Obsesión

1

Siéntase bienvenido, querido aventurero. Mire el patio de armas que se muestra ante sus ojos. Diga lo que desea hacer y se hará.

Los últimos que llegaron a este magnífico castillo perecieron en el intento. Pero esto no deberá hacerle desfallecer. Elija bien y logrará salir del castillo. Si lo oculto le es esquivo, puede escudriñar. Detalles imperceptibles podrían marcar la diferencia. Aquí se esconde un tesoro. O quizá nada. Si esto depende de alguien, es de usted.

Elija a dónde desea ir a continuación. Para subir al torreón vaya al 2, y para ir al salón del trono vaya al 3.

2

Sin duda, el número de escalones del torreón es un número primo. Esto podría significar algo. El creador de este castillo es conocido por su empeño en retorcer los significados y buscar dobles sentidos a las cosas, por hacerte creer lo que no es. Escalones blancos y negros se intercalan, y cada vez lo hacen a intervalos más grandes. En algún sitio debe estar el tesoro. Quizás estas escaleras escondan un lugar que está más allá de este castillo, un lugar del mundo real al que usted no sabe cómo volver. O quizás codifiquen una gran verdad que el autor desea comunicar.

Querido aventurero, no es usted capaz de alcanzar el último escalón de la torre. Para volver al patio de armas, vaya al 1.

3

El salón del trono es un lugar lleno de extrañas inscripciones. Números extraños llenan las paredes: 480 571 374 1557 490. Hay indicios por todas partes. El trono es grande, pero pequeño para lo esperable. Baldosas de múltiples colores cruzan la sala en diagonal. Todo esto debe tener un motivo. O no.

El respaldo del trono muestra unas letras: S L E S Q E P Q S I R P P P P P P…

Para volver al patio de armas, vaya al 1, y para ir a los aposentos reales, vaya al 4.

4

Qué duda cabe, la alcoba real es un lugar misterioso. Inicialmente construida en otro lugar, finalmente fue llevada piedra a piedra a éste. No huele a la reina, pero el rey no está. Todas las patas de la cama real son todas diferentes, hay cinco de ellas. Al parecer hay tantas como estancias a las que puede ir en este castillo. Éstas se recorren de una determinada manera.

Sabe que el creador de este castillo es un maléfico con usted. Tendrá que escoger bien, no le dejará escapar. Ante todo le confundirá. No dejará que se apaguen sus esperanzas de encontrar el tesoro, de resolver todos los acertijos y de resolver el acertijo que todos los acertijos encierran. Cuando usted olvide que desea escapar del castillo, estará perdido.

Intrincado será el acertijo o acertijos a resolver, si realmente los hay. Arriba o abajo, a la izquierda o a la derecha. O quizás el tesoro que busca sea únicamente una valiosa lección sobre lo peligrosa que puede ser la obsesión por buscar un tesoro, y este castillo simplemente esté diseñado para seducirle con indicios y pequeños hallazgos que, en verdad, no llevan a ningún sitio salvo a otros indicios y pequeños hallazgos, así que sólo conducen a su propia obsesión. Siempre puede salir del castillo, puede escapar de él cuando quiera. Cuando se queda, está encerrado en él. Usted será únicamente preso de su obsesión, de sus esperanzas de encontrar un tesoro cuya existencia es incierta.

Realmente, el creador del castillo jamás revelará si usted ha encontrado el tesoro o si ha resuelto el acertijo, o los acertijos, o ni tan siquiera cuántos son, si es que hay alguno. Así este castillo será, realmente, una manera maléfica de ilustrar lo que significa la obsesión, aquella esperanza recurrente que le consume sin llevarle a ningún sitio cuya existencia esté, ni tan siquiera, garantizada.

Para volver al salón del trono, vaya al 3.

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2 respuestas a Obsesión

  1. Yohana dijo:

    “Elija su propia aventura”. Muy bueno. Que recuerdos.
    Yo elegiría perderme en el castillo, si supiera donde está.

    • Isma dijo:

      Plantearlo como un “Elige tu propia aventura” es una forma de involucrar directamente al lector: él es quien decide si dedica tiempo a buscar en el texto del cuento los mensajes ocultos que se sugieren, o bien si deja de analizar las frases y las palabras para “salir” del castillo. Un cuento dedicado a la obsesión debe tratar sobre lo difícil que es renunciar a un hábito o deseo que promete al final un premio. Adentrarse en el Amazonas en busca de El Dorado, o intentar con testarudez ser el primero en hacer determinado descubrimiento científico, puede ser igual de obsesivo. ¿Cuándo renunciar? ¿Y si realmente existe El Dorado? ¿Y si el descubrimiento está a la vuelta de la esquina? ¿Y si no?

      Lógicamente, para preservar el espíritu del cuento, jamás revelaré si el cuento realmente incluye mensajes ocultos, o cuántos hay si los hay. Tampoco confirmaré la corrección de cualquier mensaje oculto que alguien afirme haber descifrado, o si cierto mensaje oculto es el mensaje final y ya no hay más mensajes que buscar. Sólo así el cuento tratará realmente sobre la obsesión. Nunca revelaré si la visión del cuento sobre la obsesión es optimista (e.d., obsesionarse merece la pena, pues realmente hay mensaje oculto, hay premios para los tenaces) o pesimista (e.d., obsesionarse no merece la pena, no hay mensaje oculto, sólo hay perdición para los obsesos).

      Que lo desvelen otros. Si pueden.

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