligero retroceso, sino que iba en ligero aumento. Eso sólo podía significar que la implosión de Brum que las había liberado no había pasado, sino que iba a pasar en el futuro. Aquellas partículas serían liberadas en el futuro por una implosión de Brum. Algunas viajarían hacia el futuro, más allá del momento futuro en que se produzca la implosión, pero otras lo harían hacia atrás en el tiempo, impregnándose en la materia que nos rodea ahora mismo. A pesar de encontrarnos antes de que suceda la implosión que dará lugar a ellas, ya podemos observarlas a nuestro alrededor.

Así que en el futuro va a suceder una implosión de Brum en la Tierra o en sus cercanías. Observando el nivel de presencia de la partícula a lo largo del tiempo, estimamos que dicha implosión sucedería tras tan sólo unos diez años.

Han pasado tres años desde que hicimos ese cálculo, así que ahora sólo faltan siete años para la implosión. Efectivamente, la presencia de las partículas de Brum en nuestro entorno no ha hecho más que aumentar desde entonces.

Que vaya a suceder una implosión de Brum en nuestro entorno es una mala, muy mala noticia. Si se desencadena una implosión de Brum, de intensidad simplemente mediana, en la Tierra, entonces la Tierra tardará unos 17 milisegundos en ser sustituida por un bonito agujero negro.

Apenas un mes después de hacer nuestro terrible descubrimiento, algo nos dio una nueva esperanza: conforme a los datos, no podíamos saber si dicha implosión sucedería en la Tierra o en su espacio cercano. Y si sucedía en el espacio, entonces la onda expansiva no se trasmitiría hasta la Tierra, pues simplemente no se expande a través del vacío. El único testimonio de la implosión sobre la superficie de la Tierra sería la presencia de las partículas de Brum expelidas hacia el futuro y hacia el pasado desde el punto de la implosión, que sí se trasmiten en el vacío. Pero la Tierra quedaría intacta.

Necesitábamos mediciones más exhaustivas en los cuerpos del Sistema Solar. Entonces observamos que existe una alta concentración de partículas de Brum en la Luna y en los satélites artificiales que rodean la Tierra. A partir de dichos datos, creamos un modelo de la futura implosión conforme a la densidad de partículas de Brum en cada cuerpo celeste analizado. Dicha recreación nos mostró que, durante unos segundos dentro de siete años, existirá una especie de rayo de implosión de Brum entre la Tierra y algún punto cercano a ella en el espacio. Es como si alguien fuera a lanzar un rayo entre ambos puntos para desencadenar una implosión de Brum al otro lado. Pero, ¿en qué dirección? ¿Desde el espacio a la Tierra? ¿O desde la Tierra al espacio?

Analizando las muestras de partículas en otros objetos celestes del Sistema Solar, sobre todo en Marte y en varios satélites de Júpiter, descubrimos que había partículas de Brum de futuriedad diversa en todas partes (digo “futuriedad”, en lugar de “antigüedad”, porque proceden del futuro, no del pasado). Es como si fueran a ser expelidas en pequeñas implosiones futuras producidas en diversos puntos del sistema solar. Conforme a nuestro modelo de reconstrucción, descubrimos que los lugares de dichas mini-implosiones se irán acercando hacia la Tierra de manera continua, a partir de dentro de unos seis años, hasta alcanzar cierto punto en el espacio muy cercano a la Tierra. Es como si un objeto que desencadenará esas implosiones fuera a viajar hacia la Tierra. Entonces, conforme al modelo, esa fuente de mini-implosiones quedará parada en dicha posición durante seis meses.

Ningún objeto natural se queda parado sin más en el espacio sobre un planeta. Así que alguien va a visitarnos dentro de siete años.

Y entonces, transcurridos esos seis meses, se producirá algún tipo de rayo que desencadenará una gigantesca implosión de Brum, bien desde la Tierra hacia ese objeto, o bien en el sentido opuesto.

Ningún terráqueo sabe cómo provocar una implosión de Brum. Pero el objeto visitante producirá leves implosiones de Brum durante su acercamiento hacia la Tierra desde las estrellas (¿quizás como método de obtener energía para moverse?). Por tanto, la opción más plausible es que dicho objeto visitante destruirá la Tierra.

Esa es la opción A. Con los datos de los que disponíamos, le asignamos una probabilidad del 100%.

Pero entonces empezamos a analizar con cuidado las mediciones de la partícula dentro de la Tierra. Observamos que la concentración de la partícula en cierta área de la Tierra es muy superior. Es lógico, pues en algún lugar concreto tendrá que caer ese rayo. La mayor concentración de la partícula se encuentra en esta ciudad en la que estamos ahora.

Pero su presencia en la ciudad no es del todo uniforme. Descubrimos que existía una zona en la que se detectaban unas pequeñas oleadas de partícula algo más recientes. Eran muy, muy leves. Quizás fueran el resultado de un disparo de prueba de los invasores.

O quizás fueran el resultado de los primeros experimentos humanos para crear, por sí mismos, dicha implosión y destruir con ella al objeto invasor. En tal caso, el rayo de implosión podría producirse desde la Tierra hacia el objeto invasor para destruirlo.

Esa es la opción B.

Para que la opción B fuera plausible, lo más normal hubiera sido que dichas oleadas de baja intensidad se detectasen con mayor fuerza alrededor de algún centro de investigación, alguna universidad o alguna instalación militar.

Pero resultó que la máxima concentración de dichas pequeñas oleadas de partículas se encontraba en un simple bloque de pisos.

No sabemos quién vivirá en dicho bloque dentro de siete años, pero nos llamó la atención que una persona de dicho bloque destacaba enormemente sobre las demás en la presencia de partículas de Brum sobre su cuerpo.

Tú.

Cabe la posibilidad de que los invasores lancen pequeños rayos de prueba no letales sobre, precisamente, tu propio piso (¡a algún sitio tendrían que apuntar!) antes de lanzar el rayo destructor definitivo. Opción A.

O cabe la posibilidad de que la primera implosión de Brum realizada por humanos sea llevada a cabo por ti con algún tipo de material sencillo o fácil de transportar, lo que permitiría que la realizases en tu propio piso. Y que dichos experimentos de baja intensidad sean el paso previo para lanzar un rayo que destruya al objeto invasor ubicado sobre la Tierra. Opción B.

Estudiamos tu vida y tu entorno con cuidado, y entonces llegamos a la conclusión de que no cumplías en absoluto el perfil para llevar a cabo dicha tarea en el futuro: no imaginábamos a una joven camarera inventando un artilugio que desencadenase una reacción física jamás creada antes en la Tierra. Probabilidad de la opción B: 0,0000001%

Entonces, un análisis más minucioso de ti nos mostró que tenías ciertas capacidades especiales: gran capacidad de abstracción y rápido cálculo mental; excelente visión espacial; gran interés por sacar reglas de manera científica a partir de los casos observados; leías con frecuencia noticias sobre descubrimientos científicos que no entendías, acto seguido consultabas la wikipedia, y después sacabas libros de la biblioteca hasta que te hacías una idea sencilla pero efectiva en la cabeza; y, sobre todo, por encima de todas las cosas, tenías una asombrosa curiosidad por entender el mundo que te rodeaba.

Entonces, la opción B pasó a tener un 0,001% de probabilidad.

Lo suficiente como para que decidiéramos que merecía la pena intentarlo.

Nuestra primera idea fue contártelo todo y ofrecerte todas las facilidades que hicieran falta para que estudiases. Haríamos de ti la investigadora e inventora que salvaría al mundo.

Empezamos a planificar cómo contártelo todo. Decidimos analizar tu pasado. Teníamos que conocerte bien antes de presentarnos.

Entonces descubrimos dos hechos que dificultarían enormemente nuestra misión.

El primero de ellos es que decidiste hacerte camarera como una rebelión contra tu padre, que quería que estudiases ciencias. De hecho, te pasaste la adolescencia rechazando cualquier intento de los demás de controlar tu futuro: cambiaste de religión varias veces hasta quedarte en un punto indefinido entre agnóstica y atea (para disgusto de tu madre) y escapaste de todas las clases particulares a las que te apuntaban tus padres para que “te centrases”.

Indudablemente, te costaría mucho aceptar que unos desconocidos se presentasen ahora para empujarte hacia un cambio radical en tu vida.

El segundo hecho que dificultaría nuestra misión es que tu hermano se había unido hacía años a una secta que prometía salvar a todos sus miembros cuando llegase el día del juicio, durante el cual ciertos alienígenas aterrizarían en la Tierra para matar a todos los impíos y para llevarse a su planeta de armonía infinita a todos los virtuosos. De hecho, trataste de rescatar a tu hermano dos veces, pero ambas veces él regresó voluntariamente con su amado líder planetario y celestial.

Así dedujimos que, si te contábamos todo lo que habíamos descubierto, nos mandarías a freír espárragos inmediatamente, y rechazarías de manera mucho más consciente cualquier opción que te condujera a estudiar y a tratar de salvarnos de una invasión alienígena.

Decidimos que necesitaríamos otra forma de convertirte en la salvadora de la Humanidad.

Nos metimos en tu vida sin que lo supieras. Llenamos tu casa de cámaras y micrófonos, y también el bar donde trabajas, y también otros lugares que frecuentas. Te seguimos a todas partes. Y tratamos de influirte sin que te des cuenta.

Nos las arreglamos para que otro camarero de tu bar fuera, en realidad, uno de nosotros. Se presentó como un tipo que estudiaba por las noches, y todos los días afirmaba lo “realizado” que se sentía a pesar del esfuerzo que le suponía. Hicimos que algo después dejase el bar pues “había conseguido una beca que le permitiría realizar su sueño”. A su vez, hicimos que el bar te pareciera cada vez un lugar menos apetecible para trabajar. Con frecuencia, uno de nosotros aparentaba ser un cliente insatisfecho con tus servicios, lo que a veces provocaba la bronca de tu jefe.

Llenábamos tu buzón con ofertas de becas de estudios para gente que trabajaba. Manipulamos algunas palabras en los e-mails de tu padre para hacerte creer sutilmente que él estaba contento con tu decisión de ser camarera y que te alentaba para que siguieras siéndolo.

Decenas de trucos más tarde, logramos que te matriculases de Física en una universidad a distancia. Aquel día, la probabilidad de la opción B por primera vez alcanzó un cinco por ciento. Fue un día glorioso para todo el equipo.

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Día tras día, durante todo el tiempo que estoy despierto, mi misión consiste en observarte desde mi oscura sala de control llena de monitores y botones, que está mucho más cerca de ti de lo que podrías creer. Soy ese vecino de la puerta de enfrente con el que apenas intercambias un tímido “hola” cuando nos cruzamos en el portal o cuando coincidimos en el ascensor, ambos mirando para abajo hasta que el ascensor se para.

Conozco todos tus gustos. Te gustan las películas de los años cincuenta. Te encanta quitarte los zapatos nada más entras en casa. Lees de manera compulsiva hasta tarde, y siempre lo lamentas al día siguiente, cuando madrugas. Aunque nunca lo confiesas, te chifla la mortadela, cuanto más barata mejor. Sin embargo, cuando estás premenstrual, prefieres el chocolate. Y hablar por teléfono. Y que te abracen. Te pones triste cuando una planta se te muere. Crees que tu color favorito es el verde, pero no haces más que comprarte ropa azul. Cambias de corte de pelo cuando estás muy depre. En los tres años que llevo observándote, ya van tres veces. Siempre cruzas los dedos justo antes de subirte a la báscula, pero opino que no tienes por qué, estás fantástica. Podría seguir horas.

De tarde en tarde, cuando se presenta una oportunidad clara, trato de influirte. Estudio las posibles alternativas y calculo las probabilidades de las opciones A y B en cada caso conforme a los datos disponibles. Entonces escojo la que más aumente la probabilidad de B. Siempre de manera sutil. Siempre de forma que no sepas que existimos. Debes seguir pensando que soy sólo ese vecino con el que nunca intercambias más de dos palabras.

No obstante, en estos tres años, el mayor aumento de probabilidad de la opción B no se debió a mí, sino que procedió de ti. Es lógico: si algún día sucede realmente B, será gracias a ti. Yo solo puedo guiarte desde la oscuridad.

Ese evento que tanto mejoró la probabilidad de B fue muy, muy sutil. Enfoqué la cámara sobre la hoja de papel en la que estabas resolviendo un ejercicio de una asignatura de tus estudios, “Gravitación”. Entonces anotaste al margen una ecuación que no aparecía en ningún sitio, y la pusiste entre interrogaciones. Te encogiste de hombros y volviste a concentrarte en tu ejercicio.

Por simple curiosidad, envié la ecuación a los del departamento de Física. A las cuatro horas me respondieron que esa ecuación era, efectivamente, invención tuya. No quisieron decirme qué expresaba exactamente. Simplemente me dijeron que quizás no fuera nada… pero que en adelante sumase un 10% a la probabilidad de B.

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Llega la primavera y, por algunos indicios sutiles y otros no tanto, veo que la sangre se te altera.

La posibilidad de que quieras tener pareja ha aumentado en los últimos meses. La frecuencia con la que ves películas románticas ha aumentado un 400%.

Y eso es un peligro. Según todas nuestras estimaciones, provocar una implosión de Brum está a una distancia descomunal de cualquier tecnología de la que dispongamos. Pensamos que haría falta una cadena de asombrosos descubrimientos para que tal cosa fuera posible. Pero lo necesitaremos dentro de sólo siete años. Así que no podemos permitirte que te distraigas. Te necesitamos al 100% para salvar el mundo.

No hace falta leer tu completísimo perfil psicológico de mi base de datos para saber que lo que buscas no es sólo sexo. Si fuera eso, no sería un problema, no supondría una verdadera distracción del objetivo. Pero el hecho de que quieras iniciar una relación, con todo el gasto de tiempo y concentración que ello conlleva, sí lo es.

Pasan las semanas. Tus tiempos de ensoñación mirando por la ventana van en aumento. Me doy cuenta de que no se te va a quitar de la cabeza. Has decidido que no quieres estar sola. Esto es, sin duda, un gran contratiempo.

Estudiamos a todos los candidatos de tu entorno con los que se te acelera imperceptiblemente el pulso cuando los ves. Y entonces encontramos al candidato perfecto.

Tienes un compañero de facultad del que te has creado una imagen distorsionada debido a tres encuentros en los que, casualmente, te ha hecho reír. Tras analizar concienzudamente al chico, descubro que no es tan divertido, aquello fue suerte. De hecho, es un tipo bastante amuermado y casero que da poca importancia a las cosas cuando las tiene y ya se ha acostumbrado a ellas. No obstante, es lo suficientemente parado como para no querer alejarse de sus cosas una vez que las tiene.

¡Es el tipo ideal! Si empiezas una relación con él, satisfarás tu deseo de tener pareja. Con el paso de los meses, él se convertirá en el tipo aburrido que en verdad es, y tu aburrimiento te permitirá volcarte mejor en tus estudios. Él no te dejará, es demasiado inmovilista para ello. Y cada vez que tú quieras dejarle a él, le daremos un empujón para que vuelva a reconquistarte temporalmente. Con lo bien que te conozco, sé todos los trucos necesarios para conquistarte, será pan comido.

¿Dónde está el número de teléfono del chico…? Para empezar, hagamos que os encontréis más veces. También manipularemos la alimentación de ambos antes de cada vez que os vayáis a encontrar, siempre con dosis muy bajas… Y, claro, habrá que planificar apropiadamente el lugar de cada uno de vuestros próximos cinco o seis encuentros. Sé los sitios adecuados para ella, necesito estudiar los apropiados para él para buscar coincidencias. El tipo no es muy ingenioso, así que me las arreglaré para que lea cosas divertidas antes de cada encuentro, frases que sean apropiadas y que pueda recordar fácilmente para repetirlas. Vale, puede hacerse, puede hacerse.

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Algunas manipulaciones más tarde, conseguimos que empecéis a salir juntos.

Él no es precisamente muy listo, así que soy yo quien toma todas las decisiones importantes por él. Manipulo su ordenador para que vea trailers de las películas a las que sé que debe llevarte a ver, sutilmente manipulados infográficamente por nosotros para que aparezcan secuencias de mamporros y así la película le parezca más atractiva. Cuando tiene que hacerte un regalo, me ocupo de que durante los días anteriores oiga en su entorno el nombre de lo que debe comprarte, para que así la idea surja en su mente espontáneamente cuando entra en la tienda. Por si acaso, también modifico los focos de las tiendas para que iluminen algo más el objeto que debe comprarte. Todo debe ser perfecto.

Las cosas suceden según el curso previsto, hasta que pocas citas más tarde hacéis el amor por primera vez.

¡Perfecto! ¡Mi plan ha funcionado!

No obstante…

¿Por qué odio a ese troglodita subnormal?

¿Por qué me siento furioso?

En la soledad de mi sala llena de monitores, decido que necesito un trago.

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Cuando tu relación se vuelve algo más rutinaria, vuelves a concentrarte en los estudios, tal y como había planeado. Hacer que tu pareja haya sido un compañero de estudios aumenta tu refuerzo positivo hacia estudiar, lo que es muy apropiado. Es más, dado que compartís apuntes, os organizáis para que cada uno asista a clases diferentes, lo que os libera más tiempo para el estudio.

Todo muy bien.

Bla, bla, bla.

¡Y una mierda! ¿A quién pretendo engañar? ¡Maldita sea! El que está desconcentrado soy yo. Y furioso. No soy capaz de miraros cuando estáis en la cama, paso esos ratos mirando tus fotos. Y sin embargo, te miro fascinado cuando estás sola en tu casa, arreglándote para salir con él. Me encanta esa falda. Se te ve ilusionada, feliz. Entonces recuerdo para quién te estás arreglando y doy un puñetazo en la mesa.

Me enerva ser tan poco profesional. Me enerva ese tío inútil. Pero lo que más me enerva es que haya sido yo el que le haya emparejado contigo. No sabe una mierda de lo que vales. No ha pasado las horas muertas viendo fascinado cómo dormías. No cuida de ti las veinticuatro horas del día. No conoce tus deseos, ni tus temores, ni tus virtudes y defectos. ¡Maldita sea, no te admira como yo te admiro! ¡No te merece una mierda!

Entonces recuerdo que debo concentrarme en la misión. Debes salvar el mundo. Eso es lo único que importa.

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¡Alerta! ¡Todo se está yendo al carajo!

Contra todo pronóstico, él te ha dicho que se ha liado con otra y que te deja. ¿Cómo es posible?

¿Cuándo ha ocurrido tal cosa? ¿Por qué no se me ha informado?

Genial, ahora resulta que tu compañero de estudios, el que reforzaba tu estímulo positivo hacia tu carrera, te ha sido infiel y te abandona. El tipo con el que compartías apuntes te abandona. El mismo tipo con el que tendrás que encontrarte cada vez que vayas a la facultad. ¿En qué posición deja ahora tu deseo de volver a pisar la facultad y continuar tus estudios?

Recalculo. La probabilidad de la opción B ha bajado veinte puntos. ¡Veinte puntos!

Todo se está yendo a la mierda.

Te diriges andando hacia casa, estás llorando. Tengo que pensar algo. ¡Necesitamos un refuerzo positivo ya! ¡Inmediatamente! ¡O puedes hacer una tontería!

No tengo a nadie del equipo en la zona. Maldita sea, parecía un día tranquilo, todo parecía bajo control.

No tengo alternativa, tendré que actuar yo mismo. Salgo del piso y bajo a un supermercado cercano a comprar algunas cosas. Entonces regreso al portal y espero para hacerme el encontradizo contigo cuando llegues.

Te veo llegar llorando, y entonces abro el portal para que entremos a la vez.

-Perdona, ¿te pasa algo? –digo.

-No, nada –me dices mirando para abajo.

-Bueno, sea lo que sea, no hay nada que no se arregle con chocolate –digo sonriendo mientras saco una tableta de chocolate de la bolsa del súper y la desenvuelvo.

Dudas durante unos instantes.

-Bueno, no me vendría mal –dices finalmente.

Corto dos onzas, te doy una y me como la otra. Lentamente comes tu porción.

Vuelvo a meter el chocolate en la bolsa.

-Iba a comprar alguna marca mejor, pero vi que entonces no me llegaría para comprar el manjar supremo y, claro, uno debe escoger.

-¿Manjar supremo? –preguntas tímidamente.

Entonces saco un paquete de mortadela de marca blanca de mi bolsa, la más barata que existe. Mientras vuelvo a meterla en la bolsa, no logras evitar reírte. Yo también sonrío.

-Te parecerá una locura, vecina, pero tienes pinta de necesitar un abrazo –digo entonces.

-Pues sí que es una locura, vecino… pero, mira por donde, creo que te lo voy a aceptar.

Entonces me abrazas. Durante unos segundos apoyas tu cabeza contra mi pecho. Luego te separas súbitamente, imagino que recordando que al fin y al cabo sólo soy un desconocido con el que coincides a veces en la escalera de tu bloque.

Sin mediar palabra, los dos entramos en el portal, y después en el ascensor.

Saco un pañuelo.

-Se te ha corrido el rímel, pareces una gótica. ¿Puedo…?

Sin esperar a tu respuesta, te paso el pañuelo por un ojo, y luego por el otro.

-Debo estar horrorosa –dices entonces.

-No estoy de acuerdo. Por cierto, te queda muy bien el pelo así. Hace tiempo te cambiabas el pelo cada dos por tres, ¿no? Hazme caso, no te lo vuelvas a cambiar.

Sonríes tímidamente mientras te tocas el pelo.

Mientras el ascensor se acerca a nuestra planta, saco un DVD de mi bolsa. Es una película, “El crepúsculo de los dioses”.

-Sea lo que sea que te pase, espero que pase pronto. Yo tengo día de peli pero, si necesitas cualquier cosa, estaré en la puerta de enfrente  –digo señalando la película.

No te atreves a decir nada, pero sé que es una de tus preferidas.

Obviamente, hubiera sido demasiado que ahora dijeras que te apetece verla conmigo. Ya es un milagro lo que ha pasado en los últimos cinco minutos.

-¡Hasta luego! –digo cuando meto la llave en la cerradura en mi puerta.

-¡Hasta luego! –dices finalmente tú.

Entro en casa. Estoy sonriendo.

Llamo al compañero que tenemos observando la casa de Claudia, y le pido que trate de influenciarla para que te llame por teléfono. “Inventa lo que sea para que se acuerde repentinamente de ella” le digo. Claudia finalmente te llama al cabo de veinte minutos.

Recalculo. La subida puntual de moral ha permitido recuperar cinco puntos, no está mal.

Sonrío.

No tengo claro que sea debido a los puntos ganados.

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No dejo de pensar.

Sé que jamás me lo permitirían, pero al menos debo hacer los cálculos. Necesito hacerlos.

Imaginemos que te invito a salir. ¿Cuál sería la probabilidad de B? Recalculo.

Prácticamente cae a 0. ¿Por qué?

Necesito calcular eventos más sencillos y cercanos para averiguarlo.

¿Cuál sería la probabilidad de que quisieras salir conmigo si te lo pidiera dentro de unos días?

99%

¿Cuál es la probabilidad de que siguiéramos juntos al cabo de un mes?

98%

¿Y tras cinco años?

97%

¿Y de que fueras feliz conmigo tras ese tiempo?

Me lleva tiempo formular esta pregunta. Es difícil definir “felicidad” como una simple búsqueda de un cálculo. Finalmente me quedo con una mezcla del tiempo que pasarías conmigo, una estimación de tu cantidad de endorfinas emitidas, y una medida de tu chocolate consumido. Y de tu número de cortes de pelo diferentes.

Finalmente, la máquina da la respuesta: 95%.

He aquí el problema: conmigo serías feliz. ¡Serías feliz!

No te enfrascarías con total concentración en tus estudios. No dedicarías el tiempo necesario para inventar una forma de crear una implosión de Brum. La Humanidad perecería arrasada por un rayo de implosión alienígena.

Estoy empezando a preguntarme si realmente me importa un bledo el destino de la Humanidad. Quizás me importe más cómo viviré mis próximos siete años, sin importar lo que venga después. Puede que desaparecer tras siete años de felicidad merezca realmente la pena.

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Llaman a la puerta de mi piso. No esperaba la llegada de ningún compañero.

¡Eres tú! Tiemblo de emoción.

Abro la puerta.

-Oye… Me preguntaba si te gustaría tomar un café o algo…

Esta situación ha llegado a un punto de descontrol insostenible. Los eventos se precipitan.

He pasado de ser espectador a ser protagonista. Tengo en mi mano una decisión que puede salvar la Humanidad o mi felicidad.

Opto por una huída hacia delante.

-Sí, claro –respondo sonriente.

Sé que he tomado la decisión acertada.

Bajamos a la cafetería de la esquina. Charlamos. Te digo que hay un ciclo de cine noir en una filmoteca cercana y, sin pensarlo dos veces, nos vamos a ver una película.

Acierto en cada cosa que digo o hago durante toda la tarde. Podría decirse que no tiene mérito: nadie te conoce como yo, ni siquiera tú misma. Pero tras esos aciertos hay miles de horas observándote con admiración y devoción. ¿No tiene eso mérito? ¡Claro que me lo merezco!

Ya de noche, me invitas a tu casa. Tomamos una copa. Después nos besamos y hacemos el amor en el suelo. La euforia me invade.

Me resulta extraño saber que, desde el piso de al lado, se está grabando todo. Es extraño estar, por una vez, al otro lado de la pantalla. Pero es maravilloso. Todo es fantástico.

Un par de horas después regreso a mi casa.

La situación es complicada, necesito ayuda.

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Al día siguiente llamas a mi puerta. Yo salgo medio desnudo a recibirte. Una voz femenina me llama desde el interior de mi piso.

Palideces.

Una chica, también a medio vestir, emerge por la puerta y me pide que vuelva a la cama.

Me miras con cara de odio y, sin mediar palabra, vuelves a tu casa.

Siento cómo se te parte el corazón.

Siento cómo se me parte el corazón.

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Un mes después de aquello, tu ex regresa para decirte que ha abandonado a la otra. Te pide que le perdones y que vuelvas con él.

Finalmente lo haces. Volvéis a estar juntos.

Por supuesto, me evitas cada vez que nos encontramos fortuitamente en la escalera o en el portal.

Jamás lo sabrás, pero tenía que hacerse así. Desde el momento en que llamaste a mi puerta aquel día, ya no había marcha atrás. Tenía que hacerse así. Tenías que estar contigo, y después tendría que fingir estar con otra.

Para que volvieses rápidamente con él, tenías que dejar de verme como una alternativa. Y para eso tenía que traicionarte. Si simplemente te rechazaba sin que ocurriera nada entre nosotros, seguiría sin derrumbarse mi imagen ante ti, y entonces desencadenaría en tu mente el pensamiento de que hay opciones mejores que él, incluido quizás yo mismo en el futuro. Entonces no le hubieras dado a él una oportunidad para volver. La única forma de que me eliminases como opción, de que pensases que no hay nada mejor que él y de que le dieras una oportunidad a él era que yo te traicionase. Y para que mi traición fuera tal, teníamos que estar al menos una vez juntos. Si no, no sería una traición sino un simple rechazo, pero eso no bastaba. Según mis cálculos, no sería suficiente. Necesitaba tu odio. Así llegarías a la conclusión de que él no era tan malo. Así te conformarías con él.

Tuvimos que mover unos cuantos hilos para que él quisiera volver a estar contigo. Y, tras mover más hilos aún, con perseverancia, logramos que tú quisieras volver con él.

Tenía que hacerse así. Tienes que salvar a la Humanidad.

Te quiero demasiado como para decidir por ti que vivas feliz conmigo durante los próximos siete años y luego perezcas. No sería justo que yo decidiera eso por ti. Eres joven, no mereces morir dentro de siete años. Yo no tenía ningún derecho a tomar esa decisión por ti.

Para mí, querer de verdad implica desear lo mejor para el otro. Y lo mejor para ti es esto. Sólo así te salvarás. También nos salvaremos los demás, pero eso ahora no me importa mucho. Con el tiempo eso volverá a importarme, pero no ahora.

Hay quien opinará que el amor es egoísta, que significa desear tener a la otra persona a toda costa, incluso aunque sepas que a ella no le conviene en absoluto estar contigo. Hay quien opinará que querer es posesividad, es deseo primitivo, es egoísmo sin edulcorantes.

Pero yo te quiero demasiado como para no desearte lo que verdaderamente es mejor para ti, por mucho que algunos digan que entonces es que no te quiero. En cierto sentido eres mi creación, pero también eres esa persona superior a mí y destinada a salvarme a mí y a todos. Amo cada rincón de tu cuerpo y de tu mente. No puedo evitar idolatrarte y quererte con locura.

Soportaré verte llevar una vida sentimental insatisfactoria y triste. Soportaré verte junto a ese imbécil que no te merece. Y lo soportaré porque tiene que ser así.

Como siempre, seguiré observándote desde mi oscura sala, guiándote como tu ángel de la guarda.

Y queriéndote.

Probabilidad de la opción B a día de hoy: 53%.

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9 respuestas a La opción B

  1. Yohana dijo:

    Es un cuento muy bonito. Y algo triste al final. Está muy bien atado y sospecho que bien documentado: no encuentro hilos sueltos en los motivos.
    Lo que no entiendo bien es porqué cuando las probabilidades de la opción B aumentaron, no se le ofreció a la chica un camino más corto (una beca por ser estupenda, un trabajo a tiempo completo en algún laboratorio, etc…). Y los cálculos porcentuales ¿hablamos de probabilidades o de modelos? Porque una cosa es hablar de probabilidad y otra cosa, aplicarlo en la práctica.
    Debía salvar a la humanidad ¿no te parece que son muchas expectativas para la pobre chica? Vamos, que es un argumento muy estadounidense que la muchacha, muy guay ella, salva al mundo ella solita. También me parece algo hollywoodiano, porque va contra la lógica más que por otra cosa, la situación final en la que queda el protagonista, aunque sea muy bonito, porque habría otras alternativas. En mi opinión, sencillamente su trabajo no debería quedar sin recompensa. Quien sabe, quizás sus planteamientos no estén equivocados. Habría que testar el modelo. Aunque si te pones a pensarlo, existe la posibilidad que exista otra opción a parte de la A ó la B.

    • Isma dijo:

      Como suelo hacer en otras historias, aquí partí de una idea para un final: en este caso, un amor imposible por las circunstancias, alguien que amará y cuidará incluso desde la distancia, y a pesar de que ella esté con otro. Partiendo de esa idea de final, después monté toda la trama anterior, para que confluyera a ese final. La partícula de Brum, aunque está inspirada en descubrimientos de otras partículas reales, es en sí misma ficticia (me inventé el nombre como una onomatopeya de una explosión: “¡Bruuuum!”). Me sirvió para hacer que el personaje conociera, de una manera sutil e indirecta, el destino hacia un determinado futuro conocido… aunque por dos caminos posibles (como metáfora de la propia elección final del protagonista: ¿A o B? ¿Soy feliz o hago lo correcto?). Quería que ella fuera la futura Salvadora, pero no como en “Terminator” o como la Virgen María, es decir, no porque fuera a ser la “madre de”, sino porque ella misma fuera a lograr dicha salvación (ya tocaba que hubiera alguna historia así, ¿no?). Quería que la manipulación por pequeños gestos imperceptibles recordase a un ángel de la guarda, y dar a la manipulación un tono más voyeour que técnico, al contrario que la manipulación en e.g. “La segunda fundación” o “Los simuladores”. Recordando otras “situaciones voyeour”, la forma en que el espía de “La vida de los otros” empezaba a desear tener la vida de la familia a la que espiaba me gustó mucho, pero decidí que añadir el poder de manipulación imperceptible, junto con el enamoramiento encubierto y no reconocido del protagonista por la chica (descripciones sospechosamente detalladas de sus gustos desde el principio, etc) daría más juego. La manipulación del novio de ella puede recordar a “La celestina”, o más bien a “Cyrano de Bergerac”, salvo en que el supuesto novio no sabe nada que está siendo ayudado ni ha pedido ayuda a nadie, y de hecho al protagonista no le cae nada bien. Y, bueno, la huida hacia delante del protagonista al final podría recordar a “La última tentación de Cristo”, salvo en que la caída final en la tentación no es imaginaria como en aquella película, sino completamente real, y forma parte, irónicamente, de su propio plan para cerrarse las puertas de ella: cae en la tentación como parte de su retorcido plan para no caer en la tentación.

      La chica tendrá un camino más corto hacia su destino, como dices. Empezará a trabajar en un laboratorio a tiempo completo, ya se encargarán ellos de que lo consiga. Pero todavía quedan siete años. Llevan poco tiempo manipulándola, hay tiempo para todo. Las probabilidades no son más que una estimación de la probabilidad de cada opción con los datos disponibles. No procede entrar en detalles sobre qué modelo usan para calcular esas probabilidades, ya hay bastantes detalles científicos frikis 🙂 Y claro, podría haber más de dos opciones. Lo único que es cierto es que aquel rayo irá desde el espacio a la Tierra (opción A) o desde la Tierra al espacio (opción B). A partir de ahí, la posible historia que rodea a ambas opciones (en particular, que tenga que ser ella, precisamente, la que tenga que llevar a cabo la opción B) no son más que explicaciones conforme a los datos (incompletos) disponibles.

  2. Yohana dijo:

    El cuento es muy bonito, me ha gustado mucho, como todos los de este estilo. Ya he dejado de preguntarme porque te da por escribir cuentos tan entrañables y desgarradores, pero los pendientes de la chica, la pena cuando mueren sus plantas, el chocolate, que aguante hasta tarde para lamentarlo por la mañana cuando tiene que madrugar, je,je…te ha quedado muy bonito.

    Si el chaval tiene los medios, seguro que buscaría una forma para estar con ella, aunque fuera después de que ella salvara a la Tierra. Debería ser fácil deshacerse del garrulo ¿no?. A veces ser feliz y hacer lo correcto, no es incompatible. Es solo una percepción errónea, porque realmente…¿quién decide que es lo correcto?

    Lo de la manipulación me ha hecho mucha gracia. Se necesitaría un gran montaje, muchos medios y recursos para conseguir alguna efectividad. Y aun así, como bien planteabas, siempre surgen imprevistos. Sería mucho esfuerzo, demasiado para un evento cuyas consecuencias posteriores (futuribles) al momento de la explosión no están claras. ¿Realmente se destruiría la tierra? Y básicamente todo recae sobre el protagonista. Es por ello que digo que su esfuerzo, no debería quedar sin recompensa.

    • Isma dijo:

      Ummm, es verdad que en los últimos meses he colgado bastantes historias tristes, aunque a veces he intentando también esconder algo bonito dentro de la tristeza. Pienso que la tristeza en la alegría, o la alegría en la tristeza, son recursos efectivos para llegar al lector. Quizás ese estilo sea el que me sale más emotivo… Ahora que lo pienso, éste es un extraño subgénero: ¿”ciencia ficción melodramática”? Aparte de “Flores para Algernon”, conozco escasísimos ejemplos de cuentos dentro de esa categoría…

      Por supuesto, caben esperanzas para que el protagonista finalmente esté con ella. Pero sólo transcurridos siete años, pues es la única forma de que ella tenga una relación aburrida que le haga centrarse completamente en su trabajo. Tras esos siete años, muchas cosas podrían haber cambiado. Ahí está el sacrificio: los trenes vienen pero también se van, así que no tiene sentido que él confíe en que podría estar con ella tras siete años. Eso sí, me apunto la idea de escribir una continuación: ¿qué ocurriría después de esos siete años? Pensaré una trama. Si aquel tango decía “que viente años son nada”, entonces siete años podrían ser salvables.

  3. Yohana dijo:

    Mi compi Sonia me sugiere una duda. ¿por qué si se ha conseguido modificar la probabilidad del 0,000001% al 36 % (harto dificil) de que salve el mundo, no se puede modificar también la remota probabilidad de que la chica salve al mundo y se quede con el chico a la vez?

    • Isma dijo:

      El problema es que juntos serían felices. Ella no dedicaría casi todo su tiempo al trabajo para huir de una vida sentimental monótona.

      Para ella, estar en esa relación monótona y aburrida que tiene es la situación ideal para trabajar: no se siente sola, no echa de menos unos flirteos que podrían despistarla y desconcentrarla y, a la vez, no necesita pasar demasiado tiempo con su pareja, es más, desea escudarse en el trabajo para no tener que verla demasiado. Dado que la espera una titánica labor de descubrimiento por delante, ésa es la situación ideal… en cierto sentido.

      Por el contrario, su relación con el protagonista sería apasionada, absorbente. Quizás incluso también tortuosa, con más altibajos, lo que la llevaría a dedicar mucho más tiempo de su mente a pensar en su relación… y menos en cosas abstractas como la “partícula de Brum”. Estando con él, querría volver antes a casa para verle. Querría pasar sus vacaciones con él. No se pasaría las horas encerrada en el laboratorio, sin preocuparse por volver tarde a casa.

      Desde el punto de vista del cuento, lógicamente necesito que termine así. Esa contradicción (“como te quiero mucho, admito que estés con otro porque es lo mejor”) es el final apropiado para emocionar. Es una especie de tensión sexual no resuelta, o más bien, tensión sentimental no resuelta, pues de hecho llega a haber sexo con el protagonista.

      Pero bueno, siempre queda la esperanza. Como dije, creo que algún día escribiré lo que ocurrirá siete años más tarde.

  4. Yohana dijo:

    O sea, que realmente solo hay dos opciones. No existen más posibilidades ni términos intermedios: o salva al mundo estando “sola”, o no lo salva si está con el chico que quiere. Imposible pensar otra posibilidad, como que también pudiera desarrollar una relación monótona o aburrida con el chico que quiere (creo que ves demasiadas telenovelas si piensas que eso no puede ocurrir) o incluso que el propio muchacho le ayude a salvar el mundo.

    Él dice que la quiere demasiado como para tomar una determinada decisión por ella, pero lo cierto es que él la ha tomado ya, solo que otra decisión. Ella no puede decidir, son otros los que la manipulan y toman decisiones por ella, y a ella no le queda otra que acatar. Eso si que es una contradicción.

    Mi compi tiene razón: matemáticamente hablando, si se pueden adulterar determinadas probabilidades de un evento, se pueden adulterar para otro.
    Y además, como dije anteriormente, solo hablamos de probabilidades: en último momento pueden pasar mil cosas que desequilibren la balanza.

    • Isma dijo:

      Efectivamente, la decisión del protagonista de renunciar a cambio de permitir la salvación global también tiene algo de egoísta, pues esa renuncia no sólo es suya, por mucho que la decida sólo él. Es “egoísmo salvador”, una extraña contradicción.

      Lógicamente, necesitaba una situación binaria para justificar ese final agridulce.

      Aunque, por lo que dices, ahora veo que esa continuación que dije que quería escribir podría también suceder poco después de esta historia, en lugar de siete años más tarde como me proponía. Algo así como “La opción C”, o incluso “Las mil y una opciones”. Podría llenar esa continuación de múltiples variantes plausibles con una casuística compleja y entrelazada.

      Estoy pensando en una idea vaga que podría funcionar. Podría servir para hacer una continuación, o bien para una historia independiente. Ya veremos.

  5. Yohana dijo:

    Insisto: es un cuento muy bonito.
    Pero creo que maltratas a la chica.Si te decides a hacer una continuación, podrías darla mejor vida.Es cruel enseñarle caramelitos, para luego quitárselos. Y por otra parte, darla poder de decisión me parecería un acierto.

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